

Con el tipo de cambio en torno 1,80 reales por dólares y una variación de precios al consumidor que se proyecta en 6 % anual para los próximos 12 meses, Brasil está pasando a terreno negativo en materia de inflación en dólares. De estabilizarse el tipo de cambio en el actual andarivel, entonces el socio del Mercosur dejará de ser el paraguas en el que la Argentina protegió el deterioro de su competitividad. En este nuevo cuadro de situación, la industria local y servicios como el turismo necesitan que también en la Argentina se frene en seco la inflación en dólares. Una opción es que el peso se devalúe al ritmo que suben los costos internos en pesos. Pero parece haber consenso acerca de lo traumático de esta vía. La otra alternativa es seguir el camino chileno de principios de los 90, país que bajó la inflación de 20% a 6% anual en un quinquenio. Como se empieza a discutir en la Argentina, uno de los secretos para ese logro fue que los salarios pasaron a ajustarse en función de la inflación esperada y no la pasada. Pero aquella experiencia no fue un mero acuerdo de cúpulas, ya que estuvo acompañada de una serie de decisiones firmes y consistentes, entre las que se incluyeron la independencia del Banco Central y una política fiscal que llevó el superávit primario a más de 3% del PBI.
El turbulento contexto internacional y el cambio en el mix de políticas de Brasil han llevado el tipo de cambio a un nuevo umbral, en torno a 1,80 reales por dólar. Computando también la evolución de los precios internos del país vecino, se tiene un giro notable en la llamada inflación en dólares. Desde 2004, cuando el tipo de cambio promediaba 3 reales por dólar, la moneda del vecino país no hizo mas que apreciarse, hasta un piso cercano a los 1,50 reales, registrado antes de la caída de Lehman, en 2008, fenómeno reiterado a mediados de este 2011. Así, con una variación interna de precios en reales oscilando entre 4 y 7 % anual según los ciclos, Brasil experimentó inflación en dólares de dos dígitos en cinco de siete años desde 2004. En los últimos doce meses, hasta agosto de 2011, la inflación en dólares fue de 18 % interanual, producto de una suba de los precios al consumidor en reales de 7,2% y de un tipo de cambio que se apreció de 1,76 a 1,60 reales.
Obviamente, el encarecimiento en dólares que experimentó el vecino país fue un bálsamo para la industria argentina y para los prestadores de servicios como el turístico. Por caso, 43 de cada 100 dólares de exportaciones de manufacturas fabriles tienen como destino a Brasil.
Por lo tanto, el cambio en las variables consideradas habrá de tener impacto significativo en la rentabilidad local si es que no hay reacción frente al nuevo escenario.
¿Qué implica una paridad de 1,80 reales por dólares? Es un salto de 12,5% respecto del promedio de agosto, por lo que duplica el ritmo de inflación anual de Brasil. Proyectando a 12 meses una variación de 6 % para el índice de precios al consumidor, Brasil tendría inflación en dólares negativa de 5,8% de aquí a agosto 2012.
Esta será una referencia ineludible para los indicadores de competitividad de nuestro país. Por tomar un solo dato, los salarios del sector privado registrado en la Argentina están subiendo a un ritmo de 27,6% interanual en dólares. Si proyectamos variaciones de ese orden de magnitud para los próximos doce meses, la competitividad industrial de la argentina quedaría rápidamente en offside, en la medida en que el nuevo escenario descripto para Brasil haya llegado para quedarse.
Como la probabilidad de que eso ocurra es elevada, nuestro país tendrá que ponerse a trabajar para frenar en seco a la inflación en dólares. Y para eso no alcanza con buscar acuerdos entre empresarios y trabajadores. Para recorrer un camino semejante al chileno de principios de los 90, se necesita gran consistencia en las políticas.










