Al momento de anunciar el acuerdo con el FMI hace casi un año, el BCRA estableció que cambiana su accionar hacia un régimen monetario tradicional, con el control de los agregados monetarios, con el M2 privado transaccional como objetivo principal (incluye el circulante em efectivo, cuentas corrientes, cajas de ahorro). Se ratificó entonces el compromiso de cero emisión monetaria para financiar al Tesoro.
Pero a diferencia de la aplicación de las metas de agregados monetarios en otros países, en el caso argentino, el Banco Central no especifica la meta en cuestión. No dice públicamente que “el M2 no crecerá más del x% en el 2026”. La difusión de ese objetivo serviría claramente para alinear las expectativas de inflación, en función de la credibilidad que tiene el accionar oficial.
El equilibrio fiscal que tiene el gobierno y que promete mantener para los meses subsiguientes, goza de alta credibilidad, especialmente porque desde el inicio de la gestión de Javier Milei se lo mantuvo. Pero lo monetario no está tan claro como lo fiscal, más allá de la certeza de la prudencia monetaria que se viene observando.
Uno de los reclamos del sistema financiero es la volatilidad de las tasas de interés, que, ante la incertidumbre que genera en el costo del fondeo, se traslada al otro lado del mostrador, a los créditos. En teoría, las ventajas de la meta de agregados monetarios, si son claras y transparentes, actúan como ancla antiinflacionaria.
El problema puntual de la Argentina es que la demanda de dinero es inestable, cualquier shock la altera, y por ello quizás el Banco Central se reserva la difusión de los agregados monetarios que tiene como meta dado que los va variando
Por lo pronto el BCRA se apresta a aumentar las compras de dólares con la liquidación de la cosecha de soja, El presidente Javier Milei destacó durante el Argentina Week 2026 en Nueva York hace dos semanas que iba a haber un fuerte ingreso de divisas y que iban a entrar dólares por “las orejas” al BCRA. De nuevo, el titular del Ejecutivo se mostró preocupado por la inyección de pesos que esa compra de dólares podía generar.
La inflación, más allá de lo que ocurra de corto plazo con el conflicto en Medio Oriente, irá en descenso en los meses subsiguientes. Podrá empezar el dato mensual con el número “1”en mayo quizás.
Los bancos de inversión de Estados Unidos contemplan que el 2026 cerrará con alza del orden del 26%, por debajo del 31% del 2025. ¿Puede bajar más rápido? Algunos retoques a la política monetaria podrían ayudar a acelerar la desinflación de la economía.
La eliminación de las restricciones cambiarias impactaría también pero en la actividad. La postura oficial igualmente es muy conservadora en ese sentido: sólo eliminan restricciones cuando están totalmente seguros de que no habrá saltos cambiarios.