Mientras Donald Trump lucha por sostener el sistema financiero tradicional, el bloque liderado por China aprovecha las fisuras globales para consolidar su propia arquitectura monetaria. Así lo explica Sabino Vaca Narvaja, exembajador argentino en China, quien sostiene que la inestabilidad actual no es solo por el petróleo, sino por la supervivencia del dólar frente a un mundo multimoneda impulsado por el yuan.
Para Argentina, este giro tiene consecuencias reales explicó el actual asesor de Consejo Federal de Inversiones y titular del Centro de Sinología de la Universidad de Buenos Aires. Además, reveló que existía un listado de 10 proyectos estratégicos —central nuclear, represas, ferrocarriles y puertos— que eran “apalancadores del desarrollo” que hoy están paralizados.
En cambio, la apertura de la economía hace fluir el comercio elevando el déficit a u$s 8000 millones y golpeando la industria local. Las alternativas ¿cómo hacen Brasil, Chile y Uruguay?
El exfuncionario durante el gobierno de Alberto Fernández reconoce que “muchas cosas se hicieron mal” pero destaca el diálogo productivo; cómo ejemplo, cuenta que ayudó a Mercado Libre en su plan de expansión a China para competir con las plataformas como Temu y Shein.
-Viviste 3 años en China. ¿Cómo fue esa experiencia familiar y qué prejuicios pudiste romper?
-Me costó llevar a mi familia, pero después me costó el doble traerlos de vuelta. Para una familia, la seguridad es un diferencial absoluto. Existe una trazabilidad biométrica y cámaras incluso en los ascensores; para un occidental suena invasivo, pero el ciudadano chino lo cede a cambio de tranquilidad. Esa eficiencia se traslada a todo.
Es un sistema de partido único con un poder estatal muy consolidado. Bajo el liderazgo de Xi Jinping se llevó adelante una profunda campaña de disciplinamiento interno y lucha contra la corrupción, con sanciones extremadamente severas, que en algunos casos incluyen la pena de muerte. Es uno de los pocos países donde el Estado, estrechamente articulado con el Partido, se sitúa por encima de la lógica económica.
Si llegara Milei a Shanghái, probablemente diría al ver el gran nivel de desarrollo: “Me equivoqué: esto es un capitalismo de los más eficientes del mundo”. No defiendo ese sistema, ya que creo en el sistema democrático, sin embargo, China ha tenido su propia trayectoria histórica, como muchas otras naciones, y ese modelo, en su contexto, le ha resultado eficaz
-¿Cómo analizás la alianza con EE.UU. e Israel en el contexto actual?
-Me parece de una irresponsabilidad absoluta. Ponerse en esa situación solo por querer ser el “empleado del mes” de Trump pone en riesgo a todos los argentinos. En esta etapa multilateral del mundo, lo que tendríamos que estar haciendo es integrarnos con Brasil y Chile para armar corredores estratégicos y sacar provecho de nuestra posición.

Teníamos un listado de 10 proyectos grandes de inversión y financiamiento que quedaron en el aire; proyectos de infraestructura y energía, como el del GNL, que directamente vimos pasar de largo por el cambio de reglas. No hay que ser tontos: China tiene un problema estructural ya que solo el 15% de su territorio es cultivable para alimentar a más de 1400 millones de habitantes. Nuestra complementariedad es absoluta. En cambio el acuerdo con EE.UU. es puras concesiones.
-¿Qué diagnóstico hacés de la relación comercial actual?
-Volví obsesionado con la planificación. Me parece increíble que Argentina haga misiones a Canadá con gobernadores y no vaya a la China que lidera toda la cadena de electromovilidad y renovables. Argentina está desenfocada de su realidad productiva. Tenemos una estructura de Cancillería con 30 embajadas en Europa y solo 15 en Asia, donde está el verdadero motor económico. Países como Uruguay, Brasil o Chile tienen muchos más consulados en China que nosotros.
Bajo este modelo de liberalización absoluta, China hoy es el enemigo de la Argentina. Pero no porque ellos sean malos, sino porque si liberalizás sin una estrategia de defensa o alianza, la competitividad china barre con todo. Le ganan a los alemanes, a EE.UU., imaginate a nosotros. Sin embargo, cruzás a Brasil y ves que ellos aprovechan la relación: arman sectores estratégicos de electromovilidad y cooperan en computación cuántica. Aquí, la barrera ideológica nos impide negociar un diálogo maduro.
-Se suele decir que su ventaja es solo el bajo costo laboral...
-Es un prejuicio por desconocimiento. Tim Cook (CEO de Apple) lo explicó: no está en China por el costo, eso era antes. Hoy es por la especificidad técnica. Dijo que si busca ingenieros especializados en EE. UU., no llena una sala; en China, completa cinco estadios de fútbol. Además, China tiene hoy 400 millones de personas en sectores medios. Irse sería un suicidio comercial; en 10 años, China tendrá 800 millones de personas en ese segmento, es decir, dos veces Europa.
-¿Por qué nuestros vecinos parecen aprovechar mejor la relación con China que Argentina?
-Es un tema de matriz exportadora y falta de política de Estado. Chile tiene un superávit de u$s 15.000 millones porque el 83% de lo que vende es cobre; Perú exporta 89% en minerales. ¡En Argentina los minerales representan solo el 4%! Es insólito teniendo la misma cordillera y el triángulo del litio.
El nivel de primarización duele: exportamos madera e importamos celulosa, por eso Uruguay tiene mejor coeficiente exportador; o exportamos maíz para que Alemania alimente cerdos y luego se los vende a China. Argentina le exporta alimento a China para sus animales, ni siquiera para el consumidor.
-¿Cómo afecta la postura ideológica del gobierno actual a esta dinámica?
-Milei dice “viva la derecha europea”, pero esa derecha quiere volver a la peseta y está en contra del libre comercio. Es una distopía. El error es decir que el comercio es solo entre privados. En China, el Estado dirige la economía y los empresarios chinos ven como un activo confiable que existan acuerdos nacionales, como la “Franja y la Ruta”. Si vos tendés puentes, ellos invierten; si no, se van a Brasil, que ya tiene tres fábricas de autos eléctricos funcionando.
-¿Cómo ves la capacidad de la industria argentina frente al gigante asiático? ¿Son posibles alianzas?
-Totalmente. He visitado muchas fábricas en China y luego visité plantas acá, y las capacidades de Argentina son impresionantes. Estuve en la planta que el grupo nacional le compró a Mercedes-Benz para fabricar las Sprinter; tiene un esquema de producción increíble. También en Visuar, en Cañuelas, que trabaja con Samsung.
El problema es que si no nos asociamos, empresas como la china Midea —que ya está pisando fuerte en Brasil— nos van a pasar por encima. Por eso insisto en que esto no es ideológico. Luis La Calle Pou (Uruguay) o Sebastián Piñera (Chile) fortalecieron la relación con China. Jair Bolsonaro, no solo no rompió con China, sino que profundizó la relación y fortaleció los BRICS. En Argentina tenemos que romper con esa matriz eurocéntrica que nos hace ver a China como un “cuco”.
-¿Qué le dirías al empresario que hoy se siente resignado frente al ajuste pero no quiere volver al peronismo?
-Que miremos el ejemplo de China para interpelarnos. Ellos entendieron que la burguesía no era el enemigo, sino parte de la solución porque es la que industrializa. Inventaron la “triple representatividad”: si el empresario abraza el desarrollo, es parte del sistema. El empresario argentino tiene que ser protagonista y entender que ya no nos salvamos solos; estamos en la era de los estados continentales.

No se puede decir: “Fate no es competitivo, tiremos 900 familias a la calle”. El desarrollo se hace con inclusión y planificación de largo plazo, orientando las fuerzas productivas a sectores estratégicos como la siderurgia, que es el corazón de la metalúrgica. Para dimensionar China tiene una hoja de ruta estratégica de acá a 60 años.
-¿Crees que la oposición va a tener una propuesta competitiva para el 2027?
- Paradójicamente, Milei es una oportunidad porque rompió el tablero de forma rotunda y nos obliga a reflexionar sobre cuánto nos divorciamos de los problemas de la sociedad. Yo hablo con todos los sectores: gobernadores, académicos, referentes del peronismo. Lo primero que tenemos que decir es que nos equivocamos también en un montón de cosas.
Ahora, debemos generar un consenso que incluya al sector productivo, gremial y educativo. Argentina tiene que sacarse la ideología de encima para negociar. Mi activo hoy es haber construido esos vínculos para sentarnos a pensar una salida que no sea solo partidaria, sino estratégica.

















