El sistema de salud global atraviesa una tensión estructural entre tres variables fundamentales: accesibilidad, calidad y costos. Sostener una cartilla amplia, con servicios expeditivos y bajo estándares de alta complejidad, requiere un esquema financiero equilibrado tanto para el sector público como para el privado.
En el marco del evento Health Innovators, organizado la semana pasada por El Cronista y la revista Apertura, José De All, presidente de Medicus y director ejecutivo del Sanatorio Otamendi, abordó los retos de gestión que enfrenta el sector en Argentina y las estrategias implementadas para ofrecer alternativas sustentables a los usuarios.
“Las tensiones que hay en el sistema de salud argentino son las mismas que existen en todo el mundo: armonizar accesibilidad, calidad y precio o costo no es fácil. Hay un aumento constante de la expectativa de vida y de la incorporación de tecnologías. Un equipo de resonancia magnética nuevo cuesta unos u$s 2 millones, y el sistema debe tener la capacidad de seguir invirtiendo para actualizarse”, explicó De All.
El ejecutivo señaló que las demandas de los usuarios aumentan continuamente, sumando coberturas que muchas veces se trasladan al ámbito social o de asistencia domiciliaria, como la geriatría. Ante la falta de un sistema que subsidie artificialmente estos costos, las prestaciones deben financiarse a través de las cuotas o de los impuestos.
La irrupción de la IA
Para responder a este escenario sin restringir el acceso a la alta complejidad, Medicus desarrolló planes modulares con asistencia de herramientas digitales, lo que permite optimizar resultados: “Buscamos que la gente elija el menú de accesibilidad que desea. Si se opta por copagos en la atención ambulatoria —donde no hay un riesgo financiero grave—, se logran ahorros de hasta un 40% en la cuota mensual. A cambio, el afiliado mantiene una cobertura del 100% sin topes ni límites ante eventos graves como una internación prolongada o un tratamiento oncológico”, detalló el directivo.
Respecto a la digitalización, De All destacó que la inteligencia artificial se consolida como una herramienta costo-eficiente para asistir el diagnóstico y optimizar la prescripción médica. A través de iniciativas de investigación y algoritmos de selección, es posible identificar con precisión qué pacientes responderán favorablemente a terapias inmunológicas de alto costo, evitando toxicidades inútiles y orientando los recursos de manera responsable.
“La inteligencia artificial es una ayuda asistida para el médico. Sin embargo, la decisión final siempre la toma el profesional. Herramientas de diagnóstico por imágenes o detección temprana de lesiones cutáneas nos permiten actuar a tiempo y ahorrarle al sistema de salud procesos de medicación mucho más costosos”, concluyó De All.