

Hace casi cinco años insinué que el matrimonio entre la ducha de divisas, y un inexplicable cepo comercial, podía terminar en Una Nueva Versión de la Plata Dulce (2/1/2011). Casi nadie quería ver al precio internacional de la soja como un fenómeno pasajero o un ciclo de corta duración. Fueron tiempos en los que resultaba normal suponer la inmortalidad de cotizaciones de u$s 540 a 600 la tonelada (casi el doble de los niveles actuales) y observar el delirio de una clase política, alentada por un raro consenso de economistas, hablando de una renta vitalicia. Así se entiende por qué solo los hechos, no la lucidez del análisis, obligaron a recuperar un poco de sobriedad colectiva.
Poco tiempo después (2012/13) surgió una primera señal tangible de la nueva realidad. Un influyente lobby de ambientalistas europeos orquestó una campaña contra los agro-combustibles (el etanol y el biodiesel), alegando que éstos generaban mayores emisiones de carbono que la energía derivada del gas y el petróleo, hecho (no su veracidad) que tardó en ser digerido por los cenáculos agrícolas de nuestro país. Se trata del mismo enfoque que hoy se esgrime para excluir los agro-combustibles de las negociaciones destinadas a concretar el Acuerdo Plurilateral sobre Bienes Ambientales (EGA en su sigla inglesa) de la OMC. Tanto el replanteo de la UE, como el Plan Energético del Presidente Barack Obama de junio de 2013 tomaron, con distinto énfasis, la ruta de los bio-combustibles de segunda generación, procesados con materias primas no agrícolas. Así empezó el recorte de los programas que absorbían la demanda de etanol, algo que contribuyó a fulminar el precio internacional de los commodities agropecuarios, al tiempo que crecía en forma sostenida la oferta global. Según un burdo diagnóstico sobre la solidez de los precios de la soja, del que se hicieron eco muchos especialistas argentinos, parecía que China era capaz de montar o liquidar su clase media, y sus hábitos alimentarios, en pocas semanas. Se apelaba a la misma frivolidad que emplearon el Financial Times y The Economist al imaginar la muerte natural de los subsidios agrícolas a causa de los elevados precios internacionales de 2007/08 y años subsiguientes. Yo siempre opiné que la desaparición voluntaria del proteccionismo no era una hipótesis verificable o posible y que carecía de sentido identificarse con semejante burrada (huelga decir que adhiero a la tesis Discépolo-Cris sobre burros y profesores). El 1/9/2015, el propio Financial Times revisó sus criterios y dio un tácito certificado de solvencia a varios de mis pálpitos. Antes de empezar el actual verano europeo también llamé la atención sobre la propuesta de prohibir la importación de Organismos Genéticamente Modificados (otra vez el yuyito y el maíz) en ciertos países de la UE, tema que sigue figurando en la agenda de Bruselas. Dado que la iniciativa es ilegal y estúpida, hay razones sobrantes para tomarla en serio y trabajar con mejores argumentos OMC para voltearla. Hasta el comité de Agricultura del Euro-Parlamento la considera peligrosa.
Sigue. Diecisiete miembros de la OMC (Australia, Canadá, China, Costa Rica, la UE (en su conjunto), Hong Kong, Japón, Corea, Nueva Zelandia, Noruega, Singapur, Suiza, Taiwán, Estados Unidos, Israel, Turquía e Islandia (México podría sumarse), están terminando un perfil del EGA que puede cubrir una lista ilustrativa, aún no aceptada, de entre 400 y 650 productos divididos en las siguientes categorías: a) administración de desechos sólidos y peligrosos; b) administración de los desechos del agua y tratamiento del agua; c) control de la contaminación del aire; d) generación de energía renovable; e) eficiencia energética; f) remedios y limpieza del medio ambiente; g) ruido y propagación de vibraciones; h) análisis y monitoreo ambiental; i) productos ambientalmente preferibles; y j) eficiencia de recursos. El grupo aspira a presentar algún consenso preliminar en el marco de la Décima Conferencia Ministerial de esa Organización, que se hará en diciembre. El ángulo que debería importarle a la Argentina y al Mercosur es si conviene ser free-riders (garroneros) de lo que cocinen los actuales miembros del futuro Acuerdo, quienes prometen extender las concesiones a todos sin exigir reciprocidad (cláusula de NMF mediante), o ser parte activa del diseño de las nuevas reglas. Aunque el EGA generará muy interesantes oportunidades para industrias líderes de la región (como Tenaris, Pescarmona, Electroingeniería), algunos participantes quieren usarlo, de paso, para oficializar la noción de que los agro-combustibles no son ambientalmente aceptables. ¿Está claro?








