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Hace ocho años, Roberto Petersen y su hijo Mateo arrancaron haciendo pizzas en un horno de barro. Hoy producen 80.000 pizzas por mes, exportan a Estados Unidos, Uruguay y Hong Kong y buscan que un clásico porteño siga el mismo camino: la pizza de molde.
La empresa lanzó una edición limitada para el Mundial 2026, disponible en más de 500 puntos de venta. Pero detrás de la novedad hay un objetivo más ambicioso: transformar ese producto en una nueva plataforma de exportación y elevar del 10% al 20% el peso de los mercados externos en el negocio.
“Nosotros ya exportamos pizzas a Estados Unidos, Uruguay y Hong Kong. Y cuando empezó a funcionar esta pizza, todos los clientes que ya teníamos se interesaron enseguida”, explicó Roberto Petersen.
La historia del producto, de hecho, nació fuera del país. Durante una feria alimentaria en Alemania, potenciales compradores le señalaron a la empresa que sus pizzas al horno de barro eran percibidas como un producto italiano. La pregunta que recibían era otra: qué podían ofrecer que fuera inequívocamente argentino.
La respuesta terminó siendo la pizza al molde porteña.
Una pizza pensada para exportar
Pizza Zën nació hace ocho años alrededor de las pizzas al horno de barro que Petersen preparaba en su casa. Con el tiempo, la empresa amplió su catálogo, incorporó empanadas y comenzó a ganar presencia en supermercados.
Hoy opera desde una planta de 3000 metros cuadrados en Tigre, emplea a 60 personas y produce unas 80.000 pizzas y 35.000 docenas de empanadas por mes. El año pasado registró un crecimiento del 26% y este año mantiene un ritmo similar pese a la desaceleración del consumo masivo.
Actualmente, el 10% de su producción se destina a exportaciones. La meta para fin de año es llevar esa participación al 20%.
“Nos divierte esto de llevar la pizza y la empanada argentinas a otros mercados”, resumió Petersen.
La empresa ya vende en Estados Unidos, Uruguay y Hong Kong. En este último mercado incluso abastece al hotel Ritz-Carlton, al que recientemente envió un lote de 2000 pizzas. Además, mantiene conversaciones avanzadas para desembarcar en España y trabaja en certificaciones de calidad e inocuidad alimentaria para abrir nuevos mercados, entre ellos Israel.
Del horno de barro a la pizza porteña
La pizza al molde nació como una prueba durante el Mundial de Qatar. En aquel momento elaboraron una versión de fugazzeta para familiares y amigos y la respuesta superó las expectativas.
A diferencia de las pizzas individuales que predominan en el segmento congelado, la nueva propuesta apunta a un formato más asociado al consumo compartido. Tiene mayor tamaño, más masa y una identidad marcadamente porteña.
El desarrollo demandó alrededor de seis meses de trabajo. La empresa ajustó fórmulas de harina, procesos de fermentación, mezclas de mozzarella, packaging y registros regulatorios hasta llegar a una versión que mantuviera las características del producto original después del congelado.
La receta final utiliza harinas orgánicas, dos días de fermentación, 70% de hidratación y un blend de mozzarellas diseñado especialmente para replicar el sabor de las pizzerías porteñas.
Para esta primera etapa, Pizza Zën proyecta producir entre 45.000 y 50.000 unidades hasta agosto. El lanzamiento ya llegó a más de 500 puntos de venta distribuidos en 15 provincias.
Crecer sin resignar calidad
Aunque la demanda internacional crece, Petersen asegura que el principal desafío no es comercial sino productivo.
La compañía se mudó hace dos años a una planta cinco veces más grande que la anterior. Hoy ya utiliza cerca del 70% de su capacidad instalada y analiza nuevas ampliaciones para acompañar el crecimiento.
Sin embargo, descarta modificar su posicionamiento para ganar volumen.
“Hemos tenido propuestas para hacer una empanada más barata o una pizza con ingredientes más económicos. No es lo que queremos hacer”, aseguró.
La estrategia apunta a otro camino: crecer de forma gradual, mantener procesos artesanales y consolidar una categoría que, hasta ahora, prácticamente no existía en las góndolas.