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Rizobacter, una de las compañías del grupo Bioceres Crops Solutions (BIOX), logró reestructurar parte de su deuda. Es que, a principios de febrero, la firma había iniciado negociaciones con sus acreedores financieros para extender los plazos de pago de Obligaciones Negociables (ON) próximas a vencerse.
El monto: u$s 3,8 millones. Además, en junio de este año, Rizobacter deberá afrontar vencimientos por u$s 16,7 millones.
Este jueves, la empresa del agro informó a la Comisión Nacional de Valores (CNV) que obtuvo el consentimiento de tenedores por más del 75% del capital total de las ON (debía superar el 70% para hacer efectiva la reestructuración de la deuda).
El entendimiento contempla el pago del 20% del capital residual el próximo 3 de marzo de 2026, junto con los intereses devengados, y un cronograma de amortizaciones escalonadas hasta septiembre de 2028.
El movimiento se enmarca dentro de un proceso más amplio de optimización del perfil de deuda que incluye conversaciones con otros acreedores financieros y entidades bancarias. De tal modo, la readecuación apunta a extender plazos y ajustar condiciones para ordenar compromisos de corto y mediano plazo.
Baja en la calificación
Cabe recordar que Fix rebajó la calificación crediticia de Rizobacter, en un contexto de deterioro de sus métricas financieras y de su controlante, Bioceres Crop Solutions (BIOX), que atraviesa una delicada situación.
BIOX es la firma argentina que desarrolló la semilla de trigo HB4 y que nació como una escisión de Bioceres S.A., su compañía fundadora que hoy está envuelta en una disputa accionaria y judicial.
A comienzos de este año, BIOX se desprendió de su negocio de semillas y abandonó la producción local que la dejó a manos de dos empresas del agro: Horus Agro y Natal Seeds.
El 2 de febrero, sus acciones en Wall Street cotizaron por debajo de u$s 1 (llegó a valer u$s 6,55 por acción a comienzos de febrero de 2025, una caída de casi el 90 por ciento). Así, la compañía atraviesa una reconfiguración de su negocio.
A esto, se le sumó que el control de ProFarm Group, una de las compañías del grupo, pasó a manos de un conglomerado de acreedores tras la ejecución de garantías por u$s 55 millones.