En una licitación adelantada por el partido, la Secretaría de Finanzas adjudicó ayer $ 5,44 billones, tras haber recibido ofertas por $ 8,45 billones. Es decir, un rollover del 183,12% sobre los vencimientos de la fecha. Recaudó u$s 470 millones con el Bonar29, al 8,29%. Se usarán para juntar los u$s 3700 millones de superávit financiero que se planean usar el año próximo en la refinanciación de vencimientos de capital, según el programa anunciado la semana pasada.
Con los u$s 73 millones de ayer, en tres días, el Banco Central acumuló compras por u$s 885 millones en tres días. El dólar, en tanto, retrocedió a menos de $ 1500. La inflación de junio, anunciada el martes, fue del 1,9%, la más baja en 10 meses y el nivel que había tenido en julio y agosto del año pasado, antes del repunte que tuvo pico en el 3,4% de marzo, último rezago de la volatilidad e incertidumbre electoral.
El riesgo país volvió a bajar ayer, a 404 puntos, ahí nomás de los 402 del viernes, piso desde abril de 2018.
Al “Messi de las finanzas”, como alguna vez se lo definió, el mercado le festeja los goles. Pero hay otros que, todavía, necesita que le aplaudan.
La macro es para celebrar. Un FMI que ajusta sus pronósticos mundiales mantiene los de la Argentina (3,5% este año y 4% el próximo). Las exportaciones y el superávit fiscal son récord. Economía lleva aprobados 21 RIGI, por u$s 46.700 millones. “Sobran dólares”, dice. Y es cierto.
Tanto como que, todavía, esa moneda tiene otra cara. El Indec difundió ayer que el uso de capacidad instalada en mayo fue del 58,4%, por debajo del 59,8% de un año antes. En abril, había sido del 59,9%, superior a la de abril de 2025. Luz de atención. Como la encendida la semana pasada, con una caída del 5,7% de la industria en mayo, el doble de lo que había sido en abril (2,8%).
El Gobierno está convencido, y sigue esa línea, de que arreglar la macro ordena la micro. Confía en que llegará a la reelección con ese partido ganado. Pero, como en el futbol, se gana con goles. Y eso siempre implica un riesgo: que, de un día al otro, el Messi aplaudido de hoy termine siendo el Cavani de mañana.