Tiene 79 años y sigue dando pelea para ser el enólogo más innovador de Mendoza

Tiene 79 años y sigue dando pelea para ser el enólogo más innovador de Mendoza

Alfredo Roca es el director de la bodega familiar homónima. Pionero de San Rafael como región productora de etiquetas premium, fue el gran promotor del cultivo de cepas no tradicionales y de la exportación de etiquetas nacionales. 

Sapiencia, serenidad y sentimentalismo. Estos tres adjetivos calificativos definen a la perfección la personalidad de don Alfredo Roca, director de la bodega que lleva su nombre, en el corazón del oasis sur mendocino. Auténtica enciclopedia viviente, es un innovador por naturaleza: fue el gran promotor del cultivo de uvas no tradicionales y del comercio exterior en la región vitivinícola de San Rafael. Formado en Enología en el Colegio Salesiano Don Bosco, es discípulo del presbítero Francisco Oreglia, quien le inculcó la idea de que el vino es arte, además de ciencia.

Alfredo Roca nació en 1939 en El Cerrito, distrito de San Rafael. Con apenas 13 años inició su formación en el Colegio Don Bosco, de donde egresó como enólogo. A fines de 1971 se casó con Gladys Nuri Zingaretti, también integrante de una familia de viñateros. En 1976 adquirió, junto con dos socios, una bodega construida en 1905 en Cañada Seca. Con los años, compró las partes de sus socios y se propuso escalar la compañía y exportar. En 1987 participó de la primera comitiva de bodegas argentinas que asistió a Vinexpo, en Francia, donde sus vinos fueron premiados con medallas de oro (merlot y chenin) y plata (malbec).

¿Cuál es el significado del vino en su vida?

¡Lo es todo! Nuestros orígenes están vinculados a familias productoras de uvas de calidad. Y a través del tiempo se ha dado una emotiva continuidad generacional entre abuelos, padres e hijos apasionados por el metier vitivinícola. Todos los Roca somos absolutamente felices en nuestro trabajo. Con mi señora, Gladys, hemos sabido transmitir a nuestros hijos los más profundos sentimientos por la vid.

¿Qué hace bueno a un vino?

Aunque parezca una frase hecha, la base del buen vino nace en un viñedo. Por eso soy un obsesivo del control total sobre la plantación. A la planta hay que cuidarla desde el riego hasta el momento de la cosecha. Si bien no podemos manejar la naturaleza, debemos aprovechar lo que ella nos da para aplicar nuestro saber profesional en el terruño. Eso nos permite estar un paso adelante. Por ejemplo, hace unos años era impensado producir un torrontés en San Rafael. Pero con amor y dedicación, lo hemos logrado.

Valle de Uco y Luján de Cuyo son sinónimo de vino mendocino. ¿Qué rol tiene San Rafael como región productora?

Es un ícono de la viticultura a nivel mundial. San Rafael es la región pionera en comercio exterior del vino argentino desde fines de los ‘80. Tengo el orgullo de atesorar un diploma en el que me mencionan como precursor en el tema. No debemos perder tiempo mirando hacia atrás, pero el pasado nos ayuda a entender el presente. Hace tres décadas participamos en un concurso internacional de vinos en Burdeos y obtuvimos doble medalla de oro con nuestros chenin blanc y merlot, y una medalla de bronce con el malbec. Así nos posicionamos como un emprendimiento vínico referente en la elaboración de partidas limitadas, selectas, que expresan lo mejor de la región.

¿Qué caracteriza a los vinos sanrafaelinos?

Son productos con mucha personalidad, elegantes, agradables, que nacen en la inmensidad de un imponente oasis, 230 kilómetros al sur de Mendoza Capital. Por ende, las noches son más frías -tres grados menos que en la denominada Primera Zona y el norte de la provincia-, favoreciendo un buen desarrollo de la uva, que adquiere características especiales. En breve estaremos lanzando un vino súper peculiar, símbolo de la zona. Será un blend de uvas, algo rarísimo y exótico en el mercado. En la finca tenemos un viñedo muy añejo, de más de 100 años, trabajado según la percepción de nuestros abuelos, con mezclas de variedades en la misma hilera, para provocar una mejor polinización. ¡Hasta había colmenas entre las viñas! De la mezcla de malbec, cabernet y bonarda, en la misma fila, saldrá un vino que dará que hablar.

¿Cómo se convirtió en uno de los pioneros locales de las de cepas no tradicionales?

Siempre tuve el ferviente deseo de descubrir nuevas variedades. Durante mi primer viaje a Europa, estuve dos meses recorriendo las más prestigiosas zonas enológicas y volví convencido de que la Argentina es un lugar excepcional para la elaboración de productos de excelencia.

¿El malbec sigue siendo el rey?

Por supuesto. Es versátil, dúctil y da vinos para todos los gustos: frutados, especiados y hasta rosados sutiles. De hecho, San Rafael es una zona vitivinícola estrechamente vinculada con el malbec. Lo importante es que otros varietales adquieran protagonismo. Mi gran debilidad es la bonarda, que vinificamos a partir de una parcela de un viñedo muy antiguo, de más de 85 años, con troncos de 20 centímetros de diámetro. Al tener un bajo rendimiento natural, hemos logrado una expresión fabulosa.

Hizo mucho ruido el lanzamiento de un rosado de invierno, para beber a la misma temperatura que un tinto ligero.

Parece raro, pero no lo es. Nuri es un producto muy refinado, pensado para tomar del mismo en el que bebemos un tinto joven: fresco, pero sin enfriar. Es ideal para disfrutar en invierno. Tiene 96 por ciento de malbec y 4 % de sangiovese, variedad con mucho futuro en nuestro país. Nos sumamos a la onda de los rosés de La Provence.

¿Cómo es trabajar en familia, en tiempos en que las bodegas son grandes corporaciones?

Me da una alegría inmensa. Es un placer indescriptible. Junto con Gladys, mi fiel compañera, siempre hemos pensado en la continuidad generacional. Con mucho respeto, sostengo que el amor con el que trabaja una bodega familiar es muy difícil que lo pueda replicar un proyecto de inversiones internacionales. El sentimiento del dueño de un emprendimiento de familia es único e irrepetible. Además, mi mujer y yo nos sentimos muy orgullosos cuando vemos a nuestros tres hijos involucrados con la misma pasión en la empresa. Alejandro, Carolina y Graciela son mis joyitas: trabajan a la par en la elaboración de los vinos, la administración y la parte comercial. Y todo a pulmón, con un esfuerzo realmente descomunal. Hoy, la cuarta generación toma las riendas del negocio. Mi ilusión es que mis nietos continúen este proceso hecho a base de amor y responsabilidad.

Don Alfredo Roca junto a Gladys, su fiel compañera de vida. La cuarta generación de la familia ya está al frente de la bodega

En base a su experiencia, ¿cuál es la receta del éxito en la industria del vino?

El secreto radica en el profesionalismo y la seriedad para trabajar desde el viñedo hasta el diseño de la etiqueta. Si tenés un buen vino pero la etiqueta sale de las cavernas, no sirve de nada el esfuerzo realizado. Y si el consumidor no encuentra en el líquido lo que dice la contraetiqueta, no comprará más ese producto. Considero que la receta es ser honestos y sensatos.

¿Cómo ve a la nueva generación de enólogos?

Las nuevas y talentosas camadas me exigen seguir creciendo sin prisa ni pausa. No puedo estancarme ni aburguesarme. Mi desafío es mantener la calidad a partir de una sana e intensa competencia. Por ello, trabajo en Semana Santa, Carnaval o cualquier día no laborable. Las levaduras no se toman feriado y yo tampoco puedo parar. Para mí, un domingo es igual a un lunes o un viernes: todo el año me arremango, me pongo ropa de bodega y pateo la finca. Me dedico a mi profesión 24 horas diarias, los 365 días del año.

¿Cómo analiza el impacto de la coyuntura económica en el rubro?

Como empresa familiar, hemos mantenido las exportaciones con un costo alto para nosotros. Si la inflación es mayor que la devaluación de la moneda, la rentabilidad se deteriora. Esta devaluación nos permite tener una rentabilidad razonable. Si el dólar acompaña la inflación, nos mantenemos en pie. El hecho de tener un único tipo de cambio favorece a las empresas exportadoras. En relación a la competitividad como país, aún hay muchas cosas para trabajar y mejorar. Si bien hemos perfeccionado la infraestructura de puertos y rutas, debemos lograr más agilidad y tener menos burocracia. Por ejemplo, si una bodega argentina desembarca en China debe pagar 48 % de tasa de impuesto; Chile, en cambio, no pone un peso porque tiene tratado de libre comercio. Debemos evitar esos desfasajes.

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