

El Alzheimer es una de las enfermedades neurodegenerativas más estudiadas y, al mismo tiempo, una de las que más preocupación genera a nivel social. El envejecimiento de la población y el aumento de los diagnósticos han colocado el foco no solo en los tratamientos, sino también en las estrategias para preservar la memoria y retrasar el deterioro cognitivo.
Aunque no existe una cura definitiva, los expertos coinciden en que actuar cuanto antes resulta clave. La ciencia ha demostrado que el estilo de vida y determinadas decisiones cotidianas pueden influir en la evolución de la enfermedad y en la calidad de vida de quienes la padecen, especialmente en las fases iniciales.

Qué es lo primero que recomiendan los expertos para proteger la memoria
La primera recomendación clara de los especialistas es mantener el cerebro activo desde el primer momento. Diversos estudios indican que la estimulación cognitiva regular ayuda a crear y reforzar conexiones neuronales, lo que puede retrasar la aparición de síntomas más severos.
Según el National Institute on Aging de los Estados Unidos, actividades como leer, escribir, resolver crucigramas, aprender nuevas habilidades o tocar un instrumento musical están asociadas con un menor ritmo de deterioro cognitivo en personas mayores.
Este tipo de ejercicios no solo favorece la memoria, sino también la atención y el razonamiento, capacidades que suelen verse afectadas de forma temprana en el Alzheimer. La clave está en la regularidad y en proponer retos que supongan un esfuerzo real para el cerebro.
Por qué el ejercicio físico también es clave para el cerebro
Además de la estimulación mental, el ejercicio físico cumple un papel fundamental. Caminar a paso ligero, nadar o practicar actividad aeróbica moderada varias veces por semana mejora la circulación sanguínea y favorece el aporte de oxígeno al cerebro.
El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) señala que realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana se asocia con un menor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.
El movimiento no solo beneficia al cuerpo, sino que también ayuda a reducir factores de riesgo como la hipertensión, la diabetes y la obesidad, todos ellos vinculados al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. En personas con Alzheimer incipiente, el ejercicio contribuye además a mejorar el estado de ánimo y la autonomía.
Qué hábitos diarios ayudan a retrasar el deterioro cognitivo
Más allá de la actividad mental y física, los expertos subrayan la importancia de una rutina diaria saludable. Dormir bien, mantener una alimentación equilibrada y evitar el aislamiento social son factores que influyen directamente en la salud cerebral.
Organizaciones como la Alzheimer’s Association destacan que una dieta de tipo mediterráneo, rica en frutas, verduras, pescado y aceite de oliva, se asocia con un menor riesgo de deterioro cognitivo.
El contacto social también cumple una función protectora. Conversar, compartir actividades y mantener vínculos activos estimula áreas del cerebro relacionadas con la memoria y el lenguaje, y reduce el riesgo de depresión, un factor que puede acelerar el deterioro cognitivo.
Cuáles son las señales tempranas que no deben ignorarse
Identificar los primeros síntomas del Alzheimer es esencial para actuar a tiempo. Entre las señales más frecuentes se encuentran los olvidos persistentes, la dificultad para encontrar palabras, la desorientación temporal y los cambios en el estado de ánimo.
El Ministerio de Sanidad de España recomienda consultar a un profesional cuando estos síntomas interfieren con la vida diaria, ya que un diagnóstico precoz permite iniciar tratamientos y estrategias de estimulación antes de que el deterioro avance.
Cuanto antes se adopten hábitos protectores, mayor será la capacidad de ralentizar la progresión de la enfermedad y preservar la autonomía durante más tiempo.
Por qué empezar cuanto antes marca la diferencia
Uno de los consensos más claros entre neurólogos y geriatras es que la prevención no empieza con el diagnóstico, sino mucho antes. Incluso en personas sin síntomas, adoptar hábitos saludables puede reducir el riesgo de desarrollar Alzheimer o retrasar su aparición.

En quienes ya presentan un diagnóstico temprano, estas medidas no sustituyen al tratamiento médico, pero sí actúan como un complemento esencial. La combinación de estimulación cognitiva, ejercicio físico, vida social activa y seguimiento médico ofrece mejores resultados que cualquier estrategia aislada.
El Alzheimer sigue siendo un desafío para la medicina, pero la evidencia muestra que cuidar la memoria es una tarea diaria. Tomar conciencia de ello y actuar desde el primer momento puede marcar una diferencia real en la evolución de la enfermedad y en la calidad de vida de quienes la enfrentan.














