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Durante años, hablar de Vaca Muerta fue hablar de potencial. De los recursos disponibles bajo tierra, de la posibilidad de incrementar la producción de petróleo y gas y de la oportunidad que ese desarrollo representaba para una Argentina necesitada de divisas. Pero algo empezó a cambiar. El debate energético dejó de estar centrado exclusivamente en cuánto puede producir la formación neuquina y empieza a concentrarse en una pregunta diferente: ¿cuánto de esa producción puede efectivamente llegar a los mercados internacionales?

Los números muestran que el cambio ya está en marcha. Entre enero y agosto de este año, la Argentina acumuló un superávit comercial energético de u$s 7.834 millones, por encima de los u$s 7.815 millones registrados durante todo 2025. En el mismo período, las exportaciones de combustibles y energía alcanzaron los u$s 10.667 millones, con un crecimiento interanual de 48,9%.

Del superávit a la capacidad de exportar

La transformación también se observa en los niveles alcanzados. En agosto, la producción petrolera argentina alcanzó los 936.800 barriles diarios, un 14% más que un año atrás, y Vaca Muerta explicó el 72% de ese volumen. Es decir, la formación neuquina ya no es solamente un recurso estratégico a futuro: es una parte central de la oferta energética y de la generación de divisas de la Argentina actual.

Y justamente por eso la infraestructura adquiere una relevancia que hasta hace poco no tenía. El crecimiento de la producción obliga a ampliar las vías de evacuación, almacenamiento y exportación. En ese punto, el proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) aparece como una pieza decisiva. El oleoducto de 437 kilómetros que conectará Allen con Punta Colorada tendrá una capacidad inicial de 180.000 barriles diarios y está previsto que la conexión con la infraestructura de YPF se concrete el 15 de diciembre. La operación comercial está proyectada para febrero de 2027, mientras que la capacidad del sistema crecerá progresivamente hasta alcanzar los 550.000 barriles diarios hacia julio-agosto del año próximo.

La diferencia no es menor. VMOS no representa simplemente un nuevo oleoducto, sino una nueva puerta de salida para el crudo argentino. La terminal de Punta Colorada permitirá cargar grandes buques directamente desde la costa rionegrina y ampliar de manera significativa la capacidad exportadora. La obra, con una inversión estimada en alrededor de u$s 3.000 millones, está entrando en su etapa final, mientras avanzan los trabajos en la terminal marítima y en las instalaciones de almacenamiento.

Provincia de Río Negro

La llegada de esa infraestructura ocurre, además, en un momento en que las compañías continúan tomando decisiones de inversión de gran escala. Este viernes se conoció la aprobación del ingreso al RIGI del proyecto de Pluspetrol y Gas y Petróleo del Neuquén para desarrollar Bajo del Choique-La Invernada, con una inversión prevista de u$s 12.400 millones durante los próximos 25 años. El proyecto contempla más de 620 pozos horizontales, cuatro plantas de procesamiento y una producción que podría superar los 100.000 barriles diarios de petróleo.

Un día antes, TotalEnergies anunció un plan de inversión de alrededor de u$s 10.000 millones en la Argentina, que incluye nuevos desarrollos y una expansión de la producción de gas en Neuquén.

La señal que dejan estos anuncios es relevante: la discusión ya no pasa únicamente por atraer capital para perforar más pozos. También se trata de construir el entramado que permita que cada barril adicional encuentre una vía eficiente hacia el mercado. En otras palabras, el cuello de botella empieza a desplazarse desde el subsuelo hacia la infraestructura.

La otra puerta de salida: el gas

Y la misma lógica comienza a aparecer en el gas. Este viernes, en París, el presidente Javier Milei se reunió con el CEO de Eni, Claudio Descalzi, para analizar el proyecto Argentina LNG, desarrollado por Eni junto con YPF y XRG. La iniciativa apunta a aprovechar los recursos gasíferos de Vaca Muerta mediante unidades flotantes de licuefacción. La primera etapa contempla una capacidad de 12 millones de toneladas anuales y la decisión final de inversión se espera para antes de fin de año.

Es decir, petróleo y gas empiezan a tener un mismo desafío: transformar una enorme disponibilidad de recursos en una plataforma exportadora de escala internacional. En el petróleo, el paso inmediato es VMOS. En el gas, el desafío pasa por avanzar con la infraestructura necesaria para que Argentina LNG pueda convertirse en un proyecto operativo.

Incluso la propia dimensión del recurso disponible obliga a pensar en esa escala. Un estudio elaborado por el Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG), a pedido de la Secretaría de Energía, estimó en 30.170 millones de barriles los recursos técnicamente recuperables de petróleo de Vaca Muerta, un volumen 89% superior al estimado en 2013 por la Agencia de Información Energética de Estados Unidos.

Pero tener recursos no alcanza. Tampoco alcanza con producirlos. El verdadero salto económico aparece cuando esos recursos pueden transformarse de manera sostenida en exportaciones, inversiones, actividad industrial y divisas.

Vaca Muerta parece haber llegado precisamente a ese punto de inflexión. El desafío de los próximos años ya no será convencer al mundo de que la Argentina tiene petróleo y gas. Será demostrar que tiene la infraestructura, el capital y la capacidad logística necesarios para convertir esa riqueza en una corriente permanente de exportaciones.

El recurso está. La producción crece. Las inversiones llegan. Ahora empieza la etapa en la que la infraestructura tendrá que acompañar —y no limitar— ese crecimiento.