

Podría ser la pesadilla de cualquier abuela: un hombre de 34 años ganó el Record Guinness por realizar el viaje más largo del mundo sin usar calzado.
El protagonista de la travesía, Eamonn Keaveney, recorrió 6.805,93 kilómetros con sus pies completamente desnudos desde Estambul hasta Irlanda en un viaje que tardó más de un año en concretarse. Específicamente, fueron 369 días de poner a prueba sus capacidades físicas.
“No hace falta decir que mis pies me han dado un golpe terrible”, afirmó el irlandés al Guinness World Records. “Aunque mis plantas eran bastante gruesas, los largos días caminando sobre asfalto literalmente desgastaban la piel, a veces hasta sangrar”, explicó.

Eamonn Keaveney: el desafío de cruzar un continente sin zapatos
Keaveney -quien ya tiene un récord por realizar caminar descalzó e incluso ganó otro por llevar a cabo la travesía más rápida en monociclo de su país- explicó que necesitaba un desafío mayor, como el de cruzar un continente.
En una serie de videos publicados en sus redes sociales explicó los artículos que lo acompañaron y que necesitó para completar esta nueva meta. Entre ellos se encuentran
- Una mochila de gran tamaño con diversos compartimentos
- Bolsa de dormir
- Fundas varias, impermeables, para objetos como la ropa, la mochila y la bolsa de dormir
- Colchoneta para dormir
- Carpa
- Gorro y sombrero
- Ropa de secado rápido y dos pantalones
- Chaleco de alta visibilidad
- Teléfono celular
- GPS
- Cargador portátil
- Cables con diferentes fichas
- Adaptador para enchufes
- Auriculares con cable
- Lámpara de cabeza
- Inflador para el colchón
- Toalla
- Filtro de agua (que no fue usado)
- Kit de primeros auxilios
- Pala (que usó como “tecnología de baño”)
- Tenedor y cuchillo
- Neceser
- Cuadernos para documentar el viaje
Principales desafíos de caminar descalzo desde Estambul a Irlanda
Su testimonio no priva los detalles duros del viaje, que no sólo se limitaron a un intenso dolor de pies, sino también a infecciones, espinas clavadas, trozos de cristal incrustados en la piel, una fractura, una mordida de perro y, quizás el peor de sus enemigos, la temperatura.
“Aparte de los pies doloridos, diría que lo más duro fue el clima. Hacía un calor brutal en verano, especialmente al caminar por Hungría, y a veces tenía que parar uno o dos días por el calor. ¡Más tarde acabé caminando durante el invierno y tuve el problema contrario! “, aseguró.
El recorrido lo llevó desde Estambul hacia Bulgaria, Rumania, Hungría, Austria, Alemania, Francia, Inglaterra, Gales y, como último punto, Claremorris en Irlanda.
Entrenamiento y más entrenamiento: la clave para un viaje exitoso
Como parte de la preparación, Keaveney caminó y trotó descalzo para fortalecer las plantas de sus pies.
Durante el viaje, si bien la caminata por superficies no tan gentiles le generó un gran desgaste, explica que sus pies mantuvieron un estado sorprendente. “Solo me llevó una semana o así que las plantas mejoraran, ya que la piel se regenera bastante rápido cuando no camino”, aseguró.
Ahora el irlandés descansa de esta vuelta, pero no descarta la posibilidad de un nuevo viaje.














