Alberto abre juego para diagnosticar pero concentra más las decisiones

El presidente electo está consiguiendo domesticar la ansiedad natural que provoca todo cambio con dosis homeopáticas de planes y propuestas. Alberto Fernández no es un hombre al que le guste tercerizar las tareas difíciles. Es más, muchos aseguran que como jefe de Gabinete de Néstor Kirchner su estilo es más bien el contrario: le gusta estar al tanto de todo y darle su impronta personal a las decisiones. Por eso no aparece hasta ahora un hombre o un equipo que baje línea -especialmente en lo económico- sino expertos de su confianza que reciben la indicación de trabajar en una temática, sin la exigencia de tener que adoptar definiciones. Eso sucederás más cerca de diciembre, y emanará del ganador de las elecciones.

El largo diálogo que mantuvo Fernández con Roberto Lavagna transmite ese deseo de tener un diagnóstico lo más claro posible, y recoger de alguien con la experiencia del ex ministro de Economía, una visión sobre qué hacer y cómo. La posibilidad de que el candidato de Consenso Federal se integre al gabinete luce difícil, sobre todo por el elemento simbólico que representa para quienes lo acompañaron en las elecciones, que en menos de dos meses su candidato presidencial tenga un cargo en el gobierno de alguien con quien compitió.

Pero en el esquema de poder centralizado que podría manejar Fernández, hay una institución que podría amoldarse a la estatura de Lavagna: el Consejo Económico y Social, un órgano que debería ser creado por ley y que tendría como rol consensuar las políticas que deben aplicar los ministros. El futuro jefe de Estado quiere integrar en ese órgano a otros opositores, además de a sindicalistas y empresarios. Es un formato más ecuménico, que le permitiría a Lavagna practicar el diálogo sin comprometerse al hecho de que los ministros, al fin y al cabo, deben aceptar órdenes del Presidente.

Santiago Cafiero, en caso de acceder a la Jefatura de Gabinete, tiene más el perfil de un coordinador que el de un diseñador de políticas. Su mayor activo en realidad es la confianza que le tiene su jefe, y ser el frontón de todas las ideas que acumula Fernández en su permanente ronda de conversaciones. Habrá que ver si en ese rol de confidente llega a tener la ascendencia que logró Marcos Peña sobre Mauricio Macri.

El llamado de Donald Trump, seguido por el de Angela Merkel, seguramente ayudará a descomprimir un frente crítico en el que se avanzará poco durante la transición: la renegociación de la deuda y la relación con el FMI. Que ya se especule con un encuentro entre Fernández y el jefe de la Casa Blanca anticipa que en esta nueva ronda el peronismo (en donde el kirchnerismo pasa a ser una línea interna poderosa, pero no hegemónica) no se definirá como un movimiento dogmático, sino pragmático. Es un cambio.

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