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El gobernador de San Juan anunció la firma de un acuerdo con la empresa minera Vicuña que permitirá a la provincia recibir “un aporte extraordinario, único, no reembolsable ni compensable de u$s 250 millones” para ejecutar obras de infraestructura vial, hídrica y de saneamiento antes incluso del inicio de la producción del proyecto.

El convenio pone fin a una controversia administrativa iniciada en 2022, informaron en el gobierno sanjuanino.

El gobernador Marcelo Orrego anunció ayer la firma de un acuerdo entre el Gobierno de San Juan y la empresa Vicuña Argentina, que permitirá a la provincia recibir un aporte extraordinario de u$s 250 millones de dólares destinado al financiamiento de obras de infraestructura estratégica, antes incluso del inicio de la producción del proyecto minero.

“Por primera vez, un proyecto minero realizará un aporte económico de gran magnitud antes de comenzar a producir”, afirmó Orrego durante un mensaje emitido por cadena provincial.

Los fondos “no son una promesa ni una expectativa”, sino “un compromiso firmado, de carácter fijo, no reembolsable ni compensable”, que permitirá ejecutar obras viales, hídricas, de saneamiento y de infraestructura pública varios años antes de que la provincia comience a percibir regalías mineras.

Según señaló, “esas inversiones beneficiarán no sólo al desarrollo de la actividad minera, sino también a los sectores agroindustrial, turístico, energético y productivo, además de impulsar la generación de empleo.

Marcelo Orrego y Ron Hochstein, de Vicuña

El acuerdo “reglamenta el aporte previsto en la Declaración de Impacto Ambiental del proyecto, que permanecía objetado en sede administrativa desde 2022, poniendo fin a esa controversia”, según informaron desde la provincia.

A partir de ahora se establece una contribución equivalente al 1,5% sobre el valor bruto de facturación, adicional al régimen vigente de regalías, que será destinada a un fideicomiso específico para infraestructura pública administrado por el Estado provincial.

Las regalías serán del 3% sobre el valor bruto de facturación.

Durante el pico de construcción, entre 2027 y 2030, Vicuña demandará alrededor de 12.000 puestos de trabajo directos. En la etapa operativa sostendrá unos 5000 empleos directos y 19.000 indirectos, con la expectativa de que cerca del 90% de la mano de obra sea local.

Cuando alcance su producción plena, proyecta exportaciones por aproximadamente u$s 6.000 millones anuales, un monto equivalente al total de las exportaciones mineras argentinas registradas en 2025.

El proyecto Vicuña

El proyecto integrado por BHP y Lundin Mining estima desembolsar más de u$s 7100 millones solamente en su primera etapa.

La iniciativa que reúne los depósitos Josemaría y Filo del Sol podría producir cobre, oro y plata durante más de siete décadas, aunque el desarrollo completo se ejecutará de manera gradual.

El tamaño del proyecto podría modificar la escala de la actividad durante las próximas décadas. Vicuña proyecta una inversión inicial superior a u$s 7100 millones y desembolsos acumulados cercanos a los u$s 18.000 millones para completar sus tres etapas de desarrollo.

El número ubica a la iniciativa entre las mayores inversiones productivas previstas para la Argentina. Sin embargo, no se trata de un desembolso inmediato ni de una única obra concentrada en el tiempo.

En términos macroeconómicos, el atractivo central de Vicuña reside en su potencial exportador. La producción promedio proyectada de 395.000 toneladas anuales de cobre durante los primeros 25 años convertiría al complejo en una fuente relevante de divisas.

La Argentina cuenta actualmente con producción limitada de cobre, pese a disponer de recursos de gran escala en la Cordillera.

La puesta en marcha de proyectos como Vicuña podría modificar esa situación y sumar un nuevo complejo exportador junto con el petróleo, el gas, el agro y el litio.

El cobre, además, ocupa un lugar creciente en las inversiones vinculadas con redes eléctricas, energías renovables, vehículos eléctricos y sistemas de almacenamiento.

El precio internacional del cobre, la evolución de los costos, el acceso al financiamiento y la estabilidad del marco regulatorio serán variables determinantes.

También lo será la capacidad de desarrollar la infraestructura necesaria sin generar cuellos de botella en energía, agua, logística y transporte.

Las etapas

El esquema planteado por las compañías divide el desarrollo en etapas y busca acompasar la construcción de infraestructura, la incorporación de trabajadores y la contratación de proveedores con la evolución operativa del yacimiento.

La magnitud del proyecto se explica por los recursos minerales existentes en el distrito. Está entre la provincia de San Juan y la Región de Atacama, en Chile. Vicuña surge de la integración de Josemaría y Filo del Sol. Al ser dos depósitos que las compañías consideran complementarios.Al ser desarrollados en conjunto, permiten compartir infraestructura y extender el horizonte productivo.

Según la empresa, durante sus primeros 25 años de operación, tendría capacidad para producir un promedio anual de 395.000 toneladas de cobre, 711.000 onzas de oro y 22,2 millones de onzas de plata.

Son volúmenes que colocan al cobre en el centro del proyecto.

El principal activo de Vicuña no es solamente el tamaño de un depósito puntual, sino la posibilidad de desarrollar sucesivamente diferentes cuerpos minerales durante varias décadas. Esa característica es la que sostiene la proyección de una inversión cercana a los u$s 18.000 millones para el desarrollo integral.

La primera etapa estará concentrada en Josemaría. Allí se destinará la inversión inicial superior a u$s 7100 millones y se construirá buena parte de la infraestructura que permitirá poner en marcha el complejo.

Una segunda fase estará vinculada con los óxidos de Filo del Sol, mientras que la tercera se enfocará en los recursos sulfurados y en las obras adicionales necesarias para ampliar la operación.

La empresa busca evitar que toda la inversión deba realizarse antes de obtener producción. El desarrollo escalonado permitiría poner en funcionamiento un primer núcleo operativo y, posteriormente, incorporar nuevos recursos y capacidad de procesamiento.

Ese formato también reduce el riesgo de ejecutar de una sola vez un megaproyecto de u$s 18.000 millones en una zona cordillerana, con necesidades significativas de energía, transporte, caminos, logística y servicios.

La incorporación de Vicuña al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones representa un paso relevante para el esquema financiero. Le otorga al proyecto un marco fiscal, aduanero y cambiario pensado para inversiones de gran escala y con una extensa maduración.

El verdadero impacto económico, sin embargo, dependerá del ritmo efectivo de ejecución.

Los trabajos

La futura planta concentradora será uno de los componentes centrales del complejo. Allí se procesará el mineral extraído para obtener concentrados con contenido de cobre y otros metales, antes de su comercialización o tratamiento posterior.

La energía aparece entre los principales requerimientos. En ese sentido, Vicuña obtuvo un aval del regulador del Estado nacional.

La compañía aseguró que la infraestructura será financiada íntegramente por el proyecto y que los costos no serán trasladados a los usuarios del sistema eléctrico.