

Tanto Andrés Manuel López Obrador como su sucesora, Claudia Sheinbaum, acostumbran llamar “héroes vivientes” o “héroes sin capa” a los paisanos que mandan remesas desde Estados Unidos. Pero, la Encuesta Intercensal 2025 (EIC) del INEGI acaba de mostrar que el título cambió de dueño.
En 2020, el 5.1% de los hogares mexicanos recibieron dinero de alguien desde otro país, mientras que cinco años más tarde la cifra cayó a 4.7%. En el mismo lapso, entre 2020 y 2025, la cantidad de hogares que recibía dinero de algún programa de gobierno subió de 25% a 41.4%. Hace cinco años, por cada casa que recibía remesas había cinco que recibían algún apoyo del Estado. Hoy ya son casi 9.
En tamaño, la pelea queda tablas: en 2024 las remesas equivalieron a 3.54% del PIB mientras que este año Hacienda propuso MN $987,000 millones para programas sociales, es decir algo más del 3% del PIB.
Y la mata sigue dando, porque mientras el presupuesto para apoyo social sube año con año desde 2018, las remesas, en cambio, cayeron 4.6% el año pasado, la primera baja en una década. Otro tema que le quita bronce a los ‘héroes vivientes’ del ayer es el tipo de cambio. Si bien entre 2020 y lo que va de 2026, las remesas crecieron 52.4% en dólares, en pesos constantes cayeron 5.5%.
En pocas palabras, una familia que recibe 500 dólares al mes compra hoy lo que compraban 6,544 pesos de 2020. Para empatar, el paisano debería mandar 760 dólares.
La geografía del Bienestar
El Estado incluso está reemplazando ‘geográficamente’ a las remesas, porque los estados con más hogares reciben programas Bienestar según el EIC son Guerrero (57%), Oaxaca (56.9%) y Chiapas (53%), que son también, y hasta en el mismo orden, los que más dependen de las remesas.
Pero hay una lectura extra de estos dos datos (uno local y otro internacional): ya 50.1% de los hogares mexicanos ya recibe algún ingreso que no proviene de un empleo remunerado. Para cualquier empresa que venda consumo masivo, el termómetro de la demanda en buena parte del país ya no depende solo de la tasa de empleo en Estados Unidos, sino que también del calendario de la Secretaría del Bienestar.
Los héroes, además, envejecen. Según datos de CEMLA (un think tank que lleva el pulso de las remesas en toda Latinoamérica) en 2010, siete de cada diez mexicanos en edad de trabajar en Estados Unidos tenían entre 16 y 45 años mientras que el año pasado solo eran cuatro de diez. Y con la edad cambian los envíos: hasta los 55 años, más de un tercio de los migrantes le manda dinero a su mamá; después de los 60, menos de uno de cada seis.
Hasta el pico de remesas del Día de las Madres se aplana año con año. Muchas de esas madres ya pasaron los 65 y cobran otra transferencia, que no llega en mayo sino cada dos meses: la Pensión del Bienestar.
Los héroes vivientes se fueron para que sus familias no dependieran de nadie. Cinco años después, sus familias dependen cada vez más de otro benefactor, uno que no manda dólares sino pesos, que no se preocupa por el tipo de cambio y que llega a muchas más casas que el paisano.
A Luis XIV se le atribuye aquella frase con la que el rey se volvía el Estado: “L’État, c’est moi”.
Tres siglos después, México ya no necesita un rey para hablar en primera persona sino que le alcanza con una tarjeta del Bienestar para reclamar el título que alguna vez fue de los paisanos: el héroe viviente, c’est moi.














