El papa León XIV se despidió este viernes de España con una misa multitudinaria ante 40.000 fieles en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, poniendo fin a un viaje de siete días que lo llevó por Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife.
En sus últimas palabras en suelo español, el pontífice dijo volver a Roma “conmovido por el gran afecto” con el que la sociedad española le recibió y pidió unidad y oración.
Pero lo que más marcó la celebración no fue el discurso de despedida sino el escenario que lo enmarcó. En el altar, junto a las dos imágenes más queridas de Tenerife, la Virgen de la Candelaria y el Cristo de La Laguna, el papa ofició la misa flanqueado por tres barcazas de migrantes.
La madera desgastada por la sal, los colores desvaídos y el espacio interior vacío de esas embarcaciones evocaban en silencio las travesías nocturnas, el hacinamiento, el miedo y la esperanza de quienes se hacen a la mar en el Atlántico en un viaje incierto.
La denuncia del drama migratorio como eje de la despedida
León XIV utilizó su última homilía en España para denunciar, una vez más, el drama de la inmigración irregular que llega por mar desde el continente africano a las islas Canarias, una de las fronteras migratorias más mortales del mundo.
Tanto las lecturas de las Escrituras como la homilía insistieron en la dignidad de todo ser humano y en la obligación de no acostumbrarse a los números de muertos en la ruta atlántica.
El papa señaló la responsabilidad compartida de autoridades y particulares de acoger, proteger e integrar a quienes llegan, frente a la indiferencia.
A lo largo de la celebración, el ambiente osciló entre el recogimiento y la emoción. En los cantos del coro se mezclaban acentos españoles de Canarias y el territorio peninsular, y también latinoamericanos.
Las palabras de despedida del sumo pontífice
Tras finalizar la misa, Robert Prevost, nombre civil del papa, agradeció a la ciudadanía, a los pastores y a las autoridades civiles la acogida y las “mil maneras” con las que todas las personas implicadas colaboraron en la preparación y realización del viaje.
Se mostró además “reconfortado” por los testimonios “de fe y amor a la Iglesia” de los participantes en los diferentes momentos de la visita, y afirmó que esas expresiones reflejan el “gran corazón católico de España”.
Su cierre fue la frase que resumió toda la visita: “Desde este puerto que lleva el nombre de la Santa Cruz, mi pensamiento se extiende al mundo y sus heridas, y quisiera repetirles el lema de este viaje: ¡Alzad la mirada!”.
La humanidad, concluyó, está necesitada de perdón y reconciliación para una paz verdadera, y pidió a todos permanecer unidos en la oración.