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A los 23 años, Lucas Glustman se quedó sin dinero.
A los 21 había fundado su primera empresa, una cuponera para redes sociales, pero dos años después tuvo que cerrarla. Había fallado en casi todo: el nombre, el modelo de negocio y la forma de comercializarla.
Por aquel momento solo tenía u$s 300 en el bolsillo. Para sostenerse económicamente mientras buscaba una nueva oportunidad, empezó a trabajar como mozo en un restaurante de sushi.
Al poco tiempo, un amigo le habló de un máster en la Universidad de Tel Aviv. Era una beca, casi completa, de u$s 500 dólares para desarrollarse en el ámbito del ecosistema emprendedor tecnológico. Los u$s 200 que le faltaban, los pidió prestados. Y así, aquella historia de fracaso quedó bastante lejos.
Hoy tiene 37 años y, junto a Bruno Lerer, dirige Lebane, una startup argentina que quiere convertirse en la infraestructura tecnológica y financiera de la construcción y el desarrollo inmobiliario en América Latina.
La empresa acaba de cerrar una ronda Seed de u$s 4 millones, liderada por Atlántico y Zacua Ventures. El capital se destinará a acelerar la expansión en Argentina y, principalmente, México, donde la apuesta -describe- “es enorme”.
La startup que quiere ser la billetera virtual de la construcción
Lebane quiere convertirse en una especie de “Mercado Pago de la construcción”. Primero ordenar la operación, después concentrar los pagos y cobranzas y, finalmente, usar toda esa información para construir un historial crediticio que permita financiar a una industria que hoy tiene enormes dificultades para acceder al crédito.
“Siempre pensamos que la construcción era de determinada manera. Pero es mentira: la obra es un caos”, señaló Glustman en conversación con El Cronista.
Del fracaso a Nasdaq
Después de aquel primer fracaso y del máster en Tel Aviv, en 2014 fundó una segunda compañía, enfocada en inteligencia artificial aplicada a redes sociales. Al principio tampoco fue fácil. Pero el punto de inflexión llegó en 2016, cuando consiguió como cliente a 20th Century Fox.
La empresa empezó a crecer y, hacia fines de 2018, terminó siendo adquirida por dLocal, una fintech de origen uruguayo que opera como una plataforma global de pagos en mercados emergentes de América Latina, África, Asia y Medio Oriente.
Durante los años siguientes, Glustman participó de su expansión, desarrolló productos y llegó a dirigir parte del equipo comercial. En 2021 estuvo involucrado en el lanzamiento de las tarjetas de Binance para América Latina.
Ese mismo año, en Ciudad de México, se cruzó en un ascensor con Bruno Lerer, otro argentino que trabajaba en el mundo fintech. Se pusieron a hablar y descubrieron que tenían intereses en común. Lerer había trabajado en expansión regional de compañías financieras. Ambos terminarían convirtiéndose en socios.
“Durante todo 2022 Bruno me insistía: ‘Lucas, ¿por qué no hacemos algo juntos?’. Y yo ni loco. Estaba en otra”, recuerda.
Finalmente, en 2023 aceptó. Hicieron un brainstorming, con tres condiciones “innegociables”: tenía que tratarse de una industria grande, debía existir un cambio natural que hiciera que el producto fuese adoptado porque simplificaba la vida y, además, tenía que ser un negocio capaz de generar dinero.
Probaron varias ideas, pero ninguna cerraba. Hasta que apareció la construcción.
Un departamento, demasiados Excel y una oportunidad
A mediados de 2023, Glustman se mudó de Buenos Aires a Ciudad de México con su familia.
Mientras avanzaba con la compra de un departamento, se topó con obras que se demoraban, cambios que no quedaban registrados, gastos que nadie podía explicar y materiales que desaparecían.
Fue entonces a hablar con el desarrollador. Y ahí empezó todo.
El desarrollador manejaba las ventas con un Excel, las compras con otro y la contabilidad con un sistema diferente. No había una única pantalla desde la cual pudiera saber qué estaba pasando con la compañía.
“Le pregunté: ‘¿Cómo reportás? ¿Cómo sabés cómo le está yendo a tu compañía?’. Me dijo: ‘En tres meses más o menos nos juntamos’.
En octubre de 2023, Glustman y Bruno Arach salieron a validar la idea. Prepararon una presentación y comenzaron a reunirse con desarrolladoras y constructoras de Brasil, Uruguay, México y Colombia. En cada encuentro encontraban el mismo patrón es decir, empresas que administraban proyectos multimillonarios con información dispersa en decenas de archivos de Excel.
En la actualidad, la construcción representa alrededor del 6% del PBI latinoamericano y mueve más de u$s 700.000 millones al año. En América Latina hay unas 453.000 compañías desarrolladoras y constructoras, sin contar Centroamérica.
Convencidos de que el problema era regional, decidieron vender antes de programar. Diseñaron un contrato de u$s 6000 anuales, cobraban un anticipo de u$s 600 y prometían entregar el producto en un plazo de 180 días hábiles. El acuerdo incluía seis módulos potenciales y cada cliente podía elegir cuál desarrollar primero.
“Para que un producto funcione tiene que generar uso. Si conseguís que alguien entre todos los días, es muy difícil que lo abandone”, explica Glustman. A partir de esas métricas comenzaron a definir qué herramientas desarrollar y para quién construirlas. Desde ahí fueron agregando módulos hasta convertir la plataforma en un sistema operativo para desarrolladoras, constructoras e inmobiliarias.
Hoy Lebane tiene alrededor de 450 clientes activos, y 80 empleados en Argentina, además de un equipo de 15 personas en México. La plataforma administra más de 3300 proyectos inmobiliarios y canaliza alrededor de u$s 1500 millones al año dentro de la industria.
En 2024, su facturación rondó los u$s 550.000; en 2025 llegó a u$s 1,95 millones y para este año la compañía proyecta alcanzar los u$s 6 millones.
El “Mercado Pago” de la construcción
La visión de largo plazo es crear un fondo que permita financiar a desarrolladores y constructores que hoy quedan afuera de la banca tradicional.
Glustman vaticina que, si todo avanza según lo previsto, ese fondo podría estar operativo en los próximos nueve meses.
“Cada proyecto es un fideicomiso o una razón social nueva. No tiene balance y el banco dice: ‘No te puedo prestar plata’. Entonces terminan yendo a privados y haciendo cualquier cosa”, agrega.