Levantar la economía después del virus también requerirá consensos

Hay una lección que el mundo está aprendiendo dolorosamente: cuanto más espacio tenga el coronavirus para crecer y desarrollar picos de contagio, más difícil va a resultar aplanar esa curva. Por eso la acción de la OMS y los gobiernos apunta a tomar decisiones que son difíciles cuando se las compara con la vida cotidiana, pero que ganan otra razonabilidad cuando lo que se mide es el riesgo de una enfermedad a la que no le cuesta demasiado desbordar los sistemas de salud.

Hasta la semana pasada el presidente Alberto Fernández venía enfrascado en sus propios dilemas, oscilando entre los múltiples frentes que crea una epidemia (incluida la pregunta sobre si hay un grado de prevención excesivo o si todo lo que se haga debe ser gradual y tranquilizador) y la reestructuración de la deuda en dólares, su otra obsesión de gestión. Nadie duda de que es sumamente complejo timonear una situación que a nivel global cambia todos los días y de la que no hay antecedentes, ni un manual que indique cómo comportarse.

Pero hubo un clic. Mientras China empezaba a visualizar un menor ritmo de expansión del virus, Europa y Estados Unidos crecían como nuevos focos. Y desde ese momento, apareció una nueva convicción: promover el aislamiento por 14 días como la mejor forma de prevención. Si en ese plazo el virus no aparece, habrá una batalla ganada (no la pelea). Así fue como la Argentina se embarcó en el cierre de fronteras, la suspensión de las clases y la habilitación del trabajo remoto tanto para el Estado como para el sector privado.

Lo que ocurrió en ese camino fue la posibilidad de iniciar un trabajo conjunto con los referentes de la oposición que tienen responsabilidad territorial. Así se vio a Horacio Rodríguez Larreta acompañando decisiones del Presidente. Y se verá mañana, cuando Alberto reciba a los principales referentes legislativos de Juntos por el Cambio. Los empresarios también empezaron a mostrar una actitud pública de comprensión y apoyo. El caso más paradigmático lo representó la Mesa de Enlace, que ofreció su colaboración luego de liderar un paro contra el Gobierno por el aumento de las retenciones.

Lo que falta ahora es que este clima de concordia pueda ser traducido en acciones responsables de aquellos que deben lidiar con la Argentina de la desconfianza, en la que los precios aumentan por las dudas o por simple especulación y en la que el Estado suele ser parte del problema y no de la solución. Ese escenario es tan real como la pandemia, y también requiere consensos, en los que por ejemplo se evite lucrar con insumos esenciales. El Consejo Económico y Social todavía no existe, pero sería oportuno que lo active este viento de cola antes de que la necesidad lo instale como una oportunidad que no se vio llegar.

Jefatura de Redacción
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