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El ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, venía preparando hace más de un año un plan de revisión para “limpiar” el sistema jurídico de aquellas leyes obsoletas que son impracticables o perdieron vigencia por el tiempo. Para eso, finalmente se presentó el proyecto de ley llamado “Hojarasca”, que modifica y deroga más de 60 leyes, de las cuales la más antigua es del año 1864.
Se trata del segundo intento de impulsar esta ley, ya que la “depuración” fue postergada ante un Congreso con minoría oficialista y otros temas en agenda. Muchas de ellas fueron sancionadas durante gobiernos de facto, como el de Onganía; Lanusse; y la última dictadura militar. Según un relevamiento que publicó el propio ministerio, la gran mayoría corresponden a la gestión de Isabel Perón.
¿Qué dice el proyecto de Hojarasca?
El proyecto contempla tanto derogaciones totales, que incluyen 63 leyes y dos decretos, como modificaciones parciales, aplicadas a cuatro normas que seguirán vigentes pero con cambios específicos. En el primer grupo, se eliminan leyes desde 1864 hasta el 2015, agrupadas en seis categorías:
- Normas superadas por legislación posterior
- Normas obsoletas por el paso del tiempo o la tecnología
- Normas que afectan libertades individuales
- Normas que generan burocracia innecesaria
- Normas que remiten a organismos o procesos que ya no existen
- Normas que financian a organismos con fondos públicos y “deberían autofinanciarse”.

¿Cuáles son las leyes vigentes más descabelladas?
- La Ley 94 de 1864, sancionada hace 162 años atrás, inhabilita por diez años a cualquier autoridad que haga azotar a una persona. El problema es que la pena de azotes ya estaba abolida por la Constitución Nacional de 1853, once años antes. Es decir, la ley buscaba sancionar algo que ya era imposible hacer legalmente. Lleva más de 160 años vigente sin tener ningún sentido práctico.
- La Ley 448 de 1870 otorga un premio en metálico a quien descubra una mina de carbón. Fue sancionada durante la presidencia de Sarmiento, en plena fiebre del carbón como combustible industrial. Hoy no solo el carbón es la fuente de energía más contaminante disponible, sino que la política energética global apunta a descarbonizar la economía. La ley nunca fue derogada. “En el mundo de las energías renovables seguimos premiando a quien descubra una mina de carbón”, ironizó Sturzenegger en X.
- La Ley 21.895 de 1978 autoriza las emisiones de televisión en color. Fue sancionada para habilitar la transmisión del Mundial de Fútbol de ese año, que en Argentina igual se vio en blanco y negro. Hoy sigue vigente como si ver televisión en color fuera una actividad que requiere autorización estatal expresa.
- La Ley 18.569 de 1970 implanta el uso de la microfilmación para documentos del Comando en Jefe del Ejército. La microfilmación fue reemplazada por medios digitales hace décadas. Hay otras dos leyes en el mismo paquete que hacen lo mismo para la Armada (Ley 20.114) y para todos los organismos del Poder Ejecutivo (Ley 23.756).

- La Ley 20.802 de 1974 crea el carnet de mochilero, obligatorio para quienes viajaran “a dedo” por el país. Bajo la excusa de dar beneficios inexistentes —preferencia de acampe, por ejemplo—, en la práctica servía para que las fuerzas policiales detuvieran personas sin el carnet bajo el pretexto de “averiguación de antecedentes”. Sigue vigente.
- La Ley 14.034 de 1951, sancionada durante el gobierno de Perón, establece penas de prisión para los argentinos que propicien sanciones políticas o económicas contra el Estado. El tipo penal es tan impreciso que, técnicamente, cualquier persona que haya denunciado violaciones a los derechos humanos ante organismos internacionales y obtenido condenas contra Argentina estaría incursa en ese delito. “Buscaba acallar críticas”, sumó el ministro.
- La Ley 22.963, de Reynaldo Bignone, en su versión vigente obliga a pedir autorización al Instituto Geográfico Nacional para usar cualquier mapa con cualquier fin, incluyendo el comercial. Un productor de vinos que quiera poner un mapa esquemático de Argentina en su etiqueta necesita hoy formalmente autorización del Estado.
- La Ley 23.634 de 1988 crea la Comisión Nacional de Cunicultura para promover la cría de conejos, financiada con fondos públicos. La comisión no registra resultados visibles desde su creación.
- La Ley 27.171 de 2015 obliga a la Federación Colombófila Argentina a llevar un registro de palomas mensajeras “aptas para la defensa nacional”. Las palomas mensajeras dejaron de usarse para comunicaciones militares hace más de un siglo.
- La Ley 23.888 de 1990 encomienda al Poder Ejecutivo realizar un censo técnico de infraestructura en 365 días desde su sanción. El censo nunca se realizó. Pasaron 36 años y la ley sigue pidiendo que se haga.
¿Cómo afectan a los organismos?
El proyecto elimina el financiamiento estatal del Círculo de Legisladores y de la Federación Argentina de Municipios, pero sin disolver los organismos: pueden seguir funcionando con recursos propios.
Deroga la ley que creaba el Complejo Portuario de Ultramar en Aguas Profundas, proyecto que nunca superó la etapa de prefactibilidad. También elimina la ley que sostenía a Ediciones Culturales Argentinas, editorial estatal que dejó de publicar décadas atrás.
A su vez, deroga el Fondo Nacional Permanente para Estudios de Preinversión, que hace años dejó de existir. Elimina la Unidad de Reestructuración del Sistema Financiero, creada tras la crisis de 2002 y ya disuelta. Deroga el Fondo Especial de Obras y Servicios Públicos, que hoy existe como estructura legal pero sin recursos desde que se derogó el artículo que lo financiaba.

También Elimina el Comité de Análisis y Seguimiento del Tratado de Cooperación con España, cuya función ya está cubierta por la Secretaría de Hacienda. Disuelve la Comisión Nacional de Cunicultura y modifica el Instituto Geográfico Nacional para reducir su rol de control sobre el uso de mapas.
¿Qué cambia en la práctica?
Todas las leyes contempladas en el proyecto en realidad ya son impracticables, pese a estar vigentes. Pero, haciendo foco en cuáles estaban destinadas a alterar la libertad individual, se destaca:
- Derogación de la Ley 20.120 (Reuniones en lugares privados): Esta norma permitía al Estado prohibir reuniones en domicilios particulares si consideraba que podían “alterar el orden”. Su eliminación impacta directamente en la inviolabilidad del domicilio y la libertad de asociación sin previa censura.
- Autonomía en Salud (Ley 22.964): La ley de lepra permitía el aislamiento forzoso. Su derogación cambia el paradigma de salud pública hacia uno de consentimiento y respeto por la libertad ambulatoria del paciente, eliminando el estigma de la “reclusión obligatoria”.
- Eliminación de la obligatoriedad de contenidos (Ley 20.983): Al quitar la obligación de emitir 60 minutos de turismo nacional en medios estatales, se libera la grilla de programación de imposiciones ideológicas o de agenda gubernamental, permitiendo una gestión más profesional de los medios públicos.
¿Qué trámites se simplificarían?
Para los productores y emprendedores, el impacto es económico y operativo, ya que elimina pasos administrativos que no agregan valor pero consumen tiempo y dinero.
- Simplificación en el Etiquetado (Ley 22.963): Actualmente, si una PyME quiere exportar o vender un producto cuya etiqueta incluya un mapa (muy común en vinos o productos regionales), debe pasar por el Instituto Geográfico Nacional. La reforma elimina esta traba para productos que no tengan una finalidad estrictamente educativa, reduciendo tiempos de lanzamiento al mercado.
- Facilitación de Inversiones (Ley 20.876 y 14.800):
- En el sector apícola, se elimina la prohibición de capitales extranjeros, lo que permite el ingreso de inversiones para tecnificar la producción de miel.
- En el sector inmobiliario y cultural, se elimina la “obligación de reconstruir teatros”. Esto libera a los propietarios de inmuebles antiguos de una carga que muchas veces hacía inviable cualquier proyecto de mejora o cambio de rubro, facilitando la renovación urbana.
- Digitalización de archivos (Leyes 18.569 y 20.114): Al derogar las leyes de microfilmación, el Estado reconoce legalmente que el papel y sus copias físicas ya no son el estándar, simplificando la guarda de documentos para empresas y organismos públicos hacia formatos digitales modernos.
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