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La confirmación de que Estados Unidos atacó Irán con “operaciones de combate mayores” reactivó las alertas en los mercados globales y ya impacta en activos clave. Analistas anticipan que, ante un escenario de mayor tensión en Medio Oriente, el dólar podría fortalecerse frente a otras monedas por la búsqueda de refugio.
El foco no está solo en el conflicto militar, sino en sus consecuencias económicas: petróleo más caro, posible presión sobre las bolsas y una migración de capitales hacia activos considerados seguros. En ese contexto, crece la expectativa sobre por qué se espera que suba su valor y qué implica para los estadounidenses.
¿Por qué Estados Unidos ataca Irán y se espera que suba el dólar?
Tras el anuncio del presidente Donald Trump sobre el inicio de operaciones militares en territorio iraní, inversores comenzaron a posicionarse en modo “risk-off”. Este patrón suele implicar venta de acciones y mayor demanda de activos refugio como el dólar, el oro y los bonos del Tesoro.
Especialistas advierten que el riesgo central es energético. Irán controla el estratégico Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 31% del crudo marítimo mundial. Si el conflicto afecta ese paso, el petróleo podría subir entre 5% y 10%, impulsando inflación y reforzando la demanda global de dólares cómo ha sucedido tras otros ataques.
Claves que explican el posible fortalecimiento
- Suba del petróleo por riesgo en el suministro global.
- Caída inicial de bolsas internacionales (entre 1% y 2%).
- Baja en rendimientos de bonos del Tesoro por mayor demanda.
- Flujo hacia monedas refugio como dólar y yen.
¿Cómo puede impactar en el bolsillo y en las inversiones en Estados Unidos?
Si el dólar gana valor, quienes viven y trabajan en EE.UU. podrían ver efectos mixtos. Un dólar fuerte encarece exportaciones, pero abarata importaciones y puede contener parte de la inflación externa, aunque el aumento del crudo podría trasladarse a la gasolina.
Para inversionistas y ahorristas, el escenario dependerá de la duración del conflicto. Analistas diferencian entre una campaña breve y contenida —con volatilidad limitada— y una escalada prolongada que afecte el flujo de petróleo durante semanas. En ese último caso, la presión sobre mercados, energía y tasas podría ser mayor, con más movimientos hacia activos defensivos.













