Siempre pensé que después de la formidable victoria que Milei tuvo en las elecciones de mitad de término del año pasado, el Merval tendría un inicio de 2026 claramente positivo y más aún si el mercado de acciones emergentes abría el año en verde, como efectivamente ocurrió. De esta manera y muy a pesar del conflicto bélico entre Estados Unidos e Irán, el contexto global para mercados emergentes viene siendo extremadamente favorable.
Esta realidad, de hecho, merece ponerse en perspectiva: los principales mercados de acciones emergentes están teniendo un año muy sólido incluso a pesar del shock geopolítico y su consecuencia sobre el petróleo. La bolsa de México en dólares sube aproximadamente 15% en lo que va del año, Brasil cerca de 23%, Perú alrededor de 14%, Chile más de 3%, y todo esto en un contexto internacional que claramente tuvo episodios de aversión al riesgo muy violentos.
Sin embargo, Argentina vuelve a desacoplarse negativamente como si en vez de ser un país integrado al mundo fuésemos un planeta dentro de su propia galaxia y con leyes aplicables exclusivamente a nosotros mismos.
El Merval, que si bien técnicamente continúa catalogado como mercado stand-alone y todavía no forma parte del universo emergente tradicional, suele acompañar direccionalmente los grandes flujos regionales y globales. Pero esta vez no lo está haciendo.
De hecho, permanece aproximadamente 6% abajo en el año, transformándose prácticamente en una anomalía relativa dentro del mapa global de acciones emergentes. La coyuntura financiera internacional pone a las acciones emergentes todas en verde y a un Merval en preocupante soledad como única excepción relevante operando en rojo.
La misma lógica se observa en la deuda soberana argentina. Los bonos hace meses lateralizan alrededor de yields relativamente elevadas que se niegan a comprimir de manera consistente incluso después de la reclasificación que merecidamente obtuvo Argentina la semana pasada.
Y este detalle no es menor: Wall Street claramente reconoce los formidables avances macroeconómicos logrados por esta administración libertaria. El ajuste fiscal, la estabilización monetaria, la compresión inflacionaria y el intento de reconstrucción institucional son logros objetivos que el mercado internacional no desconoce. Esta realidad no debe interpretarse en desmérito del actual equipo económico, sino todo lo contrario.
Los argentinos nos olvidamos muy rápidamente de las herencias de gobiernos anteriores y precisamente esta administración libertaria asume en un país corriendo con una inflación que superaba el 200% anualizado, con un Banco Central sin reservas y con una deuda externa priceada al borde del default. La situación inicial bordeaba lo catastrófico y a pesar de ello, no se estructuró un corralito financiero, no se estructuró un plan de confiscación de depósitos, no se violó contratos privados y se pudo estabilizar a la economía argentina a pesar de un punto inicial explosivamente negativo.
El Merval, si bien catalogado como mercado stand-alone y todavía fuera del universo emergente tradicional, suele acompañar direccionalmente los grandes flujos regionales y globales. Pero esta vez no lo está haciendo
Lamentablemente, son pocos los argentinos que a la hora de votar se acuerdan de la realidad con la que inició esta gestión y solamente miden la salud de un país en el spot, como si la Argentina de hoy proviniese de un repollo concebido ayer. ¿Estamos mal hoy? Por supuesto que lo estamos si es que nos comparamos con Noruega. ¿Estamos mejor respecto al fin de la administración anterior? Por supuesto que sí, pero dicha realidad todavía no derrama al argentino de la calle, uno que la viene sufriendo desde que nació.
Esta dicotomía entre realidad y percepción es lo que engendra la persistente duda de Wall Street. En esta coyuntura el mercado reconoce que buena parte del trabajo técnico realizado hasta ahora es extraordinario. El problema es otro. Wall Street empieza lentamente a pricear muy tempranamente no solamente la economía de Milei sino también la psicología pendular del votante argentino.
Y ahí aparece el verdadero problema. El modelo libertario probablemente necesite una década completa de convergencia para normalizar precios relativos, recomponer balances y reconstruir credibilidad institucional después de ochenta años de devaluación sistemática de capital económico, humano y cultural. Es el costo a pagar por haberlo hecho todo mal durante las últimas ocho décadas.
Pero Wall Street duda seriamente y no la culpo, acerca de si la sociedad argentina posee la paciencia necesaria para tolerar semejante transición y la capacidad conceptual de comprender hacia dónde vamos relativo de dónde venimos. Sobre todo porque la experiencia previa de intento de cambio de régimen en manos de Cambiemos terminó derivando nuevamente en populismo y en una destrucción económica todavía más profunda.
Wall Street observa ese antecedente y entiende perfectamente que Argentina no solamente enfrenta restricciones macroeconómicas sino también enormes limitaciones políticas y sociológicas. ¿Cuántos argentinos estarán dispuestos a comprender esta realidad a la hora de votar en 2027? Esa es precisamente la duda con la que Wall Street castiga al Merval hoy, lo sorprendente es que lo haga tan tempranamente, con tanta distancia hacia el evento electoral.
Wall Street teme que el ajuste fiscal y monetario requerido para sostener este paradigma termine chocando nuevamente contra la fragilidad política típica de la Argentina. Por eso el mercado internacional hacia la Argentina opera con un gigantesco signo de interrogación: un país que por momentos parece haber encontrado finalmente el rumbo correcto, pero cuya estabilidad política futura continúa siendo extremadamente incierta.
Y mientras esa duda siga abierta, el Merval probablemente continúe lateralizando durante buena parte de 2026, con un Wall Street que incluso podría empezar a posicionarse defensivamente de cara al riesgo electoral de 2027, instaurando un sesgo potencialmente negativo para acciones argentinas. La pregunta de fondo sigue siendo la misma y muy frustrante: ¿cuándo se subirá finalmente el Merval a la reflación global?