La economía avanza a dos velocidades marcadamente distintas. Por un lado, los sectores vinculados a los recursos naturales exhiben un dinamismo notable. Por el otro, las ramas ligadas al consumo interno y al mercado doméstico apenas logran sostenerse. Esa disociación, lejos de corregirse, parece consolidarse como el rasgo estructural de la recuperación en curso.

La producción del sector creció un 11,4% interanual y un 1,7% mensual desestacionalizado en junio. La minería acumuló un avance del 8,4% en el primer semestre del año. El componente más dinámico fue el de los minerales no metalíferos y las rocas de aplicación, con un salto interanual del 46,8% y una acumulación cercana al 36% en lo que va de 2026. La minería se afirma así, junto con la energía y el agro, como uno de los pilares del nuevo perfil productivo argentino, aquel que se apoya en la ventaja competitiva de los recursos naturales y en la creciente demanda internacional.

La industria manufacturera ofreció un cuadro mucho más matizado. La producción del sector creció un 0,9% mensual desestacionalizado y un 2% interanual en junio, pero todavía arrastra una caída del 2,2% en el acumulado del primer semestre. Dentro del universo fabril, cinco de las nueve ramas relevadas se expandieron en la comparación mensual, con la refinación de petróleo, los productos químicos, el caucho y el plástico destacándose tanto en el avance del mes como en el acumulado del año. No es casual que el segmento industrial más vigoroso sea precisamente el que se conecta con la cadena energética, lo que refuerza la idea de que el impulso proviene de los recursos naturales y todavía no se derrama con fuerza sobre el resto del entramado productivo.

La actividad del sector cayó un 4,1% mensual desestacionalizado en junio. Aunque en la comparación interanual creció un 4%, con lo que acumula una mejora del 2,8% en el semestre. El retroceso mensual pone de manifiesto la fragilidad de la recuperación, mientras que el avance interanual, favorecido por una base de comparación deprimida, refleja que se parte de niveles muy bajos. Entre los insumos, los vinculados a la etapa de terminación de las obras, como la grifería, los tubos de acero y el vidrio, mostraron los mejores desempeños, una señal de que la actividad se concentra más en finalizar proyectos existentes que en iniciar otros nuevos.

La inflación porteña marcó un 2,9% mensual en julio y un 33,2% interanual. Recreación y cultura, Restaurantes y hoteles y Educación fueron las divisiones de mayor aumento. El componente estacional se disparó, empujado por las tarifas de alojamiento en hoteles y los paquetes turísticos propios del receso invernal. Ese fuerte peso del turismo en el índice de la Ciudad permite anticipar que la inflación nacional, en la que esos rubros tienen una incidencia menor, podría ubicarse por debajo del registro porteño cuando se conozca.

La expectativa de crecimiento se ajustó a la baja de manera significativa, del 3% al 2,7% para el año. Si bien la proyección de inflación se mantuvo prácticamente estable, con un cierre de 2026 estimado en torno al 29,8% anual. El cambio más llamativo fue la incorporación de una contracción para el segundo trimestre, que reemplazó a la expansión que se preveía en el sondeo anterior. También se moderaron las proyecciones cambiarias, con un dólar esperado en torno a los $ 1512 para agosto y $ 1652 para diciembre, por debajo de los valores previos.

El Banco Central renovó con su par de China el acuerdo de swap de monedas. Por un monto equivalente a unos 19.000 millones de dólares, y extendió su plazo de vencimiento de tres a cinco años, mientras mantiene vigente el tramo activado a comienzos de 2023. A ello se sumó un buen desempeño de las reservas, que cerraron la semana en 49.455 millones de dólares tras un aumento de 1.856 millones, apuntalado por la recomposición de encajes. El respaldo financiero externo se mantiene, así, como el pilar más firme del programa.

La economía argentina crece, pero lo hace de manera desigual. Traccionada por un puñado de sectores exportadores intensivos en capital mientras la industria, la construcción y el consumo interno permanecen rezagados. Esa heterogeneidad explica por qué la recuperación, real en las estadísticas agregadas, no se percibe con la misma nitidez en la calle. Y el hecho de que el propio mercado haya recortado sus pronósticos de crecimiento sugiere que esa dinámica de dos velocidades no se corregirá de un momento a otro. El desafío de lograr que el dinamismo de los recursos naturales se contagie al resto de la economía sigue siendo, por ahora, una asignatura pendiente.