La textil Fantome Group, fabricante de indumentaria para Reebok, Kappa y Kevingston, pidió la apertura de su concurso preventivo en la Justicia comercial, en un contexto de fuerte deterioro de su actividad y caída de ventas.
La compañía, que inició operaciones en 2018 con una planta industrial y llegó a sostener unos 120 puestos de trabajo, construyó su negocio como proveedor integral de grandes marcas de indumentaria, con procesos que incluían desde el diseño y corte hasta la confección y distribución.
El quiebre del modelo
En su presentación judicial, la empresa describió un quiebre estructural a partir de 2020, cuando perdió a su principal cliente, Kevingston, que reemplazó la producción local por importaciones.
Ese movimiento marcó el inicio de una dinámica que luego se generalizó en el sector.
“Todas las marcas adoptaron políticas similares”, señala el escrito, que describe una “competencia diabólica” frente a productos importados con precios imposibles de igualar para la industria local.
De proveedor de marcas a quedarse sin flujo
Tras ese golpe, Fantome logró sostener parte de su actividad entre 2022 y 2025 como fabricante para Distrinando, licenciataria de Kappa y Reebok.
Pero esa relación también se interrumpió, lo que dejó a la compañía sin su principal flujo de ingresos.
El deterioro se dio en paralelo a un combo de factores: caída del consumo, suba de costos, presión impositiva y encarecimiento del financiamiento. Según detalla la presentación, las tasas de interés superaron el 100%, lo que volvió inviable sostener el capital de trabajo.
El punto de quiebre financiero
La empresa identifica la cesación de pagos en julio de 2025, cuando sufrió embargos judiciales por más de $ 130 millones, que no pudo cubrir, lo que dejó sus cuentas inmovilizadas y paralizó la operatoria.
El pedido de concurso aparece así como una vía para ordenar pasivos, sostener la operación y preservar el negocio.
En paralelo, la firma intentó reconvertirse con marca propia, un local minorista y una unidad de bordado y estampado, hoy su principal fuente de ingresos. Sin embargo, ese negocio no alcanza para sostener la estructura ni cubrir las deudas acumuladas.
Un caso más en una crisis más amplia
El deterioro que enfrenta Fantome no es un caso aislado. En las últimas semanas, otras compañías del sector también avanzaron con procesos de reestructuración. Es el caso de Hilado S.A., del grupo TN Platex, que solicitó su concurso preventivo en un contexto donde la industria opera con niveles mínimos de utilización de capacidad instalada y fuerte presión de costos.
La crisis también golpea a empresas con larga trayectoria. La santafesina Emilio Alal, con más de 100 años en la industria, abrió su concurso preventivo tras un proceso que incluyó cierre de su división industrial y despidos, en un intento por sostener su continuidad en un mercado cada vez más desafiante
En paralelo, incluso compañías de mayor escala empezaron a ajustar su operación. Grupo Dass, fabricante de calzado e indumentaria deportiva para Nike y Adidas, redujo su producción local y avanzó con despidos en sus plantas, en medio de la caída de la demanda y el cambio en la ecuación frente a importaciones.
Incluso en los casos donde no hubo aún presentación judicial, la tensión financiera es evidente. La empresa de lencería Eseka, dueña de Cocot, enfrenta dificultades para sostener su operación, afectada por la caída del consumo y el deterioro del flujo de caja, en un contexto que combina costos en alza y mayor competencia externa.
A ese escenario se suma el impacto sobre los proveedores de la cadena. La brasileña Vicunha, uno de los principales fabricantes de denim del país y abastecedor de marcas de indumentaria, redujo producción, aplicó suspensiones y recortó personal en su planta local, afectada por la caída de pedidos y el avance de las importaciones.