A diferencia de lo ocurrido en Brasil, donde Lula Da Silva dio vuelta la elección presidencial en el ballottage ante Flávio Bolsonaro, a nadie sorprendió la derrota de los republicanos en las elecciones de medio término realizadas en los Estados Unidos.
El resultado se descontaba en la previa como un voto castigo para Donald Trump por numerosas razones, pero particularmente por el impacto económico de la prolongada guerra de Medio Oriente, que el propio presidente estadounidense admitió a regañadientes.
Sin embargo, ambos resultados tuvieron su impacto negativo en el mercado local, donde el riesgo país, ya en 850 puntos, devuelve el reflejo de una temperatura política que aumenta para el gobierno de Javier Milei con cada derrota de sus aliados.
En el caso de Brasil, por la victoria de un modelo opuesto al libertario que puede alentar la ilusión peronista de un regreso al poder de este lado de la frontera. Pero en el de EE.UU, por las implicaciones económicas que podría tener para un gobierno argentino que si bien se manifiesta alineado con ese país, más allá del presidente de turno, se identifica particularmente con el líder republicano.
La segunda parte del mandato de Trump mostrará a una gestión cuyas decisiones estarán condicionadas por un Congreso en el que los demócratas serán mayoría y el corrimiento del poder puede tener su costo.
En definitiva, fue el propio Gobierno el que mostró a la administración Trump como garante de que la Argentina contará con los dólares necesarios para cumplir con sus compromisos de deuda y atender una potencial corrida cambiaria el año próximo, cuando el propio Milei exponga su continuidad al juicio de las urnas. En EE.UU. el veredicto fue contrario a Trump.