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Buenas prácticas en la cultura empresarial

ALEJANDRO ROIG Director de Comunicación y Relaciones Institucionales de Laboratorios Amerex

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Buenas prácticas en la cultura empresarial

Con la creciente preocupación provocada por diversas cuestiones que hacen a la destrucción del medio ambiente, es primordial incentivar y desarrollar buenas prácticas en los procesos productivos que las empresas llevan a cabo, para la generación de sus productos.

En este contexto, el compromiso y prácticas socialmente responsables, deben transcender las condiciones óptimas de los productos que comercializan, atendiendo de igual modo el cuidado del ambiente donde se desarrollan.

En este sentido y para ser concretos, podemos citar tres ejemplos tangibles que demuestran que actuando adecuadamente, se pueden generar en diferentes procesos e industrias, buenas prácticas en pos del cuidado del medio ambiente.

El tratamiento de efluentes es un proceso fundamental en gran parte de las prácticas productivas, ya que afecta de modo directo al entorno. Es condición primordial, que los residuos sean tratados en una primera instancia de forma óptima en las unidades industriales, y respondiendo a la legislación específica de cada sector. Una vez cumplido este primer gran paso, se pueden incorporar bacterias específicas, que aceleran el proceso de degradación y hacen que los efluentes lleguen al descarte sin provocar daños ambientales.

En el caso de los hidrocarburos, las demandas de la población, una legislación que monitoriza en forma eficiente y estricta esta actividad, las normativas legales y una creciente concientización relacionada con los daños ambientales provocados, han determinado un cambio de actitud en relación a los procedimientos. Gracias a esto, los inconvenientes históricos de imagen, han sido superados. Por lo que hoy en día las inquietudes a atender pasan por otro lado: efectuar procedimientos que garanticen la menor interferencia medioambiental posible y remediar los daños provocados en actividades del pasado.

Para el sector agro-ganadero, el desafío radica en tomar conciencia de que es posible mantener la producción y rentabilidad reemplazando la utilización de agroquímicos y antibióticos, para darle paso a una agronomía y ganadería basadas en prácticas más naturales y sustentables, teniendo para esto a la microbiología como aliada.

Incorporando en el suelo, microorganismos que funcionen como biofertilizantes y biopesticidas para el cultivo.

Y en el caso de la cría de animales para consumo, suplantando el excesivo uso de antibióticos por probióticos, y otros aditivos naturales que actuarán como promotores del crecimiento animal, optimizando su salud general.

Es así como una, a una, todas las industrias deben hacer lo propio desde el lugar que ocupan, no sólo para garantizar la excelencia en los productos que comercializan, sino para resguardar el ambiente en el que lo hacen.

Ya no se aceptan procesos productivos que consideren la Responsabilidad Social Empresaria como algo extraordinario, o una ‘moda’.

Por eso es primordial que desde la dirección se fomenten políticas a partir de cuales no solo se generen productos da calidad, sino que el foco esté puesto en garantizar condiciones óptimas para el cuidado del medio ambiente. Tomando a la Responsabilidad Social Empresaria como una política esencial en la cultura de la empresa.

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