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En Estados Unidos, los tribunales pueden quitar la custodia y la tutela de un hijo menor de edad a ambos padres si consideran que permanecer con ellos no garantiza su bienestar. Esta decisión se basa en el principio legal del best interest of the child, interés superior del menor (como se lo conoce en español), un estándar que prioriza la seguridad, estabilidad y desarrollo del niño por encima de cualquier otro derecho.
El criterio es aplicado por tribunales estatales de familia en todo el país y está reconocido en lineamientos oficiales del Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (como se lo conoce en español), que establece que todas las decisiones de protección infantil deben centrarse en el bienestar integral del menor.
Qué significa el principio del interés superior del menor
El concepto de interés superior del menor implica que el juez debe analizar múltiples factores antes de tomar una decisión extrema como revocar la tutela parental. Entre ellos se evalúan la seguridad física del niño, la estabilidad emocional, la capacidad de los padres para cubrir necesidades básicas y la existencia de abuso o negligencia.
Los tribunales pueden intervenir cuando hay pruebas de maltrato, abandono, violencia doméstica, consumo problemático de sustancias o incapacidad grave para ejercer la crianza.
En qué casos la Justicia puede quitar la tutela a ambos padres
La revocación de la tutela no ocurre por conflictos menores. Se produce cuando el tribunal determina que ninguno de los dos progenitores puede ofrecer un entorno seguro y estable. En esos escenarios, el juez puede ordenar la pérdida de la custodia legal y asignar la responsabilidad a un tercero.
El sistema judicial analiza pruebas documentales, informes de trabajadores sociales y evaluaciones psicológicas. La decisión debe estar respaldada por evidencia clara de que la permanencia con los padres perjudicaría el desarrollo del menor.
¿Puede entregarse el niño a una pareja amiga?
De acuerdo con la ley, si el interés superior del menor lo justifica, la custodia sea otorgada a un tercero que demuestre condiciones adecuadas para su cuidado. Esto puede incluir a familiares, abuelos o incluso una pareja amiga cercana que tenga vínculo estable y capacidad comprobada para ejercer la tutela.
El criterio central no es el vínculo biológico, sino qué entorno garantiza mayor protección, estabilidad y bienestar. Por eso, bajo el principio del interés superior del menor, la Justicia puede apartar al niño de sus padres y entregarlo a otro adulto si considera que esa decisión protege mejor sus derechos fundamentales.