La expansión de los pagos instantáneos, las stablecoins y la tokenización está poniendo a los reguladores financieros contra reloj, ante la necesidad de actualizar las reglas sin frenar la innovación, pero también de evitar que nuevos productos queden fuera de los mecanismos de supervisión y protección.
Álvaro García Pimentel Caraza, presidente ejecutivo de la Asociación Mexicana de Instituciones Bursátiles (AMIB), advirtió que uno de los principales retos está en la desintermediación de los mercados de valores y en la aparición de productos que pueden operar fuera de las instituciones reguladas.
“Estamos viendo que se están desintermediando los mercados. Y eso es enormemente grave”, señaló.
El directivo recordó que México ya ha vivido episodios en los que operaciones realizadas fuera de los mercados regulados terminaron generando fuertes riesgos para el sistema financiero, por lo que consideró necesario que los nuevos productos digitales cuenten con reglas claras y obligaciones de información.
“Creo que estamos viendo que es un reto muy grande para los reguladores de México y del mundo para hacer un catch-up y encontrar una regulación que sea eficiente”, apuntó.
Innovar sí, pero con reglas
La regulación tampoco tiene que convertirse necesariamente en un freno para las nuevas tecnologías. Carlos Jiménez, director de BD & Partnerships de Rain, planteó que contar con reglas claras puede ser precisamente lo que permita que los activos digitales alcancen una adopción más amplia.
“El tema de regulación a veces se ve como algo que va en contra de la innovación, pero es que realmente hace falta tener como un freno definido”, afirmó.
Desde su perspectiva, establecer marcos regulatorios puede aumentar la confianza de los participantes y facilitar la adopción de activos digitales.
Jiménez puso como ejemplo la tokenización de acciones, donde ya se han presentado casos que muestran los riesgos de ofrecer activos digitales sin suficiente claridad sobre el respaldo del instrumento. Para el directivo, la confianza institucional será determinante para que estos modelos puedan crecer.
En este escenario, el desafío para los reguladores no consiste únicamente en decidir qué tecnologías pueden utilizarse, sino en determinar quién responde por los activos, cómo se protege al usuario y qué información debe revelar una empresa que ofrece estos productos.
García Pimentel también cuestionó que la tokenización pueda presentarse simplemente como una reducción de costos, al advertir que detrás de estos instrumentos persisten riesgos que deben ser identificados.
“La tokenización parece algo enormemente nuevo, pero no”, señaló al compararla con instrumentos como los ADR, aunque advirtió que la diferencia está en el respaldo institucional que existe detrás de estos productos.
Pix muestra el potencial de una regulación abierta
La experiencia de Brasil muestra la otra cara de la discusión. Romy Klenquen, especialista en sistemas de pagos de Brasil, explicó que el desarrollo de Pix permitió transformar la manera en que las personas realizan pagos y abrió espacio para nuevos participantes del sistema financiero.
La clave, sostuvo, estuvo en combinar una infraestructura sólida con reglas claras, interoperabilidad y gratuidad para las personas.
De acuerdo con Klenquen, Pix permitió que más de 70 millones de brasileños tuvieran oportunidad de entrar al sistema financiero y que, en cinco años, llegara a representar alrededor de 90% de las transacciones de los adultos en Brasil.
Para la especialista, los pagos instantáneos también modificaron el negocio financiero, pues las transacciones comenzaron a convertirse en un commodity, lo que obligó a bancos, fintech y otras instituciones a competir mediante nuevos productos y servicios.
“Los pagos instantáneos están cambiando las reglas del juego”, explicó.
La experiencia brasileña, agregó, muestra que una regulación abierta puede permitir que empresas distintas de los bancos participen en la construcción de nuevas soluciones financieras.
Como ejemplo, señaló que un brasileño ya puede utilizar Pix directamente en establecimientos de Estados Unidos, una solución que surgió de acuerdos entre instituciones de pago y otros participantes, más que de una iniciativa exclusiva de la banca.
Bancos, fintech y tecnología compartirán el sistema
La transformación no apunta a la desaparición de los actores tradicionales. Para Klenquen, el futuro será de una mayor distribución de funciones entre bancos, fintech y empresas tecnológicas, mientras que los bancos conservarán un papel relevante por la confianza, la custodia, la regulación y la gestión de riesgos.
“Para mí, el futuro será muy más compartido entre todos los agentes. Vemos hoy una redistribución de funciones entre bancos, fintechs y empresas tecnológicas”, sostuvo.
En paralelo, Jiménez consideró que la integración entre las nuevas empresas financieras y la infraestructura tradicional será determinante para que los nuevos modelos puedan escalar.
“Realmente es una integración”, afirmó al hablar de la relación entre las fintech y el sistema financiero tradicional.
Así, el desafío para los reguladores será encontrar el punto medio entre permitir que surjan nuevos modelos de negocio y garantizar estándares suficientes de seguridad, transparencia y protección