

Cada destino tiene su momento ideal del año para disfrutar al máximo. La primavera es, entre otras cosas, el tiempo perfecto para recorrer las formas inverosímiles de Ischigualasto, en la provincia de San Juan. Pero también para ver cómo el verde se abre paso en el desierto, en el vecino Valle Fértil.
Esta zona, fácilmente accesible desde Córdoba y desde la capital sanjuanina, aparece como una alternativa para los feriados largos de octubre y noviembre. O simplemente, como un adelanto de las vacaciones de verano.
Si el punto de partida es la ciudad de San Juan, habrá que tomar la ruta 20 en dirección al paraje Difunta Correa. Luego, cerca del control policial de Bermejo, hay que ir hacia el norte por la ruta 510. En total, se recorren 260 kilómetros para arribar a San Agustín del Valle Fértil.
Como su nombre sugiere, se trata de un oasis ubicado junto a la agreste quebrada del Río Chucuma. A su alrededor aparecen parajes como Astica, Usno, La Mesada y Las Tumanas, cada una igual y diferente a las otras, todas ellas en el camino que lleva al Valle de la Luna.
En Astica, por ejemplo, las chacras y huertas familiares brindan la oportunidad de agasajar al paladar, en especial con los cítricos locales. Limas de Persia, toronjas, naranjas, pomelos y mandarinas perfuman con sus flores el aire.
En Las Tumanas se pueden visitar ruinas jesuíticas o los morteros de la Finca Fátima, así como los olivos históricos de La Mesada, según se cuenta, los más antiguos de la provincia.
Por supuesto, San Agustín de Valle Fértil es la población más importante de la zona. Es el sitio para encontrar buen alojamiento, especialmente en los segmentos de cabañas y aparts. Como ocurre en otros puntos de la provincia, las poblaciones suelen reunirse alrededor de un dique, de modo que junto a la ciudad, el sol se refleja en un lago apto para las actividades náuticas y la pesca.
Claro que el objetivo primordial sigue estando en la visita a Ischigualasto, que junto con su vecino Talampaya conforman un sitio declarado Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco. La razón de esa distinción es que entre ambos conforman el único lugar en todo el planeta donde se encuentra una secuencia completa de sedimentos continentales del Periodo Triásico de la Era Mesozoica. Normalmente, la última oración no es muy significativa, salvo para los que entienden de geología. Pero tras visitar estas tierras, cobra sentido para cualquiera.
Viaje al pasado
Desde Valle Fértil se continúa el camino por la Ruta Nº 510 y por la Ruta Nacional Nº 150. Son 80 kilómetros que están en proceso de pavimentación, de modo que hay tramos de desvío con un ripio que exige andar con cuidado y otros ya asfaltados. Al parque se arriba por el sur y el primer contacto será con los guías que acompañen al grupo en la recorrida por las diferentes secciones. Ellos están allí para darle sentido al paisaje y ayudar al viajero a interpretar lo que ve. Las formaciones subyugan con su belleza caprichosa, pero se vuelven aún más interesantes cuando uno entiende qué es lo que allí ocurrió; cómo el viento, las temperaturas y el agua modelaron las rocas.
El tiempo promedio de la visita a todo el circuito de formaciones es de casi cuatro horas, y la distancia a transitar es de apenas 40 kilómetros. Aquí y allá se hacen pequeñas caminatas para alcanzar un mirador o explorar mejor un sector de especial interés.
Todo el primer tramo está signado por la formación Los Rastros, con sus areniscas pardas y los negros niveles de carbón que se notan claramente en la geoforma El Gusano. Sedimentos muy finos, grises y negros, declaran la existencia pretérita de un lago, que era alimentado por ríos cuyos rastros se ven en los mantos de areniscas pardas. Pequeñas hojitas negras diseminadas en los estratos más oscuros cuentan que las orillas del lago estaban cubiertas de vegetación.
Así, dando sentido a cada indicio, se disfruta el Balcón de Valle Pintado, desde donde se empieza a ver la Formación Ischigualasto, cuyas formas dieron pie al apodo de Valle de la Luna. Aquí aparecen geoformas como el Mapa de San Juan y Los Vagones, aunque una de las más famosas es la Cancha de Bochas. Allí, gruesas y claras areniscas que coronan las partes más elevadas del paisaje señalan que caudalosos ríos atravesaban estas llanuras hace 230 millones de años.
La visita continúa y se suceden rocas inverosímiles con nombres como el Submarino o el Hongo, hasta alcanzar la zona más joven del parque, la Formación Los Colorados, de solo 220 millones de años. Aquí todo tiene una dimensión especial; lo que parecen solo rocas extrañas son artesanías que el tiempo ha construido con una dedicación y una paciencia que solo la Tierra puede exhibir. z we










