

Pasamos horas leyendo sobre las fórmulas del éxito. Los siete hábitos de no sé quién. Las diez claves para escalar. Los tres secretos de los millonarios.
Y sin embargo, seguimos cometiendo los mismos errores.
Acá va lo que nadie te dice: es mucho más fácil identificar qué NO hacer que descifrar la fórmula mágica del éxito. Porque los errores que matan negocios son predecibles. Los ves venir a kilómetros si sabés dónde mirar.
La lista que todos conocemos pero ignoramos
Quedarse sin capital. No validar la demanda antes de crear el producto. Contratar rápido y sin criterio. No medir resultados. Hacer todo vos mismo sin delegar nunca.
Leíste esa lista y probablemente asentiste con la cabeza. Todos sabemos que esas cosas están mal. Y sin embargo, la mitad de los emprendedores las sigue haciendo.
No porque no sepan. Porque cuando estás adentro del día a día, es fácil perder perspectiva. Te enfocás tanto en hacer crecer el negocio que no ves lo que lo está frenando.
Acá está el punto: es más fácil identificar qué te está matando que descubrir qué te va a hacer despegar. Los errores son predecibles. Las soluciones brillantes, no tanto.
Un negocio sin caja a la larga se queda sin aire. Uno que no valida su producto pierde meses construyendo algo que nadie quiere. Uno que contrata mal pasa más tiempo apagando incendios internos que creciendo.
No hace falta ser genio para verlo. Pero hace falta frenar y mirarlo.
El problema del “más”
Cuando algo no funciona, la reacción instintiva es agregar. Más productos. Más servicios. Más canales de marketing. Más reuniones. Más procesos.
Pero la mayoría de las veces el problema no es falta de cosas. Es exceso.

Pensá en tu celular. ¿Cuántas funciones usás? ¿El cinco por ciento? El resto es ruido. Tu negocio funciona igual. Tenés cincuenta cosas que creés que necesitás y usás tres.
Apple no se volvió la empresa más valiosa del mundo agregando mil funciones a sus productos. Se volvió la más valiosa eliminando todo lo que no era esencial.
La pregunta que ordena todo no es “¿qué puedo agregar?”. Es “¿qué puedo sacar?”
Cada cosa que agregás tiene costo. Costo de tiempo, costo de energía, costo cognitivo. Y si no te está devolviendo valor directo, te está drenando.
Frenar para revisar lo que ya tenés
Charlie Munger, el socio de Warren Buffett, siempre decía que era más fácil evitar la estupidez que buscar la brillantez. Y tenía razón.
El pensamiento inverso funciona así: en lugar de preguntarte “¿cómo hago para que mi negocio crezca?”, preguntate “¿qué lo está frenando ahora mismo?”
La diferencia es enorme. Cuando buscás crecimiento, tenés mil caminos posibles y no sabés cuál va a funcionar. Cuando identificás lo que te está matando, el camino es obvio: dejá de hacerlo.
La mayoría no lo hace porque frenar se siente contraproductivo. Sentís que si no estás avanzando, estás perdiendo. Pero si no parás a revisar, seguís acumulando peso muerto que te va a hundir más adelante.

Pensá en tu negocio ahora. ¿Qué cosas estás haciendo que consumen tiempo pero no mueven resultados? ¿Qué clientes te drenan energía sin darte retorno? ¿Qué procesos existen solo porque “siempre se hizo así”?
Esas respuestas valen más que cualquier estrategia de crecimiento. Porque no importa cuánto acelerés si estás arrastrando algo que no funciona. Primero soltá lo que te frena. Después preocupate por correr más rápido.
Lo que realmente importa
Una vez que identificás los puntos de quiebre, podés crear sistemas para evitarlos. No es glamoroso. No es inspirador. Pero funciona.
Es como manejar con cinturón de seguridad. No planeas chocar. Pero si pasa, estás preparado.
Los negocios que funcionan no son los que encontraron la fórmula secreta. Son los que evitaron los errores obvios el tiempo suficiente para aprender qué funciona.
Y eso no se logra leyendo más libros sobre el éxito. Se logra mirando tu negocio y preguntándote: “¿Qué estoy haciendo que me está matando sin que me dé cuenta?”
Empezá por ahí. Identificá lo que te está drenando sin devolverte nada. Eliminalo. Después preocupate por agregar brillantez.
Porque al final, no se trata de hacer todo bien. Se trata de dejar de hacer las cosas que te garantizan fallar.














