Por estas horas, los ejecutivos de la industria automotriz disfrutan la playa, con los lanzamientos y anticipos que hacen en sus stands veraniegos, bajo la calidez de un sol, el del mercado interno, que promete seguir abrigando. Sin embargo, el horizonte industrial muestra nubes para el sector. En 2025, la producción de vehículos fue de 490.876 unidades, un 3,1% menos que en 2024, informó la Asociación de Fábricas de Automotrices (Adefa). En exportaciones, la caída fue mayor: 280.589 despachos, un 10,8% por debajo que en el año anterior.

Es el segundo año consecutivo de retroceso para la industria automotriz, que, hace 12 meses, proyectaba un 2025 con crecimiento cercano al 10%. Desde el derrumbe de 2020 por pandemia, el volumen de producción del año pasado sólo superó a los de 2021 (434.753). Lo propio ocurre con las exportaciones (259.287 en aquel año).

La declinante actividad de las fábricas radicadas en el país contrasta con la realidad del mercado local, que creció 47,8% el año pasado, a 612.178 patentamientos, informó días atrás la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (Acara). En ese sentido, el mercado mayorista -es decir, de fábricas a redes comerciales- subió un 42,6%, a 411.406 unidades. Las ventas de vehículos de producción nacional se incrementaron sólo un 4,5%, a 209.201 entregas.

Esto refleja el mayor ingreso de modelos importados al mercado local. También, una mayor especialización de la producción doméstica en vehículos comerciales y utilitarios, como pick-ups, de menor escala que los autos para pasajeros.

El balance de 2025 es mixto. Por un lado, el sector mostró un desempeño muy superior al promedio de la industria manufacturera, con un crecimiento en ventas mayoristas (42,6%) y minoristas (patentamientos) cercano al 50% interanual”, observó Rodrigo Pérez Graziano, presidente de Adefa.

El crecimiento de la economía, sumado a la normalización de la oferta y la mejora del acceso al crédito explican buena parte de la recuperación que registró el mercado”, señaló.

Sin embargo, observó que “ese dinamismo en lo comercial no se sostuvo en lo industrial como habíamos previsto en el inicio del año, principalmente, por el proceso de cambio y transformación, que se dio en las líneas de producción para el lanzamiento de nuevos modelos y otros que se encuentran en proceso”, completó.

La alusión es a la salida de producción de modelos como consecuencia de nuevos proyectos de inversión que tienen las automotrices. Los casos más nítidos fueron la SUV Taos, de Volkswagen, los Logan, Sandero y Stepway de Renault, y la renovación de Tracker, de GM.

Sin embargo, hubo otros que fueron producto de decisiones industriales más drásticas, como la de Nissan de dejar de producir en distintos países, entre ellos, la Argentina. Una definición que afectó a un producto -la pick-up Frontier, de la japonesa- que arrastró a un modelo de Renault (Alaskan) con el que compartía plataforma. También influyó el menor volumen que proyectó Mercedes-Benz para Sprinter, cuyo plan de producción se definió antes de que la alemana acuerde la venta y ceda su operación local a Prestige Cars.

Pero el principal factor fue la pérdida de competitividad que tuvieron los productos de fabricación nacional en sus principales mercados de exportación. El año pasado, la industria automotriz exportó el 57,2% de su producción. Salvo por el período entre marzo y junio, siempre hubo caídas en las ventas externas. Primero, se lo atribuyó a problemas logísticos -que existieron- y afectaron los envíos a Brasil. Sin embargo, persistentemente desde julio, incidieron más otros factores.

Adefa se cuidó siempre de no mencionar el valor del dólar, contenido por el Gobierno -hasta donde pudo- en el proceso electoral. La cámara de las automotrices prefirió apuntar contra el lastre impositivo con el que cargan los vehículos de industria nacional. “Teniendo en cuenta el perfil netamente exportador del sector, el gran desafío que tenemos por delante es la mejora de la competitividad exportadora”, expresó este martes Pérez Graziano.

Para ello, es imprescindible continuar trabajando a nivel cadena de valor junto con el Gobierno nacional, los provinciales y los municipales para reducir la carga impositiva que se exporta en un vehículo, sobre todo, considerando que varios países con los cuales competimos exportan sin impuestos”, amplió.

Según datos del sector, un vehículo fabricado en el país tiene una sobrecarga impositiva de entre 15% y 20%, según el modelo. De 70% a 80% de ese peso son tributos provinciales y municipales.

Esta pérdida de competitividad, explican los CEO de la industria, se hizo más evidente este año por el avance de productos asiáticos -en especial, chinos- en los principales mercados donde se venden los autos argentinos. La competencia no sólo es contra importados. Ahora, también contra productos que empezaron a fabricarse en Brasil.

En números: a Brasil, comprador del 67,2% de las exportaciones argentinas de vehículos, se exportaron 188.438 unidades, 36.793 menos que en 2024. Un volumen perdido mayor, incluso, que las 34.146 exportaciones que perdió todo el sector.