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Se profundiza la crisis de la láctea Verónica. La firma, propiedad de la familia Espiñeira, tiene sus tres plantas de Santa Fe paralizadas por falta de materia prima, adeuda salarios y acumula una deuda por más de $13.000 millones por falta de fondos.

Desde ese entonces, las especulaciones sobre su futuro son cada vez más fuertes. Ahora, resuena nuevamente la posible venta de la láctea, esta vez, a un importante conglomerado industrial del agro.

No es la primera vez que trascienden los rumores: a mediados del año pasado, la multinacional francesa Savencia, dueña de las marcas Milkaut, Ilolay, Santa Rosa y Adler, fue una de las principales interesadas en quedarse con Verónica. De hecho, concretó reuniones con la familia Espiñeira para plantearle una oferta.

Había, además, otros grandes jugadores interesados en quedarse con la compañía, como la canadiense Saputo, dueña de marcas como La Paulina, que en febrero de este año vendió el 80% de su negocio en el país a Gloria Foods.

Ahora, sus 700 empleados están a la expectativa de qué sucederá con la firma láctea. En enero la compañía dejó de pagar los salarios; ya venía con incumplimientos desde el año pasado cuando los haberes empezaron a pagarse en cuotas.

Además del conflicto laboral, su operatividad está cada vez más comprometida. La empresa mantiene paralizadas sus tres plantas en Santa Fe -ubicadas en Totoras, Lehmann y Suardi- y, en los últimos días, se quedó sin materia prima, insumos ni servicios básicos debido a la falta de pago.

La única planta que seguía operativa era la de Lehmann, aunque funcionaba a un nivel mínimo: procesaba apenas unos 15.000 litros de leche por día, muy lejos de su capacidad instalada, que alcanza los 600.000 litros diarios.

Sin embargo, ahora no sólo dejó de elaborar sus productos propios, sino que frenó la fabricación a fasón, es decir, para terceras marcas, el único ingreso que percibía la láctea.

En ese marco, fuentes del sector advirtieron que, de no llegar a nuevas definiciones, la empresa podría encaminarse hacia un proceso de quiebra.

Futuro incierto

Ya en junio del año pasado, la láctea había activado un plan de contingencia para salvar la producción que se encontraba en sus valores mínimos históricos. En ese entonces, y tras más de 15 días de parate, la empresa presentó un cronograma de pago para desactivar el conflicto que frenó el funcionamiento de sus plantas.

Verónica estaba procesando menos de 200.000 litros diarios, una cifra que representa el 20% de su capacidad. En pandemia llegó a elaborar más de 1 millón de litros de leche.

Una pata fundamental del negocio de Verónica es la venta al exterior de lácteos. Entre enero 2020 y abril 2025 la empresa exportó por más de u$s 102 millones.

En el primer cuatrimestre de 2025 las exportaciones sumaron un total de u$s 3,8 millones, algo menos que en el mismo período de 2024 pero más del triple que 2023. El destino principal de las exportaciones desde 2020 es Argelia con el 72% del mercado. Mientras que la leche entera en polvo es el producto que explica el 95% del total exportado de los últimos cinco años.

La crisis de Verónica comenzó en 2017 y tras la muerte del fundador de la empresa, Francisco Gonzalo Espiñeira, se profundizó. En 2020 llegó a procesar 1 millón de litros diarios de leche y logró ponerse al día con los sueldos, pero luego el conflicto se recrudeció.