Hay diversas maneras de recorrer los pequeños paraísos para la fauna que se extienden a lo largo de la Costa Atlántica argentina, pero pocas tan placenteras, silenciosas y amigables con el ambiente como las travesías en kayak. Ya se ha dicho aquí en otras ocasiones: de todas las actividades turísticas en la naturaleza, el kayak de travesía es la que más crece en todo el mundo. Razones no faltan: no es necesario ser un atleta para disfrutar de una perspectiva única. Si a esto se le agrega que el escenario de tal viaje es el joven Parque Nacional Marino, ubicado en la costa de Chubut, con sus más de 40 islas diferentes en las que anidan pingüinos, cormoranes, gaviotines, ostreros, petreles y el singular pato vapor, la propuesta es irresistible.

En esta franja protegida van y vienen del agua a la tierra y viceversa lobos y elefantes marinos. Un poco más allá, nadan los delfines. También forman parte del paisaje los accidentes costeros, como el Cabo Dos Bahías, límite norte del área protegida, una formación rocosa de origen volcánico, de intenso color rojo, que se mete unos 30 kilómetros en el Mar Argentino.

Desde aquí parte una travesía de cinco jornadas, cuyo costo ronda los $ 8000, que incluye horas de remar, noches de campamento en recodos desiertos de la costa, pero también un par de jornadas en la confortable estancia turística Bahía Bustamante, una propiedad de 80.000 hectáreas que posee un pequeño pueblo privado en la margen norte del Golfo San Jorge.

El lugar de referencia para iniciar la travesía es Puerto Madryn o Trelew. Allí se arriba en avión para luego trasladarse por tierra hasta Camarones.

Tras una primera noche en el campamento en Bahía Arredondo, a orillas del mar, se realiza un pequeño entrenamiento antes de hacerse al agua. El segundo día se recorren Bahía Cayetano, Bahía Huevo, Isla Valdés, Península San Antonio y Caleta Hornos. El tercer turno corresponde a la Isla Leones, en donde los pingüinos, ya dispuestos a volver a alta mar, están completando su temporada de cría.

Los días 4 y 5 transcurren con algunos trayectos por tierra, para llegar a Bahía Bustamante, donde se conoce el primer pueblo alguero del mundo.

Para coronar el viaje, la propuesta incluye salir a navegar hasta las recortadas costas de la Península Gravina, almorzar en alguna de sus paradisíacas playas y luego seguir hacia el Archipiélago Vernacci, poblado por colonias de lobos marinos, pingüinos y coloridas aves marinas. Finalmente, el mar dejará paso a la tierra, y en la sexta jornada habrá tiempo de recorrer un Bosque Petrificado y la Estancia Las Mercedes, vecina de Bahía Bustamante, pero además dueña de una huerta orgánica que nutrirá el almuerzo en uno de sus quinchos. Esa comida entre compañeros de remada será la despedida antes de regresar al aeropuerto, con las mochilas cargadas de imágenes de una Patagonia que, aún hoy en el siglo XXI, espera ser redescubierta. z we