Hay personas que trabajan diez o doce horas por día en un lugar que no les gusta, llegan agotadas a su casa, duermen y al día siguiente vuelven a empezar.
Y pueden pasar toda una vida así, hasta jubilarse y descubrir que la jubilación tampoco les alcanza.
Desde afuera sería muy fácil preguntar: ¿por qué no hacen otra cosa?
Pero la pregunta es injusta.
Para algunas personas dejar un trabajo puede ser una decisión difícil. Para otras, directamente puede parecer imposible. Y no siempre tiene que ver con el dinero.
Muchas veces lo que parece imposible es aquello que nunca aprendimos a considerar como una posibilidad.
Porque para cambiar nuestra realidad primero tenemos que ser capaces de imaginar algo diferente. Y a muchas personas nunca les enseñaron que eso era posible.
Desde chicos vamos incorporando ideas sobre cómo funciona la vida: estudiar, conseguir un trabajo, cumplir un horario, cobrar un sueldo, pagar las cuentas, esperar las vacaciones, ahorrar si se puede y algún día jubilarnos.
Crecemos pensando que ese es el camino porque, en muchos casos, es el único que conocemos. Y cuando durante años vivimos de una sola manera, es difícil preguntarnos si existe otra.
Salir de la “zona de confort” que no tiene confort
Todos escuchamos la frase que dice que “más vale malo conocido que bueno por conocer”.
Muchas veces preferimos la incomodidad a la que estamos acostumbrados antes que la incertidumbre de algo mejor. No necesariamente porque seamos conformistas, sino porque lo conocido nos da una falsa sensación de seguridad.
Pero, ¿por qué tendría que ser mejor quedarse con algo malo simplemente porque ya lo conocemos?
Repetimos durante generaciones ideas que, en lugar de empujarnos a descubrir de qué somos capaces, muchas veces nos enseñaron a tener miedo. Y el miedo paraliza.
Hay una historia sobre un águila que crece entre gallinas. Pasa su vida mirando al piso, caminando como ellas y creyendo que eso es todo lo que puede hacer. No porque no tenga alas, sino porque creció sin saber que podía usarlas.
A nosotros puede pasarnos algo parecido.
Si crecimos escuchando que lo más importante es tener un trabajo seguro, no arriesgar demasiado y agradecer lo que tenemos porque podría ser peor, es lógico que salir de ahí dé miedo.
Quizás el problema no sea que no podemos volar. Quizás nunca nos enseñaron que podíamos hacerlo.
Hay posibilidades que todavía no conocemos
Hay trabajos que probablemente ni siquiera sabemos que existen.
Hay personas que cobran por crear videos para marcas, prestar su voz para un contenido, conseguir reuniones comerciales, gestionar comunidades online o automatizar tareas. Otras trabajan desde su casa para empresas que están a miles de kilómetros y cobran en otra moneda.
No significa que sean trabajos fáciles ni que cualquiera pueda hacerlos. Pero conocer estas alternativas rompe una idea que aprendimos durante mucho tiempo: que para ganar más necesariamente tenemos que trabajar más horas.
El mercado muchas veces no paga horas, sino conocimiento, resultados, creatividad o la capacidad de resolver un problema.
Por eso conocer otras personas, industrias y formas de trabajar amplía nuestro mapa.
Cada vez que descubrimos algo que no sabíamos que existía, aparece una posibilidad más.
Y es imposible elegir una posibilidad que no conocemos.
No hace falta cambiar toda la vida mañana
Quizás ahí esté uno de los errores más grandes cuando hablamos de cambiar.
Pensamos en decisiones enormes: renunciar, emprender, irse del país, cambiar de profesión o empezar de cero.
Y entonces aparece el miedo, porque efectivamente son decisiones que pueden tener consecuencias enormes.
Pero entre quedarse exactamente donde estamos y tirar todo por la borda existe una cantidad enorme de movimientos posibles.
Podemos aprender algo mientras seguimos trabajando, empezar un proyecto durante unas horas por semana, investigar, ahorrar, probar o buscar otro trabajo antes de dejar el actual.
Podemos empezar a construir una alternativa antes de necesitarla.
No todos los cambios requieren un salto al vacío.
Lo importante es no confundir prudencia con resignación.
Porque una cosa es decidir quedarse después de haber evaluado nuestras posibilidades y otra muy diferente es quedarse porque nunca nos preguntamos si había alguna otra.
La pregunta es:
¿Estamos construyendo la vida que queremos o simplemente nos volvimos muy buenos sosteniendo la que nos tocó?