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La recuperación del consumo en la era Milei empezó a mostrar una fractura territorial cada vez más visible: mientras el interior del país exhibe mejores indicadores y una dinámica relativamente más positiva, el deterioro reciente se concentra especialmente en el Gran Buenos Aires.
La conclusión surge del último informe de Pensar Argentina elaborado junto a Poliarquía, que detectó una “brecha récord” entre el AMBA y el interior en el Indicador de Consumo Familiar (ICF), una herramienta que mide el acceso efectivo de los hogares al consumo.
“El ICF se construye desde 2008 a partir de nuestra encuesta nacional mensual. No mide expectativas abstractas o impresiones macroeconómicas, sino conductas concretas de compra en dos rubros especialmente sensibles para leer la economía doméstica. Permite observar desviaciones respecto del comportamiento histórico y seguir, con bastante precisión, los cambios en la capacidad real y efectiva de consumo de las familias”, explicó Alejandro Catterberg, director de Poliarquía.
En el primer trimestre de 2026, el ICF se ubicó en 118 puntos, con una caída de 3% respecto del trimestre anterior y de 10% en relación con el mismo período del año pasado. El indicador retrocedió en tres de los últimos cuatro trimestres, dando cuenta que el incremento del mal humor social reciente.
El trabajo sostiene que el fenómeno no responde solamente a una cuestión de ingresos, sino también al nuevo mapa económico que empezó a consolidarse tras el cambio de modelo impulsado por Javier Milei.
“Aquellas zonas vinculadas a industrias ganadoras asociadas a exportaciones y recursos naturales muestran una dinámica más favorable”, plantea el informe.
El interior muestra mejores señales que el GBA
El documento sostiene que el deterioro del consumo no impacta de manera homogénea en todo el país y que las diferencias regionales empiezan a trasladarse también al plano político y social.
“Aquellos lugares donde la economía cotidiana ofrece señales menos adversas sostienen mejor el apoyo al Presidente”, advierte el texto.
La explicación económica aparece vinculada a varios factores:
- el crecimiento de sectores exportadores,
- el impulso de actividades ligadas a energía, minería y agroindustria,
- y una menor dependencia relativa de empleos urbanos tradicionales.
En cambio, el AMBA aparece más expuesto:
- al deterioro del salario real,
- al peso de tarifas y alquileres,
- y a sectores vinculados al consumo masivo y comercio minorista.
“Esa diferencia importa mucho, porque las diferencias en accesibilidad al consumo también se trasladan al terreno político. Allí donde la economía cotidiana ofrece señales menos adversas, el apoyo al Presidente tiende a sostenerse mejor; allí donde la restricción es mayor, el malestar social y la fragilidad política crecen”, dice Catterberg en clave política.
El consumo dejó de comportarse igual
Sin embargo, el informe aclara que el nivel general, el índice todavía se mantiene entre los más altos de la última década.
Para los analistas, el problema es que el consumo ya no funciona como una fotografía homogénea de bienestar social.
“Conviven distintas Argentinas dentro del mismo proceso económico”, resume el trabajo.
El comercio electrónico, las compras al exterior vía courier y el acceso al financiamiento también empezaron a modificar profundamente los hábitos de consumo.
Eso genera un escenario donde algunos agregados macroeconómicos muestran recuperación mientras muchos sectores comerciales siguen percibiendo debilidad.
El contraste también aparece en las ventas pyme
Los datos de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) muestran que el comercio minorista todavía enfrenta un escenario de fuerte heterogeneidad.
Según el último relevamiento, las ventas pyme siguen afectadas por:
- pérdida de poder adquisitivo,
- mayores costos fijos,
- caída del consumo cotidiano,
- y competencia de plataformas digitales y productos importados.
En especial, el consumo masivo urbano aparece mucho más golpeado que los bienes durables vinculados a financiamiento o sectores de ingresos medios y altos.
Ahí aparece una de las claves del nuevo escenario económico: mientras parte del interior logra sostener actividad gracias a sectores exportadores y economías regionales dinámicas, el AMBA concentra gran parte de la tensión sobre salarios, empleo y c onsumo diario.