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Para Bárbara Anderson, la película de Los dos hemisferios de Lucca fue algo más que la adaptación de una historia familiar. Cuando Netflix llevó su libro a la pantalla, publicado originalmente en 2019, la periodista y autora vio cómo una obra que ya tenía lectores encontraba una audiencia mucho mayor.

En las librerías apareció un nuevo elemento de marketing: la característica “N” roja de Netflix en las portadas. En algunos mercados internacionales, incluso, la portada del libro fue sustituida por la imagen de la película.

“Sin dudas la película fue el mejor departamento de marketing del libro”, dice Anderson a El Cronista.

Los números ayudan a dimensionar por qué. Después del estreno, las ventas de las ediciones físicas de Los dos hemisferios de Lucca aumentaron 13.2% en México, de acuerdo con datos de Penguin Random House México difundidos por Netflix.

Pero el efecto no se limitó al papel: Anderson, periodista y editora de negocios (y columnista de El Cronista México), asegura que el formato que más creció fue el audiolibro, mientras que la obra también abrió oportunidades para nuevas ediciones y para la venta de derechos en otros mercados, como Turquía.

El caso de Anderson no es aislado. A medida que las plataformas de streaming convierten novelas, cuentos y clásicos literarios en series y películas, la pantalla está funcionando también como una puerta de entrada hacia las librerías. No necesariamente porque el espectador haya sido lector antes, sino porque una historia que descubre en una plataforma puede llevarlo a buscar qué había detrás del guion.

Para la industria editorial, esa conexión tiene una consecuencia concreta: libros que en algunos casos fueron publicados hace años, y hasta décadas, vuelven a tener espacio en los escaparates, en los rankings de ventas y en las búsquedas digitales.

Pantalla y trampolín

Andrés Baldrich, country manager en México de la librería digital Buscalibre, explica que la pantalla funciona como un “trampolín” para que nuevas generaciones se acerquen al origen de una historia, dijo a El Cronista.

De acuerdo con información de Buscalibre, la librería digital más grande del país, las búsquedas de libros que llegan a la pantalla pueden aumentar entre 50% y 80%, dependiendo de variables como la popularidad de la producción, la conversación en redes sociales y la disponibilidad del ejemplar en cada mercado.

Los casos mexicanos recientes muestran que el fenómeno puede presentarse incluso cuando el libro no era un lanzamiento nuevo.

Para Baldrich, la industria editorial no debe esperar a que una adaptación haga todo el trabajo. El estreno permite a editoriales y librerías diseñar estrategias de relanzamiento: ediciones especiales, nuevas portadas, mayor visibilidad y campañas vinculadas con la producción audiovisual.

Es decir, la adaptación puede convertirse en un segundo ciclo de vida para un libro.

“El cine y la televisión han encontrado en la literatura una fuente inagotable de historias. Cada adaptación no solo revive el interés por el libro original, sino que también permite que nuevas audiencias descubran esas obras”, señala Baldrich.

Adaptaciones que multiplican las ventas

Los datos más recientes de Penguin Random House México muestran la dimensión que puede alcanzar esta relación. Según información difundida por Netflix, Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor, registró un incremento de 114% en sus ventas después de su adaptación en 2023. Nadie nos vio partir, de Tamara Trottner, aumentó 11.7% durante el lanzamiento de su adaptación, mientras que la franquicia de Enola Holmes, de Nancy Springer, multiplicó por ocho sus ventas en México.

El comportamiento tampoco se restringe a obras recientes. Netflix reporta que Pinocho, de Carlo Collodi, registró un incremento de 402% en las ventas en librerías mexicanas después de la versión dirigida por Guillermo del Toro. Frankenstein, de Mary Shelley, volvió a ganar terreno con un aumento de 61.5%.

En conjunto, Penguin Random House México calcula que cuando un libro es adaptado a la pantalla sus ventas pueden multiplicarse hasta 10 veces. Netflix añade otro dato que ayuda a entender el tamaño de la vitrina: durante las primeras 13 semanas de 2026, al menos una adaptación literaria apareció cada semana en su Top 10 global.

El fenómeno no es exclusivo de Netflix. Prime Video, de Amazon, también tiene adaptaciones que impulsan las ventas de obras literarias.

De Cometierra a Isabel Allende

Cometierra, la novela de la argentina Dolores Reyes, tuvo en México un comportamiento particularmente ilustrativo. Buscalibre realizó un lanzamiento del ejemplar antes de su llegada a Prime Video y registró un incremento de 25% en las ventas a partir del estreno. En los últimos 12 meses, la plataforma acumula más de 4,000 ejemplares vendidos en México y el título lleva más de 50 semanas dentro del Top 1000 de libros más vendidos del país, según Baldrich.

Algo similar ocurrió con La casa de los espíritus, de Isabel Allende, una novela publicada originalmente en 1982 que encontró una nueva ventana de exposición más de cuatro décadas después. La serie de La casa de los espíritus está compuesta por ocho episodios y llegó a Prime Video en abril de 2026.

Tras el estreno de la adaptación en Prime Video en 2026, Buscalibre reportó un aumento de 30% en las ventas de su edición especial de 2023 y más de 2,000 unidades vendidas en México durante los últimos 12 meses.

Un fenómeno global

En Colombia, Buscalibre registró un aumento de 60% en las compras de Cien años de soledad desde el anuncio del elenco hasta las semanas posteriores al estreno de la serie basada en la novela de Gabriel García Márquez. En Perú, Travesuras de la niña mala, de Mario Vargas Llosa, alcanzó 1,000 unidades vendidas en 2022, año en que se estrenó su adaptación en ViX+.

En España, Reina Roja, de Juan Gómez-Jurado, superó las 2,000 unidades vendidas después de su llegada a Prime Video, según los datos proporcionados por Buscalibre. Y a nivel internacional, Romper el círculo (It Ends With Us), de Colleen Hoover, aumentó más de 80% sus ventas en la plataforma después del lanzamiento de su tráiler.

En este modelo, el libro y la pantalla no necesariamente compiten por el tiempo del consumidor. Pueden funcionar como productos complementarios.

Una nueva ventana para un negocio antiguo

Para las editoriales, el atractivo económico está en que una adaptación puede reducir uno de los problemas más difíciles de resolver en el negocio del libro: conseguir atención.

Un título puede tener una buena historia, un autor reconocido y años de presencia en catálogo, pero competir por espacio en un mercado donde cada temporada llegan miles de novedades. Una serie o película puede cambiar esa ecuación en cuestión de semanas al colocar una obra frente a millones de espectadores.

En el caso de Anderson, esa exposición también significó algo que va más allá de la venta de ejemplares. Las nuevas ediciones internacionales incorporaron elementos visuales de la película y poco antes del estreno llegaron acuerdos para publicar el libro en nuevos mercados.

“La película ha sido el mejor anabólico de mi libro”, resume la periodista.

Hay, sin embargo, un límite importante: no toda adaptación genera un éxito editorial y no todo incremento de ventas puede atribuirse exclusivamente al streaming. El desempeño depende de la popularidad de la producción, la campaña de promoción, la disponibilidad del libro, el reconocimiento previo del autor y la conversación que se genere alrededor de la historia.

Para Anderson, la película puede sacrificar parte de la voz original de una obra, pero amplía radicalmente su alcance.

“Creo que el libro y la historia llevado a la pantalla de 190 países gana en difusión y alcance. Creo que si no fuera por este canal de distribución, no hay manera de lograr 100 millones de espectadores en 25 idiomas a la vez. ¿Qué pierde? Tal vez el tono en primera persona que carga el libro, ‘la voz’ original, pero estoy sumamente conforme con la adaptación que hicieron Javier Peñalosa y Mariana Chenillo", detalla Anderson.

En su caso, el libro llegó a una audiencia que difícilmente habría alcanzado por los canales tradicionales de promoción editorial.

“La adaptación es una manera de reempaquetar una historia”, explica.

Y en una industria en la que captar la atención del lector es cada vez más difícil, ese nuevo empaque puede terminar funcionando también como una oportunidad de negocio: una pantalla que lleva de regreso al papel.