El Gobierno transita días de incomodidad por la polémica por las Islas Malvinas que se desató tras la bandera que mostraron los jugadores de la Selección después de ganar contra Inglaterra en el Mundial. Si bien el presidente Javier Milei evitó la confrontación directa con Reino Unido, la vicepresidenta Victoria Villarruel había calentado el clima de tensión desde antes del partido y sus dichos provocaron reacciones de los ingleses.

“Es un sentimiento que está dentro de todos los argentinos, y es perfectamente válido y lícito que ellos se quieran expresar y lo hagan, pero eso me parece que tampoco tiene que inducir a ser malas interpretaciones”, dijo esta mañana el primer mandatario en diálogo con El Observador, en referencia al accionar de los jugadores.

“Son cosas distintas, si empezamos a mezclar nos vamos a equivocar. El tema es quién comete el error, en una posición de responsabilidad ciertos errores son inadmisibles y podrían tener consecuencias muy negativas”, sumó, por otro lado, haciendo alusión a las expresiones de la vicepresidente que recorrieron el mundo durante las últimas horas.

Villarruel había buscado diferenciarse de Milei con una publicación en la red social X en la que calificó a los ingleses de “piratas usurpadores”, además de incitar el banderazo que un grupo de hinchas promovió en Atlanta pese a las medidas de seguridad que el Gobierno argentino había acordado con el FBI.

Tras el triunfo por 2 a 1, los propios jugadores exhibieron una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas” en los festejos, y Villarruel compartió la imagen con la frase “no era un partido más”.

El gesto del plantel derivó en un pedido formal del Gobierno de Reino Unido a la FIFA para que investigue a la Selección, en particular a los jugadores Lisandro Martínez y Giovani Lo Celso, quienes protagonizaron el despliegue de la manta en la cancha de Atlanta.

El ministro de Empresa del Reino Unido, Peter Kyle, calificó el comportamiento de los jugadores de “totalmente inapropiado” y afirmó: “Espero que la FIFA lleve a cabo una investigación exhaustiva”.

A eso se sumó una respuesta de la portavoz del primer ministro, Keir Starmer, en diálogo con periodistas parlamentarios. “Puede que el Mundial no sea nuestro, pero las islas Malvinas sin duda lo son”, afirmó y agregó: “Nuestra posición no ha cambiado. La autodeterminación corresponde a los habitantes de las islas”.

En un comunicado del Gobierno de las Islas Malvinas que calificó la bandera de “particularmente insensible” para sus habitantes. “El Gobierno está decepcionado, aunque no sorprendido, de que el equipo de fútbol argentino decidiera manchar el resultado de la semifinal”, expresaron. “Esperamos que la FIFA cumpla su promesa de mantener la política fuera del deporte y que sancione el comportamiento de esta naturaleza”, cerraron.

Frente a ese escenario, la Cancillería argentina optó por un perfil bajo y optaron por que las declaraciones radiales de Milei hayan sido suficientes para aclarar ante el mundo que Villarruel no representa al Gobierno.

Javier Milei reclamó ante la ONU la soberanía sobre las Islas Malvinas.

Milei pidió no sacar conclusiones apresuradas del episodio: dijo que tanto el director técnico como los propios veteranos de la guerra entendieron que se trataba de un partido de fútbol. “Efectivamente las Malvinas son argentinas, las vamos a recuperar”, sostuvo, aunque remarcó que ese objetivo debe alcanzarse en el plano diplomático y con inteligencia en el accionar.

Milei destacó además los avances logrados en la negociación con Reino Unido durante la gestión de los cancilleres Gerardo Werthein y Pablo Quirno, en paralelo al acercamiento con Estados Unidos. Según el Presidente, esas gestiones permitieron que la ONU empujara a Inglaterra a sentarse a negociar con la Argentina, algo que dijo que debe manejarse “en otro carril” y con cautela.

Fuentes oficiales remarcaron a El Cronista que no hubo ningún contacto formal con el Gobierno británico por el episodio, y que no hay nada para comentar al respecto. “Se armó un revuelito con todo esto, se mezcló todo. Pero más allá del comunicado de anoche, nada más”, reconocieron esas fuentes, en referencia a la protesta diplomática que la Argentina ya había presentado dos horas después del partido por el movimiento del buque HMS Medway cerca de la costa continental.

Por caso, esta advertencia de cancillería por los movimientos marítimos de británicos en jurisdicción argentina refiere a un episodio del 13 de julio y recién ayer, después del partido, decidieron comunicar. “No se animaron antes. Más arrastrados no se consigue. Bien por los diputados de nuestro bloque que hace días exigen las explicaciones pertinentes”, retrucó en ese sentido el diputado del peronismo, Germán Martínez.

La tensión por los dichos de Villarruel quedó todavía más expuesta con la publicación de la diputada Lilia Lemoine, quien suele oficiar de vocera informal del pensamiento del Gobierno y es una de las principales críticas de la vice. “Si pasa a mayores es CULPA DE ELLA”, escribió en X, y acusó a Villarruel de hacer “populismo nazionalista” al mezclar la cancha con su rol institucional.

Lemoine recordó además un antecedente que, según su lectura, sigue el mismo patrón: la crisis diplomática con Francia que, dijo, había generado en su momento la propia Villarruel y que terminó apaciguando la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. La legisladora agregó que la actual exposición de la vicepresidenta le genera, a su criterio, un conflicto adicional a la Selección Nacional en la previa de la final.

La posición de Villarruel volvió a hacerse notar este jueves en la previa del Senado, donde el oficialismo buscaba aprobar la ley de Propiedad Privada tras cuatro intentos fallidos. La polémica, en el marco de la negociación por ese proyecto de ley, siempre fue la flexibilización de venta de tierras a extranjeros. Casualmente, esta mañana se dieron a conocer chats entre ella y la jefe de bloque del Senado, Patricia Bullrich, donde Villarruel se mostró en contra del proyecto.

Entre los mensajes que se cruzaron con la exministra de Seguridad, la vicepresidente acusó al Gobierno de querer “vender el país”, en una clara muestra de campaña de cara a lo que le avecina a Villarruel una vez que termine su mandato como vicepresidente.