El debate de políticas públicas en Argentina suele estar focalizado en cómo estabilizar la macroeconomía y adecuar las políticas sociales para remediar las consecuencias persistentes de la inestabilidad y el estancamiento. Esta es la que se podría denominar una agenda del presente o, más bien, de lo urgente.
Desde CIPPEC queremos complementar esa mirada con una perspectiva de largo plazo que permita delinear una estrategia de desarrollo sostenida para Argentina que apunte a ganar competitividad y generar empleo en un mundo que está atravesando profundas transformaciones demográficas, tecnológicas y geopolíticas. El desarrollo necesita de personas con las capacidades necesarias para protagonizarlo y en esa estrategia la educación tiene un rol central, mientras que el sector productivo funciona como dinamizador. Es imposible pensar el desarrollo sin talento, así como la generación de empleo sin un sector productivo robusto.
Una agenda de futuro tiene que promover el encuentro entre las transformaciones productivas y lo que pasa dentro de las aulas. Es preciso integrar al mundo productivo con la educación, porque salir del estancamiento requiere no solo de una visión en común, sino esfuerzos conjuntos. Esto supone instalar una consigna de responsabilidad compartida del sistema educativo y el mundo productivo, en un proceso tan estratégico como el desarrollo de las capacidades de las personas y, en particular, de nuestros jóvenes. En la trayectoria formativa de las personas hay un momento clave que es la escuela secundaria y es allí donde entendemos que hay una instancia central de articulación entre educación y trabajo.
La escuela secundaria es el último nivel educativo formal al que acceden la mayoría de las personas. Entre quienes tienen entre 19 y 25 años, apenas el 38% está cursando alguna propuesta de educación superior. El resto enfrenta el mercado laboral con lo que la escuela les dio. Y sabemos que allí enfrentamos grandes desafíos. Las pruebas Aprender 2024 muestran que el 86% de los estudiantes del último año no alcanza niveles satisfactorios en Matemática y el 41% tampoco los alcanza en Lengua.
A eso se suma otro número que incomoda: según un estudio del BID, nueve de cada diez jóvenes tienen dificultades para insertarse en el trabajo formal y señalan la falta de experiencia como uno de los principales obstáculos. No es solo un problema de aprendizajes: es un problema de oportunidades. Los jóvenes de contextos vulnerables enfrentan el futuro con un capital social más acotado que sus pares de posiciones más acomodadas. El sistema educativo no suele compensar esa diferencia, muchas veces la reproduce. Finalmente, la escuela secundaria atraviesa una crisis de sentido y de relevancia.
En este contexto, tender puentes entre la escuela con el mundo del trabajo puede pensarse como una respuesta concreta de política pública a estos tres problemas: mejorar los aprendizajes, ampliar horizontes y devolverle sentido a la experiencia escolar. Se trata de dotar a los jóvenes de conocimientos fundamentales y herramientas para interpretar e interactuar en entornos laborales, además de permitirles conocer otros caminos posibles.
La buena noticia es que esto ya está ocurriendo. En el libro Puentes entre la escuela y el mundo del trabajo (Fundación Santillana, 2026), desde CIPPEC documentamos diez experiencias en distintas provincias del país que muestran que esta articulación no sólo es posible, sino transformadora.
Se destacan experiencias lideradas por el sector privado como es el caso de Enlazar +, impulsada por la Fundación Córdoba Mejora, que ofrece propuestas de formación a equipos directivos y docentes; prácticas educativas, visitas a empresas, formación en habilidades para el trabajo a estudiantes; y acompañamiento a empresas en la inserción laboral de jóvenes.
Propuestas como la Experiencia TecnoProductiva de Jujuy o Emprender Junior en Misiones que, con distintas características, buscan acercar a los jóvenes a una matriz productiva provincial en transformación. Tu Futuro en Marcha en Mendoza, una iniciativa que ofrece a los estudiantes del último año de la secundaria realizar cursos de formación en los Centros de Capacitación para el Trabajo. El recorrido del libro también incluye Santa Fe, Río Negro, La Pampa, Ciudad de Buenos Aires, Provincia de Buenos Aires.
¿Qué tienen en común estas experiencias? Tres trazos se repiten. El desarrollo de habilidades blandas (comunicación, trabajo en equipo, autonomía, pensamiento crítico) aparece como eje central en casi todas. La formación y el acompañamiento a los equipos docentes es condición de sostenibilidad. Y ninguna funciona en soledad: todas se montan en ecosistemas donde el Estado, las escuelas y el sector productivo colaboran.
La educación debe ser el pilar de una Argentina productiva y con desarrollo. Es necesario redoblar esfuerzos para que los jóvenes egresen de la escuela secundaria con aprendizajes fundamentales, como lengua y matemática, habilidades blandas y conocimientos digitales, que son las capacidades que le permitirán ganar en adaptabilidad en un mundo cambiante. En ese sentido, la institucionalización de espacios de articulación entre el sistema educativo y el sector productivo puede ser una plataforma clave.