En una de las regiones con mayor estrés hídrico de Chile, la comunidad de Quilicura está llevando a cabo una acción sin precedentes: reemplazar la inteligencia artificial por inteligencia humana durante un día para dar visibilidad a la huella hídrica oculta de la IA.

La iniciativa está liderada por Corporación NGEN, una organización dedicada a la restauración, promoción y educación sobre el patrimonio natural de su comunidad. El 31 de enero, la comuna lanzará Quili.AI, una alternativa impulsada por personas, que invita a gente de todo el mundo a enviar las preguntas cotidianas que normalmente le harían a una máquina.

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En lugar de ser procesadas por centros de datos de alto consumo energético, cada consulta será respondida directamente por habitantes de Quilicura, apelando a la experiencia vivida, el conocimiento cultural y el criterio humano. Durante 24 horas no se utilizarán servidores, computación en la nube ni sistemas de refrigeración.

Corporación NGEN desarrolló la plataforma como una forma de convertir una infraestructura abstracta en algo humano y local. Cualquier persona podrá hacer preguntas y recibir respuestas en tiempo real de miembros de la comunidad, con la diferencia clave respecto de la IA de que estas respuestas provendrán directamente de la comunidad de Quilicura, sin consumir una sola gota de agua.

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El experimento pone en evidencia una tensión creciente: cada interacción con sistemas de IA consume agua, de manera indirecta pero medible, a través de la refrigeración de los centros de datos. Aunque invisible para los usuarios, el impacto es significativo. En Chile, un solo centro de datos de gran escala puede requerir entre 1 y 3 millones de litros de agua por día bajo sistemas de refrigeración tradicionales. A nivel global, se proyecta que el uso de agua asociado a la IA alcance miles de millones de metros cúbicos anuales en los próximos años.

Quili.AI vuelve tangible esta infraestructura invisible. A medida que los usuarios envían preguntas, la plataforma estima cuánta agua se habría consumido si la consulta hubiera sido procesada por un modelo de IA convencional, mostrando, a su vez, cuánta agua se ahorró al elegir una respuesta humana.

El momento no es casual. En los últimos años, grandes tendencias virales vinculadas a la IA demostraron cuán rápido pueden multiplicarse los usos aparentemente triviales. Una ola global de autorretratos generados por IA fue estimada en un consumo de más de 200 millones de litros de agua en menos de una semana, equivalente al consumo mensual de una ciudad pequeña.

Los organizadores remarcan que la iniciativa no es anti-IA. Se trata, más bien, de una pausa: una invitación a hacer preguntas de manera responsable y a reflexionar sobre cómo deberían escalar estos sistemas en regiones ya afectadas por la sequía. El proyecto busca abrir el diálogo con autoridades locales y responsables de políticas públicas sobre estándares ambientales más claros para los centros de datos que operan en la cuenca del río Maipo y otras regiones.