

Los grandes descubrimientos paleontológicos no suelen aparecer todos los días, pero cuando lo hacen, cambian la forma en que se entiende la historia de la vida en la Tierra. En las últimas décadas, nuevos fósiles han permitido reconstruir con mayor precisión cómo vivieron y evolucionaron los dinosaurios, especialmente aquellos cuyas características desafían los modelos clásicos.
Eso es exactamente lo que ha ocurrido con un reciente hallazgo en el norte de África. Un equipo internacional de investigadores ha identificado los restos de un dinosaurio acorazado con enormes espinas óseas, una combinación inédita que aporta información clave sobre la evolución temprana de los anquilosaurios y sitúa a África en el centro de un capítulo hasta ahora poco conocido de la paleontología.

Encuentran un dinosaurio con una cobertura de espinas única
El fósil corresponde a Spicomellus afer, un anquilosaurio primitivo que vivió hace aproximadamente 165 millones de años, durante el Jurásico Medio. Los restos fueron hallados en Marruecos y representan el anquilosaurio más antiguo conocido y el primero identificado en África, según detalla el estudio publicado en la revista Nature.
Lo que hace excepcional a este dinosaurio es su armadura formada por grandes espinas óseas, algunas de ellas de hasta un metro de longitud, que sobresalían de los costados y la región del cuello. A diferencia de otros anquilosaurios posteriores, cuya defensa se basaba en placas más planas u osteodermos, Spicomellus presentaba una protección mucho más llamativa y agresiva desde el punto de vista visual.
Los investigadores destacan que el esqueleto recuperado es mucho más completo de lo habitual, lo que ha permitido reconstruir con precisión la disposición de estas espinas y confirmar que no se trata de una anomalía individual, sino de una característica estructural de la especie.
Por qué este anquilosaurio cambia lo que se sabía sobre su evolución
Hasta ahora, la visión dominante sostenía que los anquilosaurios desarrollaron sus complejas armaduras y mazas caudales más tarde, durante el Cretácico. Sin embargo, Spicomellus demuestra que estructuras defensivas avanzadas ya existían decenas de millones de años antes de lo que se creía.
El estudio señala que este dinosaurio presentaba vértebras especializadas en la cola, lo que sugiere una función ofensiva o defensiva activa, y no solo pasiva. Esta característica obliga a revisar las teorías sobre cuándo y por qué aparecieron las armas caudales en este grupo de dinosaurios.
Según explicó la paleontóloga Susannah Maidment, una de las autoras del trabajo, los fósiles son extraordinarios porque “rompen con la idea de una evolución lineal y simple de la armadura en los anquilosaurios”.
Los investigadores también plantean que estas espinas pudieron cumplir dobles funciones, tanto defensivas como de exhibición, algo que podría estar relacionado con comportamientos sociales o de apareamiento.
Qué aporta este hallazgo a la paleontología africana
El descubrimiento de Spicomellus afer tiene un impacto que va más allá de la anatomía del dinosaurio. África ha estado históricamente infrarepresentada en el registro fósil de anquilosaurios, lo que había llevado a pensar que este grupo se desarrolló principalmente en otras regiones.
El profesor Richard Butler, de la Universidad de Birmingham y codirector del estudio, subraya que este fósil demuestra que África formó parte activa de la diversificación temprana de los dinosaurios acorazados, y no fue un escenario marginal.
Este hallazgo refuerza la idea de que aún quedan grandes lagunas en el conocimiento del Jurásico africano, y que nuevas expediciones podrían revelar especies clave para entender la evolución de los grandes vertebrados terrestres.
Además, la conservación del fósil y su grado de detalle ofrecen una oportunidad única para estudiar cómo cambiaron las estrategias defensivas de los dinosaurios a lo largo de millones de años, en respuesta a presiones ambientales y depredadores.

Qué preguntas abre este descubrimiento para futuras investigaciones
El caso de Spicomellus plantea interrogantes que ya están sobre la mesa de la comunidad científica. Una de las principales cuestiones es por qué estas armaduras tan espectaculares desaparecieron en especies posteriores, que optaron por protecciones más simples y compactas.
Otra incógnita es si estas espinas estaban asociadas a comportamientos sociales complejos, como disputas territoriales o rituales de cortejo, además de la defensa frente a grandes carnívoros.
Para los paleontólogos, este descubrimiento confirma que la evolución de los dinosaurios fue mucho más diversa y experimental de lo que se pensaba. Cada nuevo fósil no solo añade una especie al catálogo, sino que obliga a revisar los relatos establecidos sobre cómo surgieron y se adaptaron algunas de las criaturas más fascinantes que han habitado el planeta.














