Entre las exigencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) para fortalecer la acumulación de reservas y las señales de una economía que todavía avanza a dos velocidades, el Gobierno de Javier Milei encontró en el frente externo uno de los principales argumentos para respaldar su programa económico.
El superávit comercial acumulado en el primer cuatrimestre que superó los u$s 8000 millones gracias a un salto de las ventas al exterior en abril, fue celebrado por Luis Caputo como señal de orden macroeconómico y recuperación de la capacidad exportadora argentina. Ahora se estima que el año cerrará con más dólares de los esperados: cerca u$s 20.000 millones.
Sin embargo, detrás del dato positivo también emergen advertencias. Economistas y consultoras privadas coinciden en que el resultado externo es una noticia favorable, aunque todavía persisten fragilidades vinculadas al nivel de reservas, la dinámica de las importaciones y la dificultad de consolidar un crecimiento más homogéneo de la actividad.
Desde la consultora Abeceb sostuvieron que el saldo comercial positivo se transformó hoy en “una pieza central para la estabilidad macroeconómica” de la Argentina, en un contexto donde la disponibilidad de divisas continúa siendo uno de los principales condicionantes del crecimiento económico.
“El superávit comercial no es simplemente un buen dato de comercio exterior. En la Argentina funciona como una suerte de ancla externa”, explicaron Elisabet Bacigalupo, responsable de macroeconomía y Natacha Izquierdo, directora de Operaciones, a El Cronista.
Según detallaron, exportar más de lo que se importa permite generar dólares genuinos, reducir la necesidad de financiamiento externo y mejorar las expectativas financieras y cambiarias.
Las 3 variables críticas
Las especialistas remarcaron que el superávit ayuda a sostener tres variables consideradas críticas para el actual programa económico: la acumulación de reservas, el equilibrio de la cuenta corriente y la estabilidad cambiaria. “Cuando el mercado percibe que la economía tiene capacidad genuina de generación de divisas, la expectativa de devaluación tiende a moderarse”, señalaron.
El dato cobra especial relevancia en un momento en que el Gobierno necesita mostrar resultados concretos en materia externa frente al FMI y al mercado financiero. La acumulación de reservas continúa siendo uno de los puntos más sensibles del acuerdo con el organismo internacional, especialmente luego de la flexibilización parcial del cepo y del nuevo esquema cambiario implementado este año.
En ese escenario, desde Abeceb proyectaron para 2026 un superávit comercial cercano a los u$s 20.000 millones, acompañado por exportaciones que podrían alcanzar los u$s 100.000 millones. Para la consultora, ese cambio de escala exportador representa uno de los aspectos más relevantes del actual proceso económico.
“La economía podría empezar a construir una base de generación de divisas más amplia”, indicaron las economistas, al destacar que el crecimiento exportador ya no depende únicamente del agro sino también de nuevos sectores estratégicos vinculados a energía, minería y servicios basados en el conocimiento.
A diferencia de otros períodos con saldo comercial favorable, como 2019 o 2021, desde Abeceb explican que el actual superávit presenta características distintas.
En 2019, recordaron, el resultado positivo estuvo asociado principalmente a la fuerte caída de las importaciones en un contexto recesivo, con desplome de la demanda interna y menor inversión. En 2021, en cambio, el impulso provino del favorable contexto internacional y de los altos precios de los commodities.
Fortalezas y debilidades
“El escenario actual combina una perspectiva de mayor escala exportadora”, señalaron. Según explicaron, el desafío ya no pasa únicamente por aprovechar un ciclo internacional favorable o por restringir importaciones, sino por ampliar estructuralmente la capacidad exportadora del país.
Desde lo sectorial, Abeceb identificó un cambio profundo en la composición del superávit comercial argentino. Si bien la agroindustria continúa siendo el principal motor de generación de divisas —favorecida por una cosecha récord y mejores rindes—, ganaron protagonismo otros sectores.
El crecimiento de las exportaciones energéticas aparece como uno de los fenómenos más relevantes. La consultora destacó que Vaca Muerta permitió que Neuquén incrementara significativamente su participación en las ventas externas nacionales gracias al desarrollo del shale oil y shale gas. Para las especialistas, se trata de un cambio cualitativo porque “la energía deja de ser solamente una fuente de presión sobre las cuentas externas y empieza a consolidarse como generadora neta de divisas”.
La minería también comenzó a modificar el mapa exportador argentino. Provincias como San Juan ganaron participación gracias al oro, mientras que Catamarca y Jujuy se consolidaron por la expansión de proyectos vinculados al litio.
En paralelo, la economía del conocimiento ya supera los u$s 10.000 millones anuales y se ubica entre los cinco principales complejos exportadores del país. Según Abeceb, el sector aporta una ventaja estratégica porque depende menos de la logística física y más del talento, la tecnología y los servicios globales.
Las especialistas remarcaron que esta diversificación permite reducir la vulnerabilidad externa frente a shocks climáticos o caídas puntuales de precios agrícolas. También ayuda a suavizar la estacionalidad del ingreso de dólares y a darle un perfil más federal al comercio exterior argentino.
Sin embargo, el informe advierte que el resultado positivo no debe interpretarse de manera aislada.
Los 3 riesgos latentes
Uno de los principales riesgos pasa por la evolución de las importaciones. “Si la economía crece con más fuerza, las importaciones deberían aumentar, especialmente las vinculadas a inversión, bienes de capital e insumos productivos”, señalaron.
Para la consultora, un eventual recorte del superávit producto de mayores importaciones no necesariamente sería una mala señal, siempre que esté asociado a un proceso de recuperación económica y mayor inversión productiva. El problema, explicaron, sería volver a un escenario en el que el crecimiento de la actividad genere rápidamente tensiones cambiarias y falta de dólares.
A ello se suma otro desafío central: transformar el superávit comercial en acumulación efectiva de reservas. Desde Abeceb advirtieron que el saldo positivo de bienes no garantiza por sí solo una mejora de la cuenta corriente ni de las reservas netas del Banco Central, debido al peso de otros factores como pagos de deuda, intereses, turismo y demanda privada de cobertura cambiaria.
Por último, el tercer punto de riesgo es la cuenta corriente. “El superávit de bienes ayuda, pero no garantiza por sí solo una cuenta corriente equilibrada”, indicaron y pusieron el foco en la necesidad de “cuidar el balance de servicios y los pagos de rentas al exterior”. Por eso, el desafío es “transformar el buen resultado comercial en una mejora integral de la posición externa", marcaron desde Abeceb.
En ese contexto, el superávit comercial aparece como una condición necesaria pero todavía insuficiente para despejar completamente las dudas sobre la sustentabilidad del programa económico.
Mientras el Gobierno busca exhibir el resultado externo como prueba de fortaleza y capacidad de generación de dólares, el mercado sigue observando con atención si esa mejora logra consolidarse en un esquema de crecimiento económico.