En esta noticia
Leandro Lele Usuna pasó buena parte de su vida viajando por el mundo en busca de la ola perfecta. Esa carrera lo convirtió en el primer surfista argentino en competir en unos Juegos Olímpicos, en bicampeón mundial de la ISA y en uno de las referentes del surf latinoamericano.
Hoy, aquella red de contactos construida durante más de 20 años de competencias internacionales se transformó en el principal activo de su nuevo negocio: una red de hoteles que busca expandirse por los principales destinos surfers del mundo.
Junto con su hermano Gerónimo, Usuna fundó Las Golondrinas, una marca que ya opera cinco spots en cuatro países de la región, creció un 240% en facturación entre 2024 y 2025 y proyecta volver a duplicar ese número este año.
“Su nombre y su logo están inspirados en las golondrinas, aves migratorias cuya ruta entre California y Argentina refleja también la historia de los hermanos Usuna: nacieron en Argentina, crecieron en California y siempre vivieron viajando en busca de olas, nuevas experiencias y personas con quienes compartir el camino”.
Como consecuencia de ese crecimiento, ya trabaja en nuevas aperturas en Panamá e Indonesia y analiza oportunidades en mercados como Estados Unidos, Portugal, Marruecos y Costa Rica.
La expansión tiene una particularidad. A diferencia de otras cadenas que salen a buscar activos para crecer, muchas veces son los propios operadores o inversores locales quienes se acercan a los Usuna.
Los conocen del circuito internacional del surf, siguen la marca o quieren asociarse con un proyecto que ya tiene presencia en distintos países. “Nuestro verdadero valor es nuestro network”, resume Gerónimo Usuna.
Ese recorrido explica buena parte del modelo. En cada nuevo destino buscan incorporar como embajador a un surfista reconocido del lugar. Así ocurrió en Ecuador, República Dominicana y Estados Unidos, donde deportistas olímpicos participan del proyecto y ayudan a integrarlo con la comunidad local.
La lógica es replicar la red que Lele construyó durante años de competencias, pero aplicada ahora a un negocio de hospitalidad.
Una red hotelera para aventureros y nómades digitales
Lógicamente, Las Golondrinas no pretende ser una cadena hotelera convencional. La propuesta combina habitaciones privadas y compartidas, espacios de coworking, surf camps, retiros de bienestar y actividades pensadas para generar vínculos entre los huéspedes.
“Queríamos crear una comunidad de hostel con la comodidad de un hotel”, explica Gerónimo Usuna.
Por eso, apuntan a un público que va mucho más allá de los surfistas e incluye desde nómades digitales hasta viajeros que priorizan las experiencias compartidas por sobre los servicios tradicionales de un hotel.
La comunidad también es el eje de la segunda pata del negocio. Hace pocas semanas, la empresa lanzó una aplicación propia con un esquema de membresía.
Por u$s 9,99 mensuales, los usuarios acumulan puntos que pueden canjear por noches de alojamiento, acceden a descuentos en marcas de indumentaria, gastronomía y bienestar y reciben contenidos exclusivos. El objetivo es que la relación con el cliente no termine cuando deja el hotel, sino que continúe durante todo el año.
Ese modelo también modifica la manera de crecer. Además de desarrollar hoteles propios o asociarse con establecimientos existentes, la empresa busca incorporar nuevos destinos a través de acuerdos de joint venture. Cuantos más hoteles integren la red, mayor valor adquiere la membresía y más atractiva resulta la propuesta para quienes viajan con frecuencia.
La apuesta llega en un contexto favorable. Según la Adventure Travel Trade Association (ATTA), el turismo de aventura movió alrededor de u$s 1,16 billones a nivel mundial en 2024, impulsado por viajeros que priorizan las experiencias por sobre el turismo tradicional.
Dentro de ese universo, la consultora Kaiso Research estima que el turismo vinculado específicamente al surf representa un mercado cercano a los u$s 68.300 millones y podría casi duplicar su tamaño hacia 2035.
Los hermanos Usuna sostienen que ese cambio de hábitos explica buena parte de la oportunidad. Creen que las nuevas generaciones ya no organizan su vida alrededor de la compra de una casa o un auto, sino de los viajes y las experiencias.
Sobre esa premisa construyen su estrategia. Después de dos décadas recorriendo el circuito mundial en busca de olas, Lele Usuna ahora utiliza ese mismo mapa para abrir hoteles. La tabla dejó de ser el negocio. Pasó a ser la puerta de entrada.