

En el sur de Lima, Perú, en el distrito de Chorrillos, existe un estadio que nunca funcionó como tal. Tiene capacidad para 15.000 personas, una pista atlética de 8 carriles y 50 palcos. El Estado peruano invirtió más de S/18 millones de soles, unos USD 5 millones, en su construcción. Hoy, catorce años después de que comenzaran las obras, el recinto es utilizado como depósito de basura, maquinaria en desuso y vehículos abandonados.
El caso del estadio San Genaro volvió a la opinión pública en los últimos días luego de que imágenes aéreas del recinto se viralizaran en redes sociales. Las fotografías muestran las graderías deterioradas, el terreno de juego convertido en escombros y toneladas de residuos acumulados en el interior, generando una ola de indignación ciudadana en Perú.
El estadio que se construyó “por obra y gracia de Dios”
Las obras del estadio comenzaron en 2012, durante la gestión del exalcalde de Chorrillos Augusto Miyashiro Yamashiro. Sin embargo, la obra nunca fue concluida y, con el paso de los años, fue quedando en el abandono total. Lo más grave del caso no es solo el deterioro físico del recinto: es que no existe ningún expediente técnico, ninguna ficha de obra ni facturas que respalden la inversión realizada.
El alcalde actual de Chorrillos, Fernando Velasco, resumió el escándalo con una frase que se hizo viral: “Este estadio se construyó por obra y gracia de Dios”. Con esa expresión, el funcionario reconoció públicamente que la obra no cuenta con documentación oficial que permita su recuperación administrativa ni la rendición de cuentas sobre los recursos invertidos.

¿Qué va a pasar con el estadio San Genaro?
Las autoridades locales evalúan actualmente la demolición del estadio como única salida viable. La razón no es solo el escándalo político: el recinto presenta daños estructurales que representan un riesgo real para la seguridad de los vecinos del sector. Sin documentación técnica, cualquier intervención de recuperación resulta imposible desde el punto de vista administrativo y legal.
La decisión de demoler implicaría, en la práctica, que el Estado peruano pierda definitivamente los más de USD 5 millones de invertidos, sin que el estadio haya servido jamás para el fin para el que fue construido. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) tiene registrada la inversión, pero la falta de expedientes impide cualquier proceso formal de recuperación o reactivación del proyecto.
Un caso que no es el único en América Latina
El estadio San Genaro no es una excepción en la región. América Latina tiene una larga historia de elefantes blancos: obras públicas que consumieron millones en recursos estatales y nunca cumplieron su función.
Entre los casos más documentados están el Aeropuerto Internacional del Lago de Texcoco en México, cuya construcción fue cancelada en 2018 tras invertir más de USD 13.000 millones; el estadio Mané Garrincha de Brasilia, construido para el Mundial 2014 con un costo de USD 900 millones y que hoy opera con pérdidas millonarias mensuales; y en Colombia, el Parque Temático Jaime Duque de Tocancipá o el hospital de Gramalote en Norte de Santander, reconstruido tras un desastre natural y entregado años después de lo prometido con sobrecostos significativos. En Venezuela, el caso más extremo es el de decenas de torres de vivienda social del programa Gran Misión Vivienda, entregadas sin servicios básicos ni acabados y que hoy se deterioran sin uso real.
El patrón se repite: inicio de obras en períodos electorales, ausencia de supervisión técnica, cambio de administración y abandono definitivo. El estadio de Chorrillos es, en ese sentido, un símbolo de lo que ocurre cuando la infraestructura pública se convierte en instrumento político sin control ciudadano ni rendición de cuentas.











