Madres que inspiran negocios

Porque prestaron su nombre a la marca, motivaron a sus hijos a dejar su trabajo en relación de dependencia para lanzarse a emprender o, simplemente, fueron el alma mater que ayudó a gestar una idea innovadora. Cinco pequeñas empresas que rompen el molde cuentan por qué la figura materna logró más que un business angel.

Algunas, mujeres de negocios. Otras, amas de casa. Todas, madres inspiradoras. Porque prestaron su nombre a una marca, dieron su visto bueno a la hora de elegir una línea de producto, motivaron a sus hijos a dejar un trabajo en relación de dependencia para emprender o fueron el alma mater que gestó una idea innovadora, ganaron un rol protagónico dentro de las empresas citadas en esta nota. Es el caso de las madres que posibilitan el permiso al éxito; son mensajes propulsores, muy fuertes, que resuenan: vos podés, intentalo. A la hora de emprender, es bueno pensar en positivo, siempre y cuando, se busquen algunos atisbos de realidad concreta para no ser un soñador total, observa la psicóloga Beatriz Goldberg, autora del libro Cómo emprender en distintas etapas de la vida.

Del Once al NY FashionWeek
Flavia Ferrari Inchauspe está en París. Allí, dirige los planes de expansión de Las Penélope, firma de diseño y producción de bijouterie y accesorios de cuero, piedras semipreciosas, cristales, vidrios e hilos de cobre y plata, que inició, junto a su madre, Isabel Inchauspe, hace 13 años. Mamá tuvo dos galerías de arte (Vea y Jardín Arte); siempre estuve en contacto con las materias y los colores. Empezó como un hobby en mi adolescencia; íbamos juntas al barrio de Once a comprar mostacillas, recuerda. Un verano, madre e hija empezaron a combinar técnicas con un hilo de cobre y el emprendimiento dio sus primeros pasos. Hicimos un collar que le gustó a todo el mundo. Mi mamá siempre me impulsó. Por entonces, era el año 2000 y Flavia tenía 15 años. El hilo de cobre les permitió desarrollar su técnica de tejido. Por eso, se llamaron Las Penélope. Penélope tejía porque esperaba a Ulises. Queremos que el tejido sea como el encuentro de la materia, el encuentro humano y de oportunidades, comenta la joven emprendedora.
En 2005, cortaron cintas de la boutique de la calle Ayacucho; luego, sumaron las góndolas en Alto Palermo y Paseo Alcorta. Flavia viajó a Francia a hacer un master en Ciencias Políticas. Y, desde ahí, busca expandir la marca, mientras su madre queda al frente de la plaza doméstica. Gracias a su incursión en el New York FashionWeek, Las Penélope, que, hoy, factura $ 2,5 millones, vende en tiendas de los Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Japón.

Bajas calorías
En ocasiones, los emprendimientos toman como partida el legado familiar. Mónica Herz y su marido, Daniel Grodzki, fundaron Delilight, en 2004 (creador del alfajor Chocoarroz), sin imaginar que, ocho años después, sería adquirida por Molinos Río de la Plata en u$s 15 millones. A poco de desprenderse de ella, sus tres hijos, Emiliano, Diego y Pamela, decidieron volver al ruedo: este año, con una inversión de $ 20 millones, lanzaron My Urban Food para competir en el segmento de golosinas con sus alfajores rellenos de dulce de leche, que fabrican en la planta de 3.500 metros cuadrados en el barrio de La Paternal, con capacidad para una producción mensual de 7 millones de unidades.
Y van por más. En breve, estrenarán su línea de comidas saludables, que comercializarán por retail en 200 puntos de la Ciudad de Buenos Aires y GBA. Consta de cinco tipos de ensaladas, cinco sándwiches, cinco tartas, cinco wraps y nueve postres. Mi mamá fue pionera en alimentos de bajas calorías. Y, a futuro, es lo que tenemos que mirar. Diseñamos un lenguaje de puntos. Cada comida tiene un puntaje y cada punto, 100 calorías, dice Emiliano Grodski, uno de los socios de la firma que emplea a 50 personas.
Estamos trabajando con Farmacity y Jumbo, además de kioscos, para estar en los canales formales. También, vamos a ofrecer soluciones para empresas, agrega. Entre ellas, se barajan nombres como YPF y Petrobras. Si bien mamá no opera de modo cotidiano, siempre está y nos ayuda, apoyándonos, probando los productos, corrigiéndonos. Ella inventó el Chocoarroz e impulsó la firma, sintetiza.

Con aire caribeño
Andrea Alsina, hija de la profesora de inglés colombiana Esperanza Rodríguez McCormick, comanda la firma de indumentaria infantil Anchus. En su niñez, cada diciembre, al terminar las clases, partía a la tierra natal de su madre para pasar el verano, junto a su familia materna. Una de mis tías pintaba sobre madera, otra sobre cerámica, mi abuela cosía y yo participaba. A los 11 años, mi mamá me enseñó a coser a máquina, recuerda. Esa imagen es una de las que motivó a Alsina a acercarse a las manualidades. Primero, a través de un microemprendimiento adolescente: fabricó moños para el cabello, que comercializó en un multimarca de Lomas de Zamora, para pagarse las vacaciones con sus amigas. Poco después, participó de un intercambio a los Estados Unidos. Te apoyo pero tenés que volver y estudiar en la Argentina, le dijo Esperanza.
Así hizo. Alsina se formó en Comercio Internacional y trabajó en el entonces BankBoston. Hacia 2003, montó un local multimarca en el cual puso al frente a su madre. Pero tenía sed de más: quería fabricar artesanalmente, como hacían sus tías y abuela. En 2005, aún en la entidad bancaria, fundó Anchus, con un desembolso de $ 10.000. Pero el nacimiento de su primera hija, en 2007, la llevó a dejar la relación de dependencia. Cuando le conté a mi papá que dejaba un banco internacional para hacer baberos, me sugirió que lo pensara un poco más. Mi mamá, en cambio, me apoyó enseguida, recuerda.
Anchus combina apodos familiares: Chanu, hermana de Alsina, y Panchu, Esperanza. Si bien su core es el mercado mayorista, crece a través del sistema de franquicias. Con un local propio y cinco franquiciados (en Zona Sur y Capital Federal), están en 100 puntos de venta. En 2012, la firma, que emplea a ocho personas, facturó $ 1,5 millón. En la temporada invierno 2013, generó $ 1,6 millón.

Panzas felices
El mensaje positivo de aliento lo recibieron Daniel y Sergio Cantore, al frente de la firma Artware, una consultora de servicios tecnológicos gold partner de Microsoft, dedicada a la implementación de soluciones de gestión basadas en la plataforma Dynamics. Estudiaba Sistemas y me quedaba despierto toda la noche, programando. Un día, le pregunté a mi padre si me hacía un lugar en su estudio contable. Luego, se sumó Sergio y fundamos Artware, hace ya 20 años, recuerda Daniel Cantore. Mi mamá, que es contadora, era quien insistía en que fuera al estudio y que dejara de quedarme despierto por las noches. Ya en esa época, nos preparaba la vianda, comenta.
Hoy, la firma, que emplea a 60 personas, factura $ 15 millones y espera cerrar el año con $ 20 millones. Además, busca consolidarse con proyectos internacionales, ya que, para un mismo cliente, realiza implementaciones en varios mercados. Por caso, recientemente cerró un acuerdo para 16 países. Y, aún, María del Carmen, la madre de los Cantore, lleva los tuppers a la oficina.
El soufflé de queso y zanahorias le sale muy bien. A la tarde, trae scones o tortitas negras y convida a todos, comenta. Cantore recuerda sus tiempos de expatriado: vivió en México, Honduras e Indonesia y no existían los celulares. Mamá venía a la firma y les preguntaba a los empleados si sabían si había llegado bien.

Para honrar la sobremesa
Hace un año, con una inversión inicial de $ 20.000 y una reinversión de $ 30.000 (capital propio y préstamo familiar), Alexia Mainero fundó Ay Fidela!, una firma que produce manteles y productos afines a la cocina con géneros alegres. En casa, los manteles se hacían a medida porque mi mamá no encontraba modelos que le gustaran. Compraba las telas y los mandaba a hacer, recuerda Mainero.
El puntapié para lanzarse como emprendedora fue la Navidad de 2011, preparando la mesa. Juega un papel importante porque a su alrededor se reúne la familia. Mi mamá me mostró una necesidad y, cuando empecé a darle forma al proyecto, fue uno de los pilares de apoyo y toma de decisiones. Hasta me ayuda a elegir los géneros. Muchos de mis primeros modelos eran parecidos a los que había en mi casa.
Los manteles se comercializan en el showroom de Recolta, por Facebook y, en breve, a través de la tienda online, además de puntos multimarca en Capital y en el interior. La producción se terceriza en dos talleres. Vamos a sumar una nueva línea, Ay Fidela Eco!, para aportar valor al cuidado del medioambiente, reutilizando la materia prima.

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