El nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, sintetizó en su debut la impronta que busca consolidar el gobierno de Javier Milei para la comunicación de la etapa que arranca: focalizado en lo económico, ciñéndose al libreto en lo espinoso y ensayando un rostro y un discurso amigable -más no concesivo- donde su antecesor planteaba la confrontación. En el fondo, cambian las formas pero no el fondo de la batalla cultural que la Casa Rosada plantea de la mano del nuevo esquema.
De cara al debut del flamante vocero presidencial, desde Casa Rosada se bajó la orden en los últimos días de volver a un esquema similar al que gestionaba Manuel Adorni en 2024, cuando el Gobierno dominaba la agenda pública. El equipo del asesor presidencial, Santiago Caputo, está detrás ahora de cada detalle, como lo había intentado hacer en un principio.
Por empezar, la idea es centralizar todos los anuncios de políticas y gestiones en el área de Comunicación a cargo del exYPF y actual secretario de Comunicación y Medios, Fabián Fernández. A diferencia de Ravier, el exfuncionario de la petrolera ya cuenta con su designación en el Boletín Oficial. Será esta área la que defina qué anuncios quedan a cargo de Ravier y cuáles a discreción de los ministerios y secretarías.
El virtual corset representa, de movida, un cambio sustancial en la manera de organizar la información y comunicar. No es casual que muchos funcionarios hayan optado la última semana por realizar votos de silencio en la previa del debut de Ravier y, los más osados, recurrir a los audios bombita para no dejar rastro.
“Así funcionaba originalmente, cuando todo se comunicaba primero al área de Adorni. Pero cuando asumió en le Jefatura y fue postergando las conferencias, eso cambió. Y cada ministerio empezó a comunicar como quería o podía”, comentó un funcionario de una cartera nacional.
Con ese propósito, en una reunión de los enlaces de prensa, Ravier y Fernández que tuvo lugar el martes pasado en Casa Rosada, se resolvió que cada responsable de Comunicación de las áreas elabore una síntesis de los posibles anuncios de gestión a realizar y los envíe a Fernández para poner en marcha la nueva estrategia.
Hay dos objetivos en juego: consolidar el speech del vocero, mucho más ducho en su metié económico, y volver a alinear los ejes del relato libertario.
En la mecánica de 2024, Adorni iniciaba cada intervención leyendo un extenso mensaje donde elegía hacer foco en determinadas cuestiones, no siempre coyunturales, y bajar la línea oficial sobre los temas en agenda, marcando el tono del discurso oficial. Ravier empezó su conferencia con un mensaje de 26 minutos que ponderaba los logros económicos de la gestión nacional apoyado en filminas.
Quienes conocen de primera mano a Ravier, dan fe sobre su preocupación íntima por “estar a la altura” de su designación. Y aunque hubo cierto consenso en considerarlo un apuntado por Milei, los tironeos entre los vértices del Triángulo por apropiarse de la designación -unos destacaban su rol de presidente de LLA en la Pampa y otros su filiación académica a la Fundación Faro- no cesaron por lo bajo.
“Si pretende hacer una conferencia por semana va a necesitar que lo nutran de información”, razonó un interlocutor que lo frecuenta desde hace tiempo. “Pero no se qué va a hacer cuando lo agarre alguno y le empiece a preguntar de todo, como hacían con Adorni”, añadió.
En su debut, Ravier mantuvo la compostura, bajo la atenta mirada de Fernández y del asesor presidencial Santiago Caputo que ingresó con la conferencia ya en curso y siguió la acción sin atraer la atención, desde el fondo de la sala. No fue el único miembro de su equipo más cercano que siguió de cerca el debut. Luego llegaron las felicitaciones en las redes sociales.
El nuevo vocero se mantuvo dentro de los márgenes acotados, apelando a las respuestas pre-armadas en las hojas bajo su poder cuando se lo consultó por Adorni.
“Ravier es de los que piensan cada cosa que dice. Habla lento. Quizás demasiado lento para los ansiosos”, bromeó otro viejo conocido del nuevo vocero. “Creo va a volver aburridas las conferencias y está bien, porque tienen que ser aburridas. no puede ser que todos vayan buscando ser virales. Empezando por el propio Adorni”, se quejó otro interlocutor, en coincidencia el primero.
Con una estética aggiornada en vivos azules y celestes y el ya característico halo estadunidense en sus trazos escenográficos, Ravier hasta se apoyó en esa referencia cuando la segunda pregunta, a cargo de Silvia Mercado, buscó arrancarle una definición sobre las restricciones con las que trabajan los acreditados.
“Las principales democracias liberales del mundo tienen condiciones similares a las que se propusieron. Creemos que no es lo más normal ver al periodismo circular por Casa Rosada, digamos por la Casa de Gobierno de cualquier país, por eso digo quizás vale la pena hacer una investigación a nivel internacional de cómo el periodismo se mueve en las Casas de Gobierno”, contestó el vocero.
En el encuentro de la semana previa, Ravier deslizó al resto de los funcionarios presentes que quería recomponer su relación con la prensa de la Casa Rosada, para brindarles información. Tras la presentación en público, el viernes pasado, la prensa acreditada le entregó una carta donde se le solicitaba revisar estas medidas.
“El tema está en estudio. Nosotros lo estamos considerando y queremos evaluar las peticiones que nos han hecho con detalle y, eventualmente, les daremos una respuesta”, zanjó.
También se ciñó al libreto cuando le consultaron por su predecesor: “Manuel Adorni tomó la decisión personal de abandonar el Gobierno de forma indeclinable y enfrentar el proceso judicial como un ciudadano privado. No es parte de mi rol como vocero hablar de detalles del caso ni darles mi opinión sobre el mismo, en tanto ya no hace a la marcha del Gobierno”.
Un dato llamativo es que Ravier sigue sin haber sido oficializado por decreto en su rol. Tampoco le tomaron juramento en el cargo, pese a que ya renunció a su banca en la última sesión de Diputados.
Su último encargo como legislador fue el de dar quórum, una misión que selló su paso por el recinto con un blooper inesperado: el presidente de la Cámara, Martín Menem, lo reprendió de forma amistosa porque estaba distraído con los saludos mientras el tablero marcaba 128 presentes.