El coronavirus y la crisis del petróleo, la tormenta que Alberto no esperaba

No es nuevo. La historia indica que el ser humano le teme a lo desconocido. Tampoco es nuevo que las sociedades buscan respuestas. Los dioses y los magos, las religiones, y la razón en estos tiempos buscan explicar lo que no se conoce.

El genial poeta nicaragüense, Rubén Darío, supo escribir: "Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo, y más la piedra dura porque esa ya no siente, pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente. Ser y no saber nada, y ser sin rumbo cierto...". El poema de Rubén Darío, titulado "Lo fatal", es una muestra clara que el ser humano sufre cuando no encuentra respuestas.

El coronavirus, el virus por el cual hay miles de infectados, amenaza con transformarse en una pandemia. Pero a medida que aumenta la propagación, aumenta el pánico. De nada sirve que los médicos infectólogos digan que aún con mutaciones, la mayoría de los infectados logró superar la enfermedad. De nada sirve que el ministro de Salud, Ginés González García, afirme que el dengue, hoy por hoy, es una preocupación mayor porque hay más casos y más muertes.

El tema es que a la sociedad nadie le puede explicar por qué hay infectados en el norte de Italia y no hay en Suiza, ni en la frontera con Francia, ni en Eslovenia, ni en Austria. Países donde el tránsito terrestre es intenso y las vías de conexión con Italia son de miles de frecuencias diarias solo contando trenes, micros y autos. La sociedad también sabe que si bien hay estudios, todavía no existe una vacuna para contrarrestar la enfermedad.

Bajo este panorama de verdadero caos mundial las economías se contraen, las bolsas se desploman como castillos de naipes y la Argentina sufre una tormenta perfecta. Es así, la tormenta perfecta no la tuvo el gobierno de Mauricio Macri como se creyó. La tiene el de Alberto Fernández. Es que en pleno proceso de empezar a renegociar la deuda aparece el coronavirus, cuya principal consecuencia es tirar por el piso los precios de las commodities. Así, la soja vale menos. Y la Argentina exporta soja con la particularidad de que al no tener consumo interno de la oleaginosa, tampoco es determinante en el proceso inflacionario. Pero la crónica de calamidades económicas no termina ahí.

El precio del petróleo bajó esta semana a niveles impensados. Tal situación enciende una alarma en Vaca Muerta, y si bien todas las inversiones son a largo plazo, no deja de ser preocupante que con el actual precio del barril de crudo producir petróleo y gas no convencional no sea conveniente. Si a esto se suma que la industria petrolera decía el año pasado que con un riesgo país de 700 puntos básicos no iban a poder financiarse proyectos en Vaca Muerta, no hay que ser muy ingenioso para observar que con 2800 de riesgo país las probabilidades son menores. En el medio hay que renegociar la deuda, bajar la inflación y recuperar la economía ¿No será mucho?

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