En 1869, los arqueólogos encontraron un sarcófago romano con una inscripción antigua y una cruz medieval en la Abadía de Westminster, en Londres. La combinación de elementos de diversas épocas despertó interrogantes sobre la identidad de la persona enterrada y el uso que había tenido la tumba a lo largo de los siglos.
Más de 150 años después, una investigación arqueológica aportó nuevas pistas sobre el misterio. La datación por radiocarbono determinó que el esqueleto hallado dentro del sarcófago correspondía a un hombre que vivió entre los años 987 y 1052, varios siglos después de la fabricación del ataúd de piedra.
El estudio plantea que los restos podrían pertenecer a uno de dos antiguos líderes religiosos del monasterio: Ælfwig o Wulfnoth. Aunque los investigadores consideran que uno de ellos es el calendario más probable, la identidad del hombre todavía no fue confirmada.
¿Qué encontraron los arqueólogos en la tumba descubierta en 1869?
En 1869, los arqueólogos excavaron un sarcófago de piedra caliza en los terrenos de la Abadía de Westminster. La tumba llevaba una inscripción dedicada a Valerius Amandinus, un hombre adinerado que vivió en la Britania romana entre los siglos III y IV. Sin embargo, la tapa presentaba una gran cruz latina tallada varios siglos después, durante el período anglosajón, una diferencia que despertó interrogantes sobre quién había sido enterrado allí.
Según el comunicado oficial de la abadía, fechado el 21 de octubre de 2026, la cruz medieval indicaba que el sarcófago romano había sido reutilizado para un entierro posterior. Por eso, el nombre grabado en la piedra no necesariamente correspondía a la persona cuyos restos estaban en su interior. Durante décadas, la entidad del difunto siguió siendo un misterio.
¿Qué reveló el esqueleto hallado dentro del sarcófago romano?
El análisis de los restos permitió establecer que el hombre murió muchos siglos después de la construcción del sarcófago. Según la Abadía de Westminster, el especialista en huesos humanos James Young Langthorne estimó que tenía entre 35 y 49 años y medía aproximadamente 1,75 metros. En este sentido, una muestra ósea fue enviada al Centro de Investigación Ambiental de las Universidades Escocesas para realizar una datación por radiocarbono.
Los resultados situaron los restos entre los años 987 y 1052 d. C., lo que confirmó que el sarcófago había sido reutilizado durante el período anglosajón tardío. La evidencia respaldó así la hipótesis de que la tumba había sido adaptada para un entierro medieval, aunque la datación por sí sola no permitió determinar el nombre del difunto.
¿Quiénes son los dos antiguos líderes religiosos que podrían estar enterrados allí?
El arqueólogo consultor de la abadía, Warwick Rodwell, identificó dos posibles candidatos: Ælfwig y Wulfnoth, antiguos superiores del monasterio benedictino de Westminster. Ælfwig ocupó el cargo de abad entre 993 y alrededor de 1020, mientras que Wulfnoth fue su sucesor y permaneció en el puesto hasta 1049. Las fechas de sus vidas son compatibles con el período al que corresponde el esqueleto.
Rodwell considera que Ælfwig es el candidato más probable porque ya era monje de Westminster antes de asumir como abad. Sin embargo, el investigador no descarta a Wulfnoth y reconoce que ambos podrían encajar con la evidencia disponible. La sepultura en un sarcófago de piedra elaborado y la cruz tallada en la tapa respaldan la hipótesis de que el fallecido era una figura religiosa de alto rango, pero no constituyen a una identificación definitiva.
Los restos, por lo tanto, podrían pertenecer a uno de los dos religiosos, aunque el misterio no está completamente resuelto. Actualmente, el sarcófago se exhibe en las Galerías del Jubileo de Diamante de la Reina, dentro de la Abadía de Westminster, donde los visitantes pueden observar la tumba que dio origen a esta investigación.