El sistema financiero global continúa orbitando alrededor de una única variable dominante: el petróleo. Y justamente porque el shock del petróleo sigue siendo interpretado primordialmente desde su canal inflacionario, la reacción de los mercados continúa extremadamente focalizada en tasas de interés más elevadas a escala global.
El fenómeno ya dejó de limitarse al tramo corto de la curva norteamericana. Inicialmente, el mercado había concentrado el repricing en el front-end mediante break-evens de corto plazo mucho más agresivos y una Reserva Federal crecientemente hawkish, intentando evitar un paradigma “higher for longer”.
Sin embargo, lentamente el proceso comenzó también a contaminar durations largas, reflejando un mercado que ya no solamente teme inflación coyuntural, sino también una persistencia inflacionaria de horizonte temporal mucho más extendido.
La consecuencia inmediata fue un desplazamiento alcista prácticamente sincronizado de toda la estructura temporal de tasas, con fuertes pérdidas en bonos largos y una suba muy marcada en la 30yr.
Y justamente ahí aparece una de las principales paradojas del episodio actual: aun en medio de un conflicto geopolítico extremo y con petróleo persistentemente elevado, el oro no logra consolidarse como refugio dominante porque el aumento de tasas reales destruye el atractivo relativo de un activo de carry negativo. En otras palabras, el oro no responde mecánicamente a inflación, sino a la reacción de política monetaria frente a dicha inflación. Mientras la Fed permanezca agresivamente hawkish, el costo de oportunidad de mantener oro continúa aumentando.
Pero probablemente el aspecto más interesante del proceso actual sea que el mercado todavía parece relativamente lineal en su interpretación del shock. Hoy domina casi exclusivamente el capítulo inflacionario de la historia: petróleo elevado, break-evens en ascenso, tasas cortas presionadas y bancos centrales endureciendo condiciones monetarias.
Sin embargo, todavía luce insuficientemente incorporado el efecto de segunda ronda asociado al deterioro de actividad global que eventualmente genera un petróleo persistentemente elevado funcionando como impuesto implícito sobre el sistema económico mundial.
Y justamente ahí podría aparecer la próxima mutación relevante de la curva de yields. En una primera etapa, el shock reflacionario desplaza toda la curva al alza, especialmente la parte corta. Pero, más adelante, a medida que las condiciones financieras restrictivas comiencen a erosionar crecimiento y demanda agregada, el mercado podría empezar a diferenciar mucho más claramente ambos extremos de la curva: seguir castigando el tramo corto por reacción de política monetaria mientras simultáneamente comienza a comprimir durations largas ante expectativas crecientes de desaceleración global.
Dicho de otra manera, el proceso podría eventualmente evolucionar desde un paradigma dominado por inflación hacia otro crecientemente dominado por enfriamiento económico e incluso recesión. Y todavía no estamos ahí. Una curva perdiendo pendiente normalmente refleja desaceleración futura; recién cuando esa pérdida deriva en inversión de curva el mercado comienza realmente a pricear recesión de manera agresiva. Por ahora, el mercado sigue operando el “capítulo inflacionario” de la guerra.
Primero existió una percepción de guerra corta, transitoria y sin consecuencias macroeconómicas permanentes. Luego apareció el paradigma de guerra larga, petróleo persistentemente cerca o por encima de USD 100 y un mercado obligado a recalibrar expectativas inflacionarias mucho más arriba.
Ese es el capítulo dominante hoy. Pero eventualmente podría emerger el último capítulo: petróleo funcionando como impuesto global, tasas reales elevadas, destrucción de demanda y enfriamiento coordinado de actividad global. Y, justamente porque los capítulos mutan, también deberían mutar los asset classes ganadores.
Hoy el entorno sigue siendo particularmente hostil para gran parte del equity global tradicional. El endurecimiento simultáneo de tasas cortas y largas eleva costos de capital, comprime múltiplos y deteriora márgenes, especialmente fuera de Estados Unidos y particularmente en mercados emergentes, que deben convivir simultáneamente con energía más cara y yields globales más elevadas.
La excepción relativa continúa siendo el Nasdaq y el núcleo tecnológico asociado al paradigma de inteligencia artificial. Allí el mercado no solamente sigue priceando expectativas futuras extraordinarias, sino también restricciones concretas de oferta vinculadas a capacidad computacional, disponibilidad de chips y escalabilidad operativa.
Ese shock de productividad asociado a AI explica gran parte de la resiliencia relativa del equity tecnológico norteamericano frente al deterioro macro global. Sin embargo, incluso el Nasdaq comienza lentamente a insinuar ciertas dudas frente al embate persistente de tasas largas cada vez más elevadas.
Y quizá esa sea la señal más importante de todas: cuando incluso el principal ganador relativo del paradigma actual empieza a mostrar fragilidad frente a yields persistentemente altas, el mercado podría estar acercándose lentamente al momento en que deje de operar solamente inflación y comience finalmente a incorporar desaceleración global.