Javier Milei lo dijo infinidad de veces: “Mi única política sectorial es que no haya política sectorial”. El Presidente, fiel a su credo, se guía por un mandato: “Don’t pick the winners”.
La industria automotriz le plantea un desafío. En tres décadas, se estructuró sobre el acuerdo que rigió a la industria en el Mercosur.
Es cierto: hubo asimetrías. Se profundizaron en los últimos años, caracterizados por la necesidad de acelerar en la transformación de la industria automotriz. Precisamente, para no perder terreno en esa carrera, las terminales -en especial, la de este lado de la frontera- necesitan previsibilidad. Y no sólo por la electrificación. También, por la agresiva llegada de China.
Por eso, alertan sobre la necesidad de definir ya el acuerdo que vencerá en junio de 2029. Rodrigo Pérez Graziano, presidente de Adefa, la cámara de las terminales, alertó que se está discutiendo ahora el ciclo de inversiones para entonces.
Con la bandera de la baja de precios, el Gobierno abrió el mercado local, en especial, a marcas asiáticas. Pero, del otro lado, dejó caer el acuerdo con México, que habilitaba ingreso de autos sin arancel.
Qué ocurrirá con Brasil es una incógnita inquietante. El Gobierno -poco fan del Mercosur- plantea reformas económicas estructurales, que incluyen cambios en las reglas de la región. En un contexto, además, en el que los impuestos ya son un lastre para las automotrices que exportan.
Las terminales quieren consolidar al Mercosur como plataforma de exportación global. Pero, por la carga tributaria, una de las fabricantes locales más competitivas ya perdió México y América central como mercados. Y otra -también de las más exitosas- conserva algunos destinos sólo porque envía a pérdida.
A veces, por no elegir ganadores, se puede estar haciéndolo con los perdedores.
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