La chía, reconocida científicamente como Salvia hispanica, tiene su procedencia en México y Guatemala. Los mexicas y otros pueblos precolombinos la cultivaban y la utilizaban como fuente alimentaria, tributo y en ceremonias religiosas.
Después de haber estado en riesgo de extinción, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) la reconoce en la actualidad como uno de los alimentos de origen prehispánico con un destacado valor nutricional, debido a su riqueza en omega 3, minerales y proteínas vegetales.
La chía al borde de la desaparición
Era el tercer cultivo más relevante, únicamente detrás del maíz y del frijol. Se usaba en atoles, tortillas, tamales y pinoles y su aceite era utilizado para la elaboración de pinturas y barnices.
Con la llegada de los españoles en el siglo XVI, la chía experimentó un descenso significativo. Los conquistadores introdujeron nuevos cultivos y alteraron los hábitos alimentarios.
Durante siglos, fue un cultivo marginal relegado a zonas remotas de México, Guatemala y El Salvador.
Asimismo, su conexión con rituales indígenas condujo a su prohibición, lo que propició su casi extinción.
El regreso triunfal de un superalimento
A partir de los años noventa, el interés internacional creció.
Su revalorización comenzó en la segunda mitad del siglo XX, cuando investigaciones científicas destacaron sus propiedades nutricionales.
Su consumo se popularizó en mercados como Estados Unidos y Europa, impulsado por la tendencia hacia alimentos saludables y la difusión de dietas ancestrales.
El Departamento de Medicina Experimental de la Facultad de Medicina de la UNAM indica que la chía proporciona aproximadamente 17 gramos de proteína vegetal por cada 100 gramos.
Asimismo, contiene antioxidantes, calcio, hierro, magnesio y zinc en cantidades que superan a otros cereales comunes.
Su capacidad para absorber agua y formar un gel favorece tanto la sensación de saciedad como la salud digestiva.
El contenido de omega 3 contribuye a regular los niveles de colesterol y a mantener la salud cardiovascular.
¿Cómo se come la chía?
Existen diversas maneras sencillas de incorporar este ingrediente en la dieta:
- Agua de chía: una o dos cucharadas en agua, con un reposo de 15 a 30 minutos. Se sugiere añadir limón para mejorar el sabor.
- Licuados: incorporar una cucharada en batidos de frutas o verduras, sin alterar su sabor original.
- Ensaladas y sopas: se pueden añadir directamente, sin necesidad de cocción especial.
- Pudín: combinar con leche vegetal o de vaca, dejando reposar un mínimo de dos horas en refrigeración.
- Sustituto de huevo: mezclar una cucharada de chía con tres de agua, dejando reposar hasta lograr una textura gelatinosa, lo que equivale a un huevo en preparaciones veganas.
- Yogur o avena: espolvorear sobre el desayuno para añadir proteína, fibra y omega 3.
Cabe destacar que la fibra soluble que contiene favorece el control de la glucosa, convirtiéndola en una opción recomendada para individuos con diabetes o aquellos que buscan prevenir enfermedades metabólicas.