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El 19 de marzo será una fecha clave para el PRO. Ese día, el expresidente Mauricio Macri convocó a la dirigencia nacional del partido a un encuentro en Parque Norte con un objetivo ambicioso: relanzar el espacio, ordenar la interna y empezar a discutir la estrategia política hacia las elecciones presidenciales de 2027.
La cumbre funcionará como el primer gran gesto político del partido en el año. Tras meses de tensiones, fugas hacia Javier Milei y debates sobre el rol del PRO dentro del nuevo mapa político, el líder del espacio buscará fijar un rumbo claro y reafirmar la identidad partidaria frente al crecimiento de La Libertad Avanza, que muchos a nivel interno no tienen voluntad de frenar sino todo lo contrario.
Al encuentro asistirán referentes nacionales, además de intendentes, legisladores y dirigentes de todo el país. La organización está a cargo del secretario general del partido, Fernando de Andreis, uno de los hombres de mayor confianza de Macri.
Sin embargo, detrás del relanzamiento formal se esconde una discusión más profunda: decidir si el PRO debe construir un proyecto propio para competir con Milei o si su destino político está inevitablemente ligado al del oficialismo libertario.
A la tensión interna se suman además algunos gestos de distancia de dirigentes clave. En las últimas horas, Diego Santilli dejó trascender que no participará del encuentro del 19 de marzo. Según comentaron desde su entorno, tiene problemas de agenda y está muy ocupado con la gestión.
Santilli no está tan convencido de que el PRO termine compitiendo con un candidato propio contra Milei en 2027. Ante esa hipótesis, reina el escepticismo, porque según afirman, una cosa es lo que se plantea públicamente y otra lo que finalmente puede ocurrir en la práctica. Por otra parte, por ahora no fue tentado para saltar, pero tampoco lo ven como descabellado.
Para el PRO la Ciudad de Buenos Aires es el distrito insignia y en los últimos días se sumó el escándalo en torno a Manuel Adorni, el jefe de Gabinete, por el viaje de su esposa a Nueva York. Precisamente, el exvocero presidencial es uno de los que estaba en carrera por la Jefatura de Gobierno, por lo que hay ahora alguna expectativa sobre cuál será el rumbo.
El debate de fondo: identidad o alianza
En las últimas semanas, Macri dejó trascender la necesidad de empezar a pensar en un candidato presidencial propio para 2027. La idea genera ruido dentro del partido y entre los gobernadores que integran el espacio.
Entre algunos dirigentes del interior predomina la mirada de que la discusión electoral está adelantada. En ese sector sostienen que el principal desafío del Gobierno sigue siendo económico y que el respaldo social al programa libertario todavía es fuerte.
“Milei es fuerte porque la gente está decidida a aguantar y no volver atrás”, analizó un importante dirigente del PRO con responsabilidades de gestión. En la misma línea, agregó que “la gente se cansó del populismo y la demagogia y acompaña porque intuye que ese es el camino”.
Desde esa mirada, abrir una discusión sobre candidaturas a dos años de la elección presidencial es un error estratégico. “Es una discusión endogámica. ¿Quién carajo está pensando en una candidatura a presidente?”, cuestionó la misma fuente.
En ese grupo también relativizan la posibilidad de que los gobernadores del partido compitan por la Casa Rosada.
El impacto del fenómeno Milei
En el PRO admiten en privado que el principal desafío del partido es sobrevivir al impacto político de Milei. La irrupción de La Libertad Avanza no solo modificó el tablero electoral sino también la base social del macrismo.
En un análisis sostenido sobre el desempeño del PRO a través de las distintas elecciones, con el surgimiento de la LLA y su consolidación como protagonista, es clara la mutación en la decisión del electorado que no lo ve como alternativas tan distintas y que, en ese caso, se inclina por la opción más radical y de centroderecha.
Ese fenómeno explica, en parte, la tensión interna sobre el futuro del partido. Mientras un sector cree que el PRO debe reafirmar su identidad y competir electoralmente, otros consideran que el espacio debe acompañar al Gobierno y evitar confrontaciones innecesarias.
En ese contexto también aparece otro debate institucional: la eliminación de las PASO. Según advierten algunos dirigentes del espacio, la medida complica a los aliados y fortalece a quienes están en el poder. “Es más difícil para los aliados y la oposición. Si sos oficialismo no necesitás tanto las PASO”, señalan.
El riesgo de diluirse
En la previa del encuentro del 19 de marzo, algunos dirigentes miran con escepticismo el objetivo político de la convocatoria.
“¿Para qué es el congreso del PRO? Para mostrar que existís”, ironizó uno de los referentes del partido al analizar el momento que atraviesa la fuerza.
En ese sector creen que centrar la discusión en la pelea electoral puede resultar contraproducente. “Si hablás de lo electoral, vas a perecer”, advirtieron.
Incluso deslizan una advertencia hacia el propio Macri: si el encuentro termina convertido en una catarsis política o en el puntapié para discutir candidaturas, podría profundizar las diferencias internas. También está la sospecha de que se trata de un evento para hacer una demostración de fuerza en el ámbito porteño, donde el PRO siente la amenaza concreta de parte de LLA.
El encuentro del 19 de marzo buscará despejar esas incógnitas. Pero en el PRO saben que el desafío no es menor: redefinir su identidad política en una etapa en la que buena parte de su electorado ya migró hacia el universo libertario y el liderazgo opositor parece haber cambiado de manos.